HidroItuango: lo ideal es monitorear cómo se está afrontando esto

Ivonne Zabala, Médicos Sin Fronteras.

Entrevista a Ivonne Zabala Paternina, Referente de salud mental de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Colombia, quien hace parte de ese equipo desde hace 8 años acerca de la salud mental y la emergencia en comunidades vecinas a  HidroItuango.

FSJ: ¿Cómo analiza MSF la situación de las personas de HidroItuango?

IZ: El equipo de emergencia y el departamento médico de MSF están haciendo seguimiento de las alertas.

FSJ: ¿En qué consisten los seguimientos?

IZ: Hacemos seguimiento a las alertas relacionadas con conflicto u otras situaciones de violencia, a epidemias o brotes y a desastres naturales, estas situaciones son a las que MSF normalmente responde.

FSJ: ¿Han estado en la zona?

IZ: No porque hay evacuaciones a las que la institucionalidad está respondiendo. Se están siguiendo el tema desde la institucionalidad, clúster de protección y salud. La idea no es reemplazar la institucionalidad, MSF responde donde no hay respuesta, donde hay vacío.

FSJ: ¿Por qué es importante la salud mental en HidroItuango?

IZ: Porque las personas necesitan comprender las reacciones sintomáticas que genera una emergencia, lo que implica abandonar sus hogares, pueblo. Es importante explicar que las reacciones que tienen en términos de salud mental son normales ante situaciones anormales, ya que no es normal que haya este tipo de eventos que acaban con poblaciones y caseríos.

FSJ: ¿Qué protocolos se deben aplicar? ¿Qué recursos se necesitan para atender a las personas en albergues?

IZ: Se podría aplicar el protocolo de primeros auxilios psicológicos. En los albergues se necesitan psicólogos, legistas, promotores de salud y sobre todo trabajo interdisciplinario, bien coordinado.

FSJ: ¿Qué cuidados deben tener los líderes y activistas que apoyan a sus conciudadanos?

IZ: Trabajar los factores de riesgo, aplicar el auto-cuidado, medir los niveles de vulnerabilidad, e intentar disminuir esto.

FSJ: Con escasos recursos y un albergue no muy seguro ¿Cómo responder a las afectaciones a la salud mental?

IZ: No se hacen intervenciones de salud mental cuando las necesidades básicas no están cubiertas; por ello, es fundamental garantizar un mínimo de condiciones dignas, de otro modo se estaría haciendo una acción con daño.

FSJ: ¿Cuáles son las afectaciones emocionales y/o mentales, individuales y colectivas, más comunes entre los sobrevivientes de este tipo de situaciones?

IZ: Estrés agudo, trastornos de adaptación, dificultades de convivencia en los albergues y ansiedad.

FSJ: ¿Cuáles son los recursos de afrontamiento que poseen quienes sobreviven una tragedia como esta? ¿Se pueden construir de manera colectiva en medio de la emergencia?

IZ: En una tragedia de tipo ambiental aparecen la solidaridad, recursos espirituales, las explicaciones de lo ocurrido son, en su mayoría, de tipo místico, lo que permite dar un sentido menos dañino para la confianza básica.

FSJ: ¿Hay mayor impacto en adultos mayores, niños y mujeres o afecta por igual esta tragedia?

IZ: El impacto se mide, de acuerdo a los recursos tanto externos como internos que se tenga, si hay unidad dentro de la familia y/o la comunidad es más llevadero.

FSJ: ¿Se requerirá de atención después de que pase la emergencia?

IZ: Sí. Lo ideal es monitorear cómo está el proceso de afrontamiento, ya que después de la emergencia, en muchos casos es necesario reconstruir los hogares, recuperar artículos materiales, regresar a la rutina, entre otros.

FSJ: Finalmente ¿Qué recomienda a las comunidades y sus líderes? ¿Primeros auxilios psicológicos, estrategias de contención?

IZ: Los primeros auxilios psicológicos son muy importantes, la organización, atender las instrucciones de evacuación, evitar difundir información no confirmada o fomentar rumores.

 

 

 

 

 

Argentina: Más derechos y menos estigmatización contra personas consumidoras de drogas

Patricia Colace es Licenciada en psicología y profesora en psicopedagogía. Estudió psicopedagogía en Bahía Blanca, Argentina, se graduó en 1989 y de la Universidad Católica Argentina, en el año 1998, donde estudió psicología.

Su trabajo se ha centrado fundamentalmente en el ámbito público, especializándose en la elaboración de Políticas Públicas sobre drogas y adicciones. En la actualidad, trabaja en la Dirección de Adicciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Asesoramiento en el ámbito Legislativo de la misma ciudad.

FSJ: ¿Por qué elegiste las adicciones?

PC: Mi inquietud por el tema surgió en el año 2000 cuando militando para un partido político nos invitaron a participar en un trabajo sobre el Paco, droga que surgió en esos años de mucho conflicto político como una “manera de supervivencia “ en los barrios pobres de la Provincia de Buenos Aires.

FSJ: ¿Por qué una ley de salud mental y adicciones juntas? Es cierto que el consumo de ciertas sustancias psicoactivas provocan episodios en quienes los consumen, pero por qué en Argentina ligan estos dos temas.

PC: En Argentina existe la Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones sancionada en el año 2010, ley que yo considero casi un mini tratado de Derechos Humanos. Que las adicciones estén dentro de ésta ley les da un marco de derechos que antes no tenían.

Esto dice la ley en su Art. 4 y lo comparto plenamente:

Artículo 4º.- Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud.

Es muy importante que incluyan un artículo donde consideran que las adicciones forman parten del padecimiento mental y de esa manera las personas con consumo problemáticos están protegidas.

Es importante aclarar que no es lo mismo consumo problemático, consumo y adicción. Cuando hablamos de adicciones se piensa en todas las sustancias que provocan ciertos efectos en las personas, que puede llegar a producir una dependencia.

En tanto, consumir una sustancia en sí no es un problema, pero sí cuando ello comienza a afectar el entramado social de la persona que consume: ahí estamos hablando de un consumo problemático, que puede derivar en una adicción, en una dependencia. Para hablar de adicción estrictamente se tiene que dar los síndromes de dependencia, abstinencia y tolerancia.

El consumo de sustancias legales e ilegales produce cambios en la conducta y orgánicos, pero no siempre ese consumo es una adicción ni es un consumo problemático.

FSJ: ¿Cuál es la razón para sacar “desmanicomializar” la salud mental? ¿Aplica esto para personas que viven con adicciones?

PC: El fundamento básico es que el encierro produce más enfermedad y los hospitales monovalentes, es decir psiquiátricos, provocan aislamiento, estigma, falta de libertad y nula inserción social. Por ello,  hay que buscar otras alternativas terapéuticas como las casas de medio camino, los hostales, los hospitales de día etc.

La Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones obliga al cierre paulatino de los psiquiátricos, es decir, que no se pueden cerrar si no se crean otros dispositivos alternativos. Infortunadamente, la falta de voluntad política y los intereses en juego hace que no se implementen esas políticas y entonces efectivamente la gente queda en situación de calle.

FSJ: ¿Qué tan efectiva ha sido la ley de salud mental y adicciones en Argentina?  

PC: Es un camino lento la aplicación de esa ley porque indudablemente toca muchísimos intereses económicos, de poder, de paradigmas y miradas sobre el tema. Los laboratorios y algunos médicos psiquiatras han sido los primeros en oponerse a la ley y los dueños de las comunidades terapéuticas.

Por suerte, hay un grupo de personas y profesionales que luchamos por la plena implementación de la Ley 26657.

FSJ: ¿Cómo afecta esa ley los intereses económicos a las personas, si no se cumple, y si considera a las personas con adicciones con padecimientos mentales, es decir, los induce a llegar a esas comunidades terapéuticas para que los “sanen”?

PC: Digo que la Ley 26657 afecta los intereses económicos y de poder de algunas profesiones. Por ejemplo, el poder hegemónico de los psiquiatras.

Antes con su sola firma podían internar una persona,en la actualidad no es posible con ésta ley ya que se necesitan la firma de al menos dos profesionales de la salud que deben formar parte de un equipo interdisciplinario, un psiquiatra y un psicólogo.

También establece  el tiempo que una persona puede pasar internada , que no pude ser indeterminado ni con falta de control por parte del Estado y eso afecta los intereses económicos de la comunidades terapéuticas.

Otro aspecto sumamente importante es que la Ley considera que internar a una persona debe ser el último recurso, pues es considerado un acto restrictivo. Por lo tanto se deben buscar otros medios para la curación.

FSJ ¿Cómo luchan algunos profesionales por la implementación de la ley?

PC: Tratando de que la implementen, que cumplan con la reglamentación, que le otorguen presupuesto, denunciando públicamente cuando existen violaciones a la letra de la Ley y solicitando información desde el legislativo, entre otras acciones.

FSJ: ¿Es decir que esa ley que calificas como mini tratado de derechos humanos, es ideal en el papel pero no se cumple desde que se expidió? 

PC: Se cumple pero no en su totalidad por las razones antes expuestas.

FSJ: ¿Qué se ha hecho en Argentina para reducir el estigma con respecto a la salud mental y las adicciones?

PC: Está en proceso un cambio de paradigma sobre cómo abordar la salud mental y las adicciones. La mejor política pública, desde mi punto de vista, es cumplir la ley antes mencionada.

FSJ: ¿Qué se puede hacer desde los medios de comunicación para desestimular la estigmatización de quienes viven con enfermedades mentales?

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser utilizadas para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser privilegiada en los medios para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

FSJ: ¿Qué has aprendido de las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Me muestran en el espejo lo que quizás algún día me puede pasar a mi o algún ser querido. Además de mucha gratitud cuando se sienten acompañadas en su proceso de recuperación.

Nota 1:  Las drogas legales son todas aquellas que no están penadas por la ley por ejemplo el cigarrillo, el alcohol, los psico-fármacos y otras que tienen que ver con prácticas con riesgo adictivas, el juego y la tecnología, por ejemplo.

En cuanto a las drogas ilegales Argentina cuenta con la Ley 23737 sobre tenencia y tráfico de estupefacientes donde se incluyen las drogas penadas. Este listado se actualiza y se van agregando nuevas drogas que surgen en el mercado e ingresan a nuestro país.

Nota 2: La pasta base de cocaína también llamada “paco” es un producto intermediario en la producción de clorhidrato de cocaína que se obtiene al disolver residuos en líquido y tratar la solución con queroseno o gasoil, para luego mezclarlo con sustancias alcalinas o ácidos como el sulfúrico. Se trata de un polvo blanco amarillento, de consistencia pastosa y olor penetrante. Apenas consumido produce euforia y tiene un efecto muy intenso que dura entre 5 y 10 minutos. Esto genera una rápida dependencia y un gran aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias.

 

Violencia mediática y su impacto en la salud mental

 

Entrevista a Fernando Valadez Pérez médico, psiquiatra, psicoanalista, y dramaturgo mexicano. Miembro fundador del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad www.contralatortura.org.mx.

Además es miembro vitalicio de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo www.ampag.edu.mx

FSJ: ¿Qué impacto tienen el periodismo “necrofílico” en la salud mental de los mexicanos? Me refiero a ese cubrimiento estadístico, morboso, sensacionalista de medios impresos, televisivos, radiales y digitales.

FV: Generan en el lector, espectador, radioescucha, televidente: terror, miedo, ansiedad. Despiertan fantasías de que en cualquier momento se puede ser víctima. Provocan inmovilidad, desesperanza, hay un proceso de identificación con las víctimas, dolor psíquico, hay sensación de amenaza permanente.

FSJ: ¿Qué impacto tienen estos contenidos periodísticos en la salud mental individual y colectiva de personas supervivientes de violencia?

FV: Puede haber situaciones de re-traumatización, si la persona no está en tratamiento, o si no sabe cómo opera el gobierno los medios en su táctica de guerra psicológica. Las mujeres, ya con mayor vulnerabilidad, pueden incrementar su miedo y ansiedad de ser atacadas sexualmente o ser víctimas de feminicidio.

FSJ: En Colombia, un psicólogo e investigador manifestaba que la sobre-exposición a la violencia mediática generaba un cansancio en la audiencia y contrario a lo que se esperaba menos empatía con respecto a las víctimas. ¿Qué ocurre en México?

FV: Igual. Es uno de los efectos de la saturación y de acostumbrarse los cuales generan indiferencia hacia las víctimas, ya que los medios generalmente criminalizan a las víctimas y tratan de impulsar discursos: “por algo sería”, “tal vez se lo merecían” “¿Quién sabe en que estarían metidos”

FSJ: ¿El cubrimiento mediático de la violencia mexicana que apela a las estadísticas, titulares amarillistas, textos plagados de categorías tales como “monstruo” ´”víctima” “victimario”, y fotos exhibiendo muertos, sangre generan empatía, repulsión o miedo en quien los ve? ¿Es tortura psicológica?

FV:

FSJ: ¿Qué recomendaciones tiene para las personas expuestas constantemente a informaciones violentas sobre México y/o Colombia a través de los medios de comunicación y las redes sociales?

FV:

FSJ: ¿Qué  hacer para protegerse del impacto que los contenidos mediáticos tienen en la salud mental?

FV: Dosificar el uso de las redes sociales y la exposición a medios es una de las recomendaciones que hace Fernando hace recomendaciones para las personas del común y para activistas. Escúchenlo aquí.

 

 

 

La enfermería ha sido declarada líder en atención primaria en salud

Existe evidencia de los aportes que nuestra profesión ha realizado para alcanzar la equidad 

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Dora Lucía Gaviria estudió enfermería en la Universidad de Antioquia, en Medellín. Ingresó en esta facultad inspirada por su madre quien como voluntaria en el Hospital de Rionegro ayudaba a las personas en los momentos de dolor y sufrimiento.

Se graduó hace 28 años y ha trabajado todo el tiempo en municipios como Caldas, Sabaneta, de Antioquia, y en los últimos se ha desempeñado como docente de la Universidad de Antioquia.

¿Por qué eligió esta profesión? La enfermería le permite el trabajo con personas, familias y comunidades, en equipos interdisciplinarios de salud y de los sectores del desarrollo social.

Entre tanto, su rol como docente le ha posibilitado llegar a municipios, barrios y lugares donde la enfermería tiene una gran responsabilidad social y ética.

Dora se especializó en salud colectiva y epidemiología. “Es un campo de práctica y conocimiento que permite la comprensión del proceso salud-enfermedad en el contexto histórico social y cultural que lo está determinando”, explica.

La enfermería comunitaria contribuye a la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, el cuidado y rehabilitación con las personas, familias y comunidades en los escenarios cotidianos donde viven.

“Para mí, es un proceso de interacción, de apoyo y ayuda que mitiga los padecimientos del ser humano y genera vínculos efectivos por la salud y la vida”, dice Dora.

Al preguntarle a Dora por qué cree que el rol de la enfermera y el enfermero, está un poco relegado con respecto a la posición del médico ella responde:

“La enfermería en Colombia, ha tenido desarrollos desde la formación y práctica pero aún nos falta una mayor legitimidad social para visibilizar el valor del cuidado de enfermería y sus avances científicos y técnicos que favorecen la calidad de vida, afirma Dora.

La ley 266 de 1996, que regula la profesión en enfermería así como la Ley 911 que establece el código deontológico, fundamenta desde lo legal y jurídico, la enfermería como una profesión autónoma y liberal y no solo como una profesión supeditada al saber de otra disciplina.

“Considero que nos falta liderazgo al colectivo de enfermería para posicionar el cuidado en la sociedad, incidencia política para la toma de decisiones en las instancias del sector salud, e investigación que nos permita seguir avanzando en los aportes que como disciplina, podemos hacer a la sociedad”, agrega.

Esta profesional de la enfermería considera que en la actualidad la enfermería cumple un papel muy importante pues contribuye al logro de los objetivos de desarrollo sostenible, y está en su agenda.

La enfermería, a través del trabajo colaborativo, puede ayudar a erradicar la pobreza, disminuir el número de muertes y enfermedades evitables y aportar desde el cuidado a una mejor calidad de vida para el bienestar de las personas, las familias y las comunidades, en condiciones de equidad.

En el contexto colombiano, la enfermería profesional promueve la vida y la salud, ayuda a mejorar los procesos de convivencia que generan procesos de reflexión, y de resistencia, frente a cada acto violento que se ha banalizado en nuestro país.

“La enfermería ha sido declarada líder en Atención Primaria en Salud y existe evidencia de los aportes que nuestra profesión ha realizado para alcanzar la equidad, el acceso y la cobertura universal en salud en las zonas rurales del país, pues la enfermería garantiza la continuidad como principio del cuidado”, señala orgullosa.

Entre los aportes que ha hecho su profesión en atención primaria menciona: históricamente el trabajo con las comunidades para lograr prácticas saludables, la capacitación de los promotores rurales de salud, el impacto en la determinación social de la salud, los procesos de participación para el logro de los derechos en salud de personas, familias y comunidades y la educación para la salud, entre otros.

“En Antioquia, como política pública la Facultad de enfermería lideró un proyecto de cooperación con la secretaria de salud con la creación e implementación del modelo de APS basado en el cuidado con las familias y liderado por enfermeras en los 125 municipios del departamento.

“Este trabajo evidenció aportes en las zonas rurales de un trabajo colaborativo y solidario por la equidad con impacto en indicadores de morbilidad y mortalidad, inducción a la demanda de programas de prevención de la enfermedad y promoción de la salud.”, relata.

En cuanto al lugar que puede ocupar esta profesión en la promoción de la salud integral, física y mental, Dora considera que la enfermería ayuda a mantener la salud, previene enfermedades y mitiga el dolor y el sufrimiento, cuando la persona está enferma, y puede acompañar en procesos de muerte.

Con respecto a un país que líder y modelo en enfermería menciona a Estados Unidos pues ha sido allí esta profesión ha construido modelos y teorías, que permiten más liderazgo e impacto en los indicadores de salud con autonomía en la toma de decisiones para la gestión de programas como el de enfermedades crónicas y proyectos de salud pública.

Además, por la formación avanzada de estos profesionales y la creación de institutos -liderados por enfermeras- que han demostrado ser más eficientes y efectivos para las personas, las familias y los sistemas de salud.

Entre tanto, en nuestro país la educación de los profesionales de enfermería tiene algunos retos por superar son el fortalecimiento de las capacidades desde el ser, el saber y saber hacer.

“Para mí la enfermería debe fortalecer todo lo relacionado con la ética del cuidado, el cuidado de enfermería para la salud mental, la gestión de políticas públicas, el cuidado con las personas adultas mayores con enfermedades crónicas y con problemas neurológicos, el cuidado de enfermería con las personas en situación de discapacidad, en forma permanente integrar la evidencia en la práctica y fortalecer la incidencia política en las instancias decisorias en salud.”

Finalmente para Dora, la enfermería es ciencia y arte. “Es ciencia porque ha acumulado el legado histórico de la constitución de una disciplina con conceptos universales y con un método establecido para la práctica basado en los principios científicos de la ciencia, que le permiten valorar, diagnosticar, planear, ejecutar y evaluar el cuidado en un contexto determinado.

Pero también es arte al nacer de la capacidad humana para establecer relaciones de empatía y de comprensión por el otro, las cuales expresan mediante acciones de cuidado que develan la creatividad e innovación, en especial en un país como el nuestro donde no abundan los recursos.

“Al cuidar al ser humano, hay un verdadero re-conocimiento del otro, para que en momentos de enfermedad pueda re-establecer su autonomía e independencia en el logro de sus actividades cotidianas, pero también promueve procesos protectores para mantener la salud, campo que requiere de actividades y didácticas creativas para lograr un mayor impacto y logro de objetivos”, enfatiza.

 

 

Soberanía alimentaria y salud mental comunitaria

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Fotos: Laura Antonia Coral y Beatriz Elena Arias L. (Argelia, Antioquia).

 

Durante los años 2014 y 2015, la enfermera, PhD en Salud mental comunitaria, profesora de la Universidad de Antioquia, Beatriz Elena Arias López lideró un equipo de expertos y representantes de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA) y llevaron a cabo una investigación en el municipio de Argelia (Antioquia) acerca de la relación entre la soberanía alimentaria y la salud mental comunitaria de sus habitantes.

¿Por qué quisieron explorar esta relación? Antes Beatriz había trabajado durante tres años preguntándose si era posible hablar de salud mental en el contexto de guerra de Colombia, no desde el trauma, si no desde la perspectiva cotidiana sobre cómo se instaló la violencia en el territorio y su impacto en la salud mental.

En esa investigación denominada Violencia, Resistencia y Subjetividad: Destejer y tejer la salud mental en San Francisco Antioquia entre los años 2010 y 2013, la pregunta por la salud mental colectiva sugirió como respuestas más relevantes las resistencias campesinas y su relación con el elemento de sentido vital colectivo, que es la posibilidad de producir su comida y cuidar sus territorios.

Ese es el antecedente de este trabajo en Argelia sobre los impactos de la guerra en la comunidad y su relación con el territorio y la producción de alimentos.

La salud mental como concepto, aclara Beatriz, es construido desde saberes especializados, pero este se expresa en las prácticas sociales: “No es que yo llegue a una comunidad y diga: vi la salud mental, si no que uso ese concepto como unas gafas para analizar algunas prácticas en la vida cotidiana. ”

Para llevar a cabo este trabajo en Argelia, las investigadoras se alejaron del modelo biomédico y su concepción de la salud mental y, en cambio, tuvieron en cuenta estas tres perspectivas:

*El enfoque psicosocial, que sin homologarse completamente con la salud mental, permite tener una mirada fundamentada en derechos y en reconocimiento de la singularidad de las experiencias de sufrimiento.

*Antropología Médica, con sus aportes en categorías comprensivas como las de sufrimiento social.

* Salud Colectiva Latinoamericana, con su mirada sobre los procesos de determinación social del proceso salud-enfermedad- atención- cuidado-muerte; además, de posicionar el lugar del sujeto en tensión con las estructuras, con su papel activo en la construcción y producción de la historia.

Estas tres perspectivas han desarrollado un concepto de salud mental amplio y complejo, más allá de los conceptos institucionalizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o aquellos derivados de la concepción bio-médica, más centrados en la enfermedad.

Teniendo en cuenta que el concepto de salud mental es académico, no nombrado por las personas, tomaron elementos de esas tres perspectivas para su trabajo en salud mental en Argelia (Antioquia).

De la antropología médica tomaron por ejemplo conceptos como el sufrimiento que se refiere a una condición existencial de las personas no una patología.

Esos sentimientos de incertidumbre y desesperanza, explica Beatriz, acuñados por los autores de esta corriente de pensamiento, permiten comprender mejor la situación de las comunidades campesinas.

¿Por qué? Porque la principal fuente de sufrimiento, la guerra, quebró el sentido de la vida campesina la cual gira alrededor de la producción del alimento.

“La producción del alimento ocupa un lugar central, no solo por su importancia nutricional, sino por su valor como eje político, que permite las relaciones entre las comunidades y les permite mantenerse vivos, porque les brinda autonomía y decisión”, añade Beatriz.

El alimento ocupa un lugar crítico para las comunidades campesinas, promueve un sentido colectivo, comunitario, una posibilidad asociativa y nuevas formas de entender la salud mental.

Dota de sentido la vida campesina: ser campesino es cultivar alimentos, es ser productor y ser consumidor, no solo habitar el campo. De esta manera empieza a tejerse el concepto de salud.

Desde el trabajo realizado en San Francisco (Antioquia) en el año 2013 observaron que la guerra había quebrado lo campesino, lo comunitario y el territorio como espacio afectivo y de producción.

La guerra rompió su capacidad de ser productores de su alimento para la subsistencia, pues el desplazado no podía sembrar el campo, su terruño.

Pero cuando pudieron retorna, indica Beatriz, retomaron las actividades que le dan sentido a sus vidas tales como reconstruir sus espacios cotidianos, acercarse a los vecinos y retejer la confianza con los otros, con el mundo que habitan, esto fortalece la salud mental.

“Este es el campo por excelencia para entender cómo se producen los vínculos sociales, entendiendo la salud mental como la manera en que se construyen los vínculos con otros”, explica Beatriz.

Ese vínculo social se quebró el aislamiento, desplazamiento, la desconfianza, por la guerra entre prójimos, Entre Prójimos es el título del libro de Kimberly Theidon sobre el conflicto armado en Perú.

La guerra ocasiona que la gente no pueda vivir junta en el espacio donde se producía el alimento, ya no podían ni sembrar ni trabajar juntos. Después de ese quebrantamiento las personas empiezan a pensar cómo podemos producir juntos, desean volver a producir alimentos y volver a darle sentido a la vida.

“La salud mental se puede precarizar allí donde el territorio es amenazado por proyectos mineros, agroindustriales o hidroeléctricos porque no es el sentido de vida de las comunidades. Esto precariza las relaciones, los vínculos de trabajo porque en el campo se produce lo que da sentido a la vida” señala Arias.

La pregunta por la salud mental colectiva en dicho estudio sugirió como las respuestas más relevantes las resistencias campesinas y su relación con el elemento de sentido vital colectivo, que es la posibilidad de producir su comida y cuidar sus territorios.

El término salud mental es nombrado -sobre todo mujeres que vivieron en conflicto armado- como la paz, vivir tranquilos en sus espacios con sus vecinos, el apoyo entre pares, las formas de relacionarse con las comunidades, vecinos y sus familias. También como espacio de armonía y tranquilidad con los otros.

La investigación se llevó a cabo en cuatro veredas del municipio de Argelia gracias a la colaboración de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA) y a 10 mujeres que participaron activamente en la producción de los datos de la investigación

En las reuniones se conversaba  sobre la soberanía alimentaria y la salud mental, los alimentos que generan soberanía en los territorios, por ejemplo la caña de azúcar, la panela y los cultivos de pan coger.

Se llevaron a cabo visitas domiciliarias para hablar con mujeres mayores sobre las huertas caseras, la producción de alimentos más cercanos a las viviendas y las formas de prepararlos.

Se indagó por los saberes que circulan de forma anónima y silenciosa, sobre medicina tradicional, cuidados locales de su salud, preparados que usan en sus cultivos y prácticas de producción orgánicas.

En el desarrollo de esta investigación se recogieron saberes locales, que se convierten en saberes vitales pues permiten tejer relaciones propias y generar procesos sostenibles para su existencia como comunidad. Como parte de esta experiencia se organizaron un festival gastronómico, un vivero y se hizo un inventario de semillas criollas-nativas.

La construcción del vivero permitió tener plántulas y disponer siempre del alimento. El archivo de plantas sirve para mantener viva su historia y disponer de las recetas de sus ancestros.

En el transcurso del proceso –sostiene Beatriz- se dio una terapéutica comunitaria entendida en un sentido de colaboración, de trabajo campesino que empieza a sanar las huellas que dejó la guerra, a superar las distancias, a sanar desconfianzas y temores.

Cuando se generaron proyectos como la feria campesina, el vivero, o cualquier otro emprendimiento de la comunidad se piensa en volver a producir alimentos juntos, usando sus saberes.

“Eso reteje los lazos y los vínculos rotos, en ese sentido se convierte en terapéutica así ellos no le den ese nombre. Se retejen los lazos rotos por la guerra, el sentimiento se transforma en esperanza de vida, ganas de seguir para adelante, se comprende que la vida es con otro, que no es adversario”, enfatiza Beatriz.

Si el lugar de la salud mental es el lugar de los vínculos y relaciones, insiste Beatriz, esas actividades que crean nuevos lazos fomentan la confianza para volver a vivir juntos y se convierte en terapia fundamental porque surge de las comunidades mismas, con sus propios recursos.

“Es una terapéutica endógena que para las formas más convencionales de entender la salud mental tal vez no tenga mucho sentido, pero la salud mental se fortalece al recobrar el sentido de la vida tan quebrado.

“Por eso, seguir pensando que la soberanía alimentaria, que le da la posibilidad de tomar decisiones y generar autonomía son formas mas favorables al fortalecimiento de la salud mental y no otras que generan dependencia de un saber determinado”, añade Beatriz Arias.

Ana Joaquina Galeano Cardona fue una de los co-investigadoras del proyecto. Ella es una mujer campesina de Argelia (Antioquia). Ella se encargó de visitar a personas adultas mayores en las veredas.

Durante las charlas les preguntó acerca del alimento, especialmente sobre cómo lo cultivaban antes, y a partir de los relatos como respuestas a sus preguntas fueron construyendo una memoria colectiva.

FSJ: ¿Antes del proyecto, conocía el concepto de salud mental?

AJG: No tenía ni idea de qué se trataba, no lo había escuchado mentar. Pero ahora sí porque nos explicaron muy bien qué significaba y a través de un taller todos construimos ese concepto.

FSJ: ¿Cómo relaciona la comunidad campesina soberanía alimentaria con salud mental?

AJG: Los que producen los alimentos, deciden qué consumen, en qué cantidad y los producen de manera limpia, tienen una alimentación sana y soberanía alimentaria. Todo esto va de la mano con la salud mental que es poder estar tranquilos y poder trabajar en el campo.

Si tenemos dónde producir, qué consumir y nadie nos está imponiendo nada podemos estar tranquilos donde habitamos y tener una buena salud, que es lo más importante.

FSJ: ¿Por qué prefieren el término soberanía alimentaria y no seguridad alimentaria?

AJG: Soberanía alimentaria para nosotros, es poder decidir qué y cómo producimos, es tener nuestra propia autonomía de lo que consumimos. Seguridad alimentaria, es un término nada más, pues el gobierno dice garantizar la alimentación porque están los supermercados llenos, pero no sabemos de donde viene este alimento, quién lo produce; además, tiene agro-tóxicos que causan problemas en la salud.

FSJ: ¿Qué impacto tiene la soberanía alimentaria en la comunidad?

AJG: Es positivo porque si vivimos en el campo y sembramos estamos fomentando la agricultura; además, tenemos autonomía. Nos sentimos bien porque estamos construyendo una economía propia.

*** Al preguntarle a Beatriz Arias si existe alguna investigación anterior sobre el tema de soberanía alimentaria y salud mental en Colombia respondió que no conoce ninguna y aclaró: “Las exploraciones por la soberanía alimentaria han tocado otras aristas, muy relacionadas con la salud mental, pero no nombradas propiamente como tal. Lo mas cercano al campo de la salud es lo relacionado con lo nutricional”.

Descarga el artículo académico de esta investigaciónSoberaníaalimentariaysaludmental

 

 

Sistema de creencias y prácticas patriarcales re-victimizan a la mujer

Viole

Por: Fernanda Sánchez

Procesos de acompañamiento colectivos e individuales permiten que las mujeres superen los daños emocionales causados por la violencia sexual.

Entrevista, Natalie Sánchez, psicóloga, magister en estudios culturales,  quien es parte del equipo profesional de la Casa de la Mujer.

FSJ: ¿Cuáles son los impactos en la salud mental de las mujeres afectadas por la violencia sexual y la tortura?

NS: Nosotras preferimos hablar del bienestar y el malestar asociado a la violencia. Hay daños psicosociales asociados a situaciones traumáticas ocasionadas por la violencia.

Los impactos en la salud mental de las mujeres son variados. Hemos encontrado varios ciclos; al principio, el desamparo es total pues se revive el miedo a la violencia sexual que tenemos las mujeres en las sociedades patriarcales; ese miedo se hace realidad y la posibilidad de que vuelva a es inminente.

El desamparo está unido a un dolor emocional, hay una desconexión con el cuerpo -como mecanismo de defensa- ya que el cuerpo es la prueba de la experiencia traumática.

También las mujeres re-experimentan el hecho traumático, tienen pesadillas, ataques de pánico en distintos contextos: por ejemplo, en el bus o mientras caminan cuando algo les recuerda el hecho.

A veces hay reacciones de mucha agresividad hacia algunas personas, los hombres o el compañero afectivo, si lo hay, esto depende de las circunstancias en que se dieron los hechos.

Cuando el evento ocurre en presencia del compañero afectivo, afecta la relación de pareja, se culpa al otro, se  le exige lo que no puede hacer y la agresividad aparece como mecanismo de defensa.

Además se presentan daños asociados también a la vida sexual y afectiva de las mujeres ya que muchas veces las mujeres se culpan por los hechos y, de una manera inconsciente, se castigan.

Cuando vuelven a sentir placer sexual, por ejemplo, hay una tendencia a no sentirse merecedoras de volver a disfrutar la sexualidad porque es como si estuviera mal, esto afecta sus experiencias eróticas y afectivas.

Hay desconfianza hacia los hombres, es una afectación alrededor de lo masculino, muy fuerte, y obviamente hay daños físicos -pues comprendemos la salud de las mujeres de una manera holística- no separamos el cuerpo de su universo emocional.

Además, la violencia sexual tiene consecuencias físicas como un embarazo no deseado, el VIH, Sida, el papiloma y algunas veces, por la sevicia con la que se comete la violación, hay heridas en las rodillas y los brazos porque la violencia ocurre en una situación de tortura. Estas experiencias dejan mucho dolor y son difíciles de procesar.

No a todas mujeres les ocurre lo mismo, pero hemos encontrado estas constantes.

FSJ: ¿Qué lenguaje utilizan ustedes para referirse al impacto de la violencia sexual en la salud mental? ¿Han tenido casos en los que haya un diagnóstico psiquiátrico?

NS: Nosotras hablamos de daños psicosociales, daños en la salud mental, pero entendiendo la salud mental como la posibilidad de bienestar que tienen las mujeres.

Los daños son interpretados como los malestares asociados a las experiencias traumáticas como la violencia, que dejan secuelas en quienes las padecen y en los testigos.

Nos alejamos de las patologías; es decir, creemos que lo que les ocurre a las mujeres después de las experiencias de violencia son reacciones normales que tiene un ser humano y que lo anormal es la experiencia de violencia. Hay algunos casos que tienen algunos agravantes sí, pero desde nuestro enfoque de acompañamiento no privilegiamos ese lenguaje.

FSJ: ¿Qué  tipo de acompañamiento ofrecen ustedes a las mujeres?

NS: Promovemos lo colectivo y que las mujeres compartan con otras mujeres que han sido víctimas porque así crean lazos de solidaridad, de comprensión.

Nuestro acompañamiento es psicosocial y jurídico, van de la mano los dos procesos. Además del psicosocial, en algunos casos ofrecemos espacios terapéuticos pero no tenemos la capacidad institucional para hacerlo siempre.

Tememos también un proceso de acompañamiento que se llama Memoria Soy Yo. A través de éste las mujeres pasan por tres espacios: una reflexión crítica feminista de la memoria alrededor de las mujeres; luego se les enseña lo básico en fotografía, las invitamos a tomar fotografías de sus experiencias de vida, a que narren lo que quieran, y, posteriormente, se hace una exposición y se publica un libro. Las mujeres son las expositoras de la galería, este es un proceso catártico.

Después de los procesos colectivos quienes lo deseen pueden tener un espacio de acompañamiento individual -según las posibilidades nuestras de ir a los territorios porque dependemos de la cooperación- pero llevamos muchos procesos por teléfono.

En los espacios individuales hacemos una revisión muy cuidadosa de sus experiencias de dolor y aportamos elementos, desde la teoría crítica feminista, que permitan comprender por qué ocurren estas violencias. Esto les ayuda a no culpabilizarse, a fortalecer la autoestima y promover la autonomía.

Hay casos en los que hemos acompañado a una mujer durante seis meses, pero llega un momento en que no vuelve. De pronto regresa un año después; otros, los atendemos con mucha intensidad, viéndonos cada quince días, y otros cada mes. Las mujeres tienen sus tiempos y hay que respetarlos.

FSJ: ¿De qué manera afecta a las mujeres la imposibilidad de ejercer su liderazgo político?

NS: Muchísimo. En el caso de las lideresas, el patriarcado ejerce una presión muy fuerte sobre ellas con el fin de constreñirlas en el ámbito privado; muchas veces, los castigos por participar políticamente son la violencia sexual, las amenazas, el reclutamiento de sus hijas e hijos y el asesinato de sus familiares.

La restricción de la participación de las mujeres, además de quebrantar la posibilidad de ejercer su ciudadanía plena, deja daños muy fuertes. Hay mucho dolor al no entender lo que ocurre ahí.

A veces los actores armados logran que las mujeres bajen su perfil político, pero muchas continúan pues las mujeres que ejercen liderazgo tienen unos niveles de resistencia impresionantes.

Entre las afectaciones más comunes están la zozobra -ante las persecuciones constantes y las amenazas- la desconfianza, el miedo, y la irritabilidad porque está en riesgo la vida.

FSJ: ¿Qué recursos emocionales favorecen su recuperación?

NS: Las víctimas de violencia sexual son variadas. Dependiendo de esa diversidad aparecen los recursos emocionales para superarla. El baile, el arte y la escritura son algunos de esos recursos que usan las mujeres para llevar a cabo sus procesos y nosotras las acompañamos.

Algo que motiva mucho es que esto no le ocurra a otra mujer. Para algunas se vuelve muy importante narrar lo ocurrido, hacer visible lo que pasa con las mujeres en Colombia y ser una voz de esperanza para otras.

En otras es una apuesta política que la violencia sexual no quede en la impunidad. Las mujeres se ayudan espontáneamente, se conectan a través de las redes sociales y los conversatorios, tejen sus propias redes de apoyo.

Nosotras las guiamos para que la primera motivación sean ellas mismas porque a veces las motivaciones son otras por ejemplo los hijos, y eso es válido, pero en el proceso de ganar autonomía se espera que lo más importante sean ellas mismas. Es un proceso lento.

FSJ: ¿Qué importancia tiene la cultural en su recuperación?

NS: Son fundamentales y lamentablemente son precarios porque en nuestra sociedad hay un sistema de creencias y de prácticas alrededor de la violencia sexual donde se termina revictimizando a la mujer.

Esto ocurre sobre todo en los sistemas judiciales y de salud donde se crea un contexto agresivo y estos se convierten en una experiencia traumática adicional. Creo que las organizaciones sociales de mujeres terminan siendo el único lugar acogedor.

Algunas mujeres nos han dicho: “Yo acá es la primera vez que dejé de sentirme loca porque en todo lado sentía que me trataban como si estuviera loca”. Además, los medios de comunicación son terribles; la forma como hablan en las emisoras sobre casos de violencia sexual con amarillismo y cuestionando la ocurrencia de los hechos.

Estamos en una cultura patriarcal en la cual las acciones de resistencia de la mujeres se ven con sospecha y hay una naturalización, en zonas de conflicto, de la violencia y de la prevalencia de la violencia sexual.

Entonces uno encuentra relatos como: “Pues es que acá a las niñas las violan a los diez años”, es casi como un orden social y se convierte en algo natural. ¡Es muy difícil! Hay mucho miedo, una de las formas en las que opera la violencia sexual es instalando la vergüenza y la culpa.

FSJ: ¿Aplican ustedes un enfoque diferencial para las mujeres afro-descendientes e indígenas?

NS: Tenemos una mirada crítica frente al proceso de colonización de las mujeres afro e indígenas. Somos conscientes y lo hacemos explícito, hablamos sobre ser mujer y estar en un contexto geográfico particular y racista que incrementa los tipos de violencia; esa es nuestra mirada diferencial, la reconocemos y la ponemos sobre la mesa.

Reconocemos que estamos en una situación diferente nosotras porque somos académicas, estamos en la ciudad y tenemos privilegios. Por eso, nos comprometemos a contribuir en la construcción de un país a medida de todas las mujeres porque somos bien distintas.

Hacemos acuerdos con las mujeres: hablamos de que somos diferentes, ponemos límites, hay temas de los que no conversamos como la política partidista y la religión. Los espacios de cierre de los talleres los construimos con ellas; con las mujeres afro cantamos alabaos.

FSJ: ¿Las mujeres evalúan el acompañamiento que ustedes ofrecen?

NS: Cuando tenemos proyectos que nos permiten sentarnos con las mujeres y evaluar, se hace. Las mujeres tienen autonomía sobre sus casos y su experiencias, algunas sienten que no tienen un contexto seguro para denunciar y no denuncian. En todo caso, la violencia sexual no prescribe y en cualquier momento pueden hacerlo.

FSJ: ¿Cree que el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas[i] (Papsivi) responde a las necesidades psicosociales de las mujeres que sobrevivieron la violencia sexual y la tortura?

NS: Es una pregunta muy difícil. Nosotras hemos sido críticas frente a la atención psicosocial. Cuestionamos su  ejecución, su implementación, el tiempo en que tardó en formularse, los contratos que hubo no fueron muy explícitos, las formas poco participativas en que se consolidaron las guías, pero también creemos que las instituciones van avanzando y haciendo esfuerzos, muchas veces en cobertura, pero no sabemos qué tanto en calidad.

En nuestra experiencia, el Papsivi en Buenaventura en el año 2014 no operó. Entonces uno dice: ¿Buenaventura uno de los sitios más críticos en violencia sexual y que no opere el Papsivi[ii]? Que la Unidad de Víctimas estuviera en Cali y sea esto difícil para la gente, son aspectos cuestionables.

Existe una página que permite ver cómo opera el Papsivi pero no conocemos un informe oficial que dé cuenta de la calidad de la atención.

También creemos que, a veces, hay desarticulación entre el Ministerio de Protección Social y la Unidad para las Víctimas. No obstante, en el sistema de salud hay algunas instituciones que han avanzado más que otras como por ejemplo Medicina Legal, pero jamás los avances son suficientes para las necesidades del contexto.

FSJ:¿Cuáles son sus recomendaciones para periodistas y académicos que escriben sobre violencia sexual y tortura?

NS: Primero revisar cuales son sus prejuicios frente a la violencia sexual y cómo esos prejuicios se evidencian cuando narran un caso de violencia sexual; segundo, respetar el principio de confidencialidad porque muchas veces en los afanes del sensacionalismo se flagela la dignidad de la persona; tercero, centrarse en la relación de subordinación  entre la víctima y el victimario para que se cree una solidaridad social alrededor de la víctima y una sanción social alrededor del victimario.

No crear especulaciones en las cuales se cuestiona el relato de la víctima, ser cuidadoso con las fuentes, no acelerarse a comprender demasiado rápido, tener una postura reflexiva y crítica sobre por qué ocurre la violencia contra las mujeres.

Hay que leer alrededor de las cifras, oficiales y no oficiales, sobre violencia sexual; además, evitar el uso sexista del idioma y cuidar la forma en que se enuncia la experiencia de la persona porque muchas veces ésta resulta revictimizante.

FSJ:¿Finalmente, es necesario utilizar siempre la imagen de una mujer sexualmente victimizada?

NS: Yo creo que no. ¿La pregunta es para qué? ¿Es útil?

[i] https://www.minsalud.gov.co/proteccionsocial/Paginas/Victimas_PAPSIVI.aspx

[ii] Este año, 2015, el Papsivi es ofrecido también en Buenaventura.

 

Colombia: Encuesta Nacional de Salud Mental

La Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) es un importante recurso antes de informar sobre el tema. En ella se encuentra la información más actualizada, 2015, sobre el estado de la salud mental de la población colombiana.

En el resumen ejecutivo de la encuesta, explica Carlos Gómez Restrepo, médico psiquiatra, psicoanalista y epidemiólogo clínico de la Universidad Javeriana y director de la ENMS-2015 que:

“La presente ENSM-2015 tuvo como objeto brindar información actualizada acerca de la salud mental, los problemas, trastornos mentales, la accesibilidad a los servicios y valoración de estados de salud, de la población colombiana rural y urbana mayor de 7 años, privilegiando su comprensión desde los determinantes sociales y la equidad.

Para ello se desarrolló un estudio observacional de corte transversal a nivel nacional, que tuvo como base una sub-muestra de la Muestra Maestra de estudios poblacionales para salud del Ministerio de Salud y Protección Social, con una representatividad nacional y regional y con desagregación geográfica a nivel regional, urbano/rural y demográfica por rangos de edad: 7-11, 12-17 y 18 y más años”.

Las regiones donde se aplicó la encuesta fueron la Central, Oriental, Atlántica, Pacífica y Bogotá.

La encuesta indagó sobre características socio-demográficas, antecedentes personales y familiares, condiciones del hogar y la vivienda; aspectos de salud mental, el cual incluye percepciones del individuo y del entorno, cognición social, capital social, eventos vitales y violencias.

Además, se observaron problemas de conducta. Trastornos mentales en adultos y adolescentes se midieron trastornos depresivo, afectivo bipolar, de ansiedad generalizada, de pánico, fobia social, suicidio y, solo en adultos, tamizaje de personalidad.

En niños y niñas se midieron ansiedad de separación, trastorno de pánico, de ansiedad generalizada, depresivo, trastorno de la conducta, co-morbilidades con condiciones crónicas no psiquiátricas,  déficit de atención e hiperactividad y , acceso a servicios de salud y estados de salud, entre otros.

La encuesta a personas de 12 años en adelante se hacía directamente y para los menores de 12, entre 7 a 11 años, a su cuidador principal.

Descargar el archivo: Encuesta Nacional de Salud Mental Colombia 2015

Edwin Herazo: practica y promueve la psiquiatría crítica en Colombia

Edwin Herazo es médico psiquiatra, especialista en gestión aplicada a los servicios de salud, magister en bioética, magister en historia, candidato a doctor en salud pública y director del Instituto de Investigación del Comportamiento Humano. Además es conferencista y promueve el Movimiento Nacional por la Salud mental.

Edwin Herazo Acevedo practica la psiquiatría crítica en Colombia. Más allá de la teoría, la psiquiatría crítica reflexiona acerca de la manera en que se comprenden la salud mental, los trastornos mentales y el sufrimiento humano.

Para él es fundamental reconocer que en lo aprendido en las facultades de medicina y en las  publicaciones científicas hay vacíos, en cuanto a los conceptos,  los cuales no deben reproducirse ni asumirse como ciertos y absolutos.

De igual manera, este psiquiatra se pregunta cuál es el mejor camino para minimizar el poder que el médico tiene sobre el paciente. Para hacerlo, explica, es necesario establecer un diálogo y, de ser posible, eliminar la verticalidad en la relación médico- consultante. La psiquiatría crítica considera al “otro” como un sujeto autónomo, con derechos y capaz de tomar decisiones informadas.

“La psiquiatría crítica reconoce al otro como sujeto interactuante, no un simple receptor de recomendaciones y tratamientos (…) busca transformar la verticalidad en horizontalidad aliviadora, propositiva y constructiva, que permita generar lazos de confianza y aunar todas las iniciativas para lograr un anhelado estado de bienestar que lleva inmerso la construcción de un sentido de vida individual y colectiva”, afirma.

Edwin también es consciente del paternalismo que puede surgir en la práctica de la psiquiatría. Para reducirlo es indispensable el esfuerzo de los profesionales de la salud y los pacientes-personas. “Al médico le enseñan que él sabe qué es lo que tiene que hacer y al paciente-persona, en esta sociedad tan medicalizada, le enseñan a demandar soluciones mágicas de su médico para cada situación de la vida cotidiana. La evolución de esta relación debe ser una decisión que incluye una transformación social”, agrega.

Pero no basta con usar palabras amables y gentiles de parte de los médicos hacia los pacientes. Es indispensable reconocer a quien consulta como un sujeto con derechos e interactuar en condiciones de equidad; sin dejar de lado el trato cálido y compasivo por parte de los profesionales de la salud.

Ejercer la psiquiatría crítica no es fácil en Colombia. Al pensar en los obstáculos que impiden su promoción en un país con una historia de violencia socio-política, Edwin considera que el principal  obstáculo es: “un sistema de salud que está más preocupado por la sanidad financiera que por la salud de las personas, inmerso además en un sistema socio-político plagado de profundas inequidades, en el cual las élites económicas, sociales y políticas no están dispuestas a ceder su dominio”.

Una segunda barrera para la práctica de la psiquiatría crítica es el colonialismo científico bajo el cual forman a los médicos en las universidades –señala Edwin- que enseña a reproducir modelos impuestos, fallidos, y bloquea la posibilidad de conocernos, reconocernos y reinventarnos. Reinventar es todo un reto pues la psiquiatría crítica es vista como una posición anti-psiquiátrica que confronta poderes y privilegios.

La razón para que esta perspectiva se considere anti-psiquiátrica es histórica. “Los primeros movimientos desde la sociedad general y desde los mismos médicos en contra del poder hegemónico de los psiquiatras y la vulneración sistemática de derechos a las personas con trastornos mentales desembocaron en la anti-psiquiatría, desconociendo la psiquiatría como una especialidad médica capaz de contribuir a la salud mental de las personas, hasta llegar incluso a la negación de la psiquiatría”, añade.

No obstante, un grupo cada vez más numeroso de psiquiatras propone replantear las bases epistemológicas de la psiquiatría y su práctica con el fin de transformar la concepción que se tiene de la salud mental como las acciones conducentes a preservar y restablecer la salud mental de las personas. Realizar esos cambios implica también ofrecer modelos alternativos de atención.

Los nuevos modelos deben repensar, de manera permanente, la psiquiatría misma, examinar la información científica disponible, de-construir y reconfigurar los conocimientos de la práctica psiquiátrica. Así se podrán brindar mejores condiciones para preservar la salud mental en medio de la diversidad humana.

“La psiquiatría crítica se aparta de la noción de “hacer” personas homogéneas, con parámetros de salud impuestos. Desde este enfoque, el respeto a la autonomía y la diversidad, individual y colectiva, resultan cruciales”, dice.

Al reflexionar sobre la psiquiatría crítica surge una inevitable pregunta: ¿Tiene futuro en Colombia? Edwin responde afirmativamente: “El futuro de la psiquiatría en Colombia está en la enseñanza y el ejercicio de una psiquiatría crítica. En las décadas de los 60, 70 e incluso 80, existieron en el país múltiples experiencias en el campo de la psiquiatría social y comunitaria y de la atención primaria en salud, las cuales pasaron a un quinto plano cuando la venta de servicios rentables pasó a dominar el sistema de salud”.

Aunque hubo grandes avances en coberturas, insiste Edwin, estos no han ido de la mano de la calidad en la atención. La promoción de la salud prácticamente desapareció y se estableció un modelo de producción de eventos en atención en salud como si fueran mercaderías. “En este modelo de mercado de la salud, la salud mental ha sido sacrificada”, afirma Edwin Herazo.

 

Trauma transgeneracional en El Carmen de Bolívar

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Ricardo Tamayo, es psiquiatra forense, miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría y del Comité de Evaluación psicológica de la Tortura de la Asociación Mundial de Psiquiatría.

FSJ: ¿Cuál es la conexión que usted establece entre la violencia sexual, ejercida en el marco del conflicto armado en los Montes de María, y las reacciones, definidas como enfermedad psicógenica masiva de las niñas a quienes les aplicaron la vacuna contra el papiloma?

RT: En primer lugar considero que la respuesta del Instituto Nacional de Salud frente a la emergencia de las niñas de El Carmen de Bolívar al definir la situación simplemente como una “enfermedad psicogénica masiva” no brinda ningún tipo de explicación sobre las causas del evento.

Lo que ocurrió en los años 90 y en los primeros años de este siglo en El Carmen de Bolívar, en la zona de los Montes de María y el Golfo de Morrosquillo fue un ejercicio sistemático y generalizado de la violencia sexual como arma de guerra sobre la población civil por parte de los paramilitares.

Son conocidos los relatos de violaciones, empalamientos y toda clase de vejámenes sobre las mujeres en medio de la estrategia paramilitar para ejercer control en la región.

Gran parte de la población se desplazó a El Carmen de Bolívar y no recibieron atención psicosocial ni orientación jurídica. Por lo tanto, estas graves violaciones de los derechos humanos continúan en la impunidad y las mujeres victimizadas en su propio cuerpo, en el de sus vecinas, familiares o amigas han soportado en silencio el trauma.

Las vivencias traumáticas en la sexualidad demarcan una serie de alteraciones en las dinámicas y modelos parentales ya que en ellas se trastoca el sentido del cuerpo y de la sexualidad. Son las mujeres las que transmiten por una serie de códigos regulados social y culturalmente, la posibilidad del ejercicio de la sexualidad a las hijas.

De alguna manera, las madres orientan a las niñas en la relación con su cuerpo y las preparan para la sexualidad en su edad adulta. Entonces, desde una óptica social, en estas mujeres que fueron violentadas -directa o indirectamente en su sexualidad- la posibilidad de una transmisión funcional del ejercicio de la sexualidad de madre a hija puede haber sido alterada.

Las niñas “heredan” esta alteración del sentido y de la vivencia del cuerpo y la sexualidad. Esto queda latente y se convierte en un factor de vulnerabilidad psíquica que puede expresarse críticamente en la adolescencia.

Después viene la “campaña de vacunación” para el Virus del Papiloma Humano (VPH) en estas adolescentes vulnerables y se sabe que la campaña irrumpió sin la preparación ni la información suficientes.

Prácticamente las niñas fueron obligadas a ser vacunadas y este acto, que debiera experimentarse como un acto médico con connotaciones positivas, se erige como un nuevo ejercicio violento. Simbólicamente es una nueva violencia sexual, dado lo que representa en sí mismo la vacuna para el VPH: incluye la aceptación social de la posibilidad del inicio de la sexualidad en las adolescentes.

El desenlace es el fenómeno colectivo conocido. Sin embargo, es importante señalar que muchas de estas niñas a la fecha han presentado intentos de suicidio y algunas ya lo han consumado.

FSJ: ¿Está ahí la conexión entre un hecho y otro?

RT: Es este punto es donde encuentro algunas similitudes con el fenómeno de los suicidios en las comunidades indígenas.

La idea de que las vivencias traumáticas pueden generar desenlaces negativos en la salud mental en las siguientes generaciones no es nueva. Existe una amplia literatura sobre investigaciones que han definido conceptos como “trauma histórico”, “daño transgeneracional”, “trauma transgeneracional”.

Estas investigaciones académicas apuntan a la comprensión de las respuestas psicológicas y sociales de las comunidades que han sido violentadas históricamente; además, hacen énfasis en los mecanismos de transmisión generacional de eventos perturbadores.

Algunas de estas investigaciones en poblaciones como pueblos originarios en Estados Unidos, judíos sobrevivientes de los campos de concentración y víctimas de violencia socio-política en Suramérica han encontrado mayores tasas de suicidio en los descendientes, de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas; además, de trastornos mentales por diversas causas.

En cada caso, los mecanismos que explican la transmisión son complejos. En su mayoría hacen alusión a las alteraciones en la comunicación, en modelos parentales inapropiados o estresantes, a las rupturas de las tradiciones culturales y de los lazos sociales.

FSJ: ¿Podría llamarse como epidemia a algo que según estas comunidades pueda tener otro significado. No es hegemónico el discurso psiquiátrico al crear esas categorías?

R: El discurso de la psiquiatría, en gran parte, se engrana en el de la medicina occidental. Sin embargo, un área de la psiquiatría que crece es el de las disciplinas conocidas como psiquiatría transcultural y la etnopsiquiatría, que estudian la compleja interacción entre los fenómenos culturales y mentales y permite ampliar los horizontes de comprensión de este tipo de fenómenos.

En la crisis del pueblo Embera* en sus comienzos no hubo participación de la psiquiatría en su atención. La respuesta institucional del sistema de salud en realidad fue mínima y, si se quiere, incluso maltratadora con la misma comunidad.

Llamar al fenómeno desde el discurso médico occidental como “epidemia” alude simplemente al hecho de que es un suceso considerado negativo o perjudicial y que se extiende de manera repentina a una parte de la población.

FSJ: ¿Ese trauma transgeneracional se evidencia en la experiencia de estas niñas? ¿Por qué llamarlo entonces psicogenia masiva y no  reacción traumática ante hechos de violencia en sus territorios, incluidos sus cuerpos?

RT: Es la hipótesis que planteo que el desenlace evidenciado en estas niñas que se ha catalogado como “evento psicogénico masivo” es una expresión social en una población históricamente violentada, en la que se estableció en una generación previa un orden social alterado mediante el ejercicio de la violencia sexual en todas sus variaciones. El fenómeno de las niñas de El Carmen de Bolívar es un síntoma social como consecuencia de esta violencia y una expresión del daño transgeneracional de esta comunidad.

FSJ: ¿Por qué un evento psicogénico –sin factores biológicos- es catalogado como enfermedad y vinculado a las mujeres y sus familias “disfuncionales?

RT: La pregunta se encuadra en la tradicional escisión cartesiana mente-cuerpo, modelo que ha sido útil para la medicina, pero que tiene algunas limitaciones, particularmente, cuando se trata de comprender fenómenos psicosomáticos.

El hecho de que no se conozcan los factores biológicos no quiere decir que no existan, puede ser simplemente que por ahora no los conocemos así como hace tiempo no conocíamos el sustrato biológico de la epilepsia y por tanto se consideraba como una posesión demoníaca.

El que se catalogue como enfermedad tiene que ver con la definición del concepto “enfermedad” que se refiere al funcionamiento fisiológico anormal o desviado. En el caso de las niñas de El Carmen de Bolívar claramente ha habido un funcionamiento fisiológico anormal, pero las causas de esta anormalidad son las que se cuestionan.

FSJ: ¿Esa disfuncionalidad provendría de la violencia ejercida contra esas familias en el marco del conflicto armado? ¿Alguien ha estudiado eso, o esa disfuncionalidad es amparada en estereotipos de familia ideal vs. disfuncional?

RT: Los estudios que realizó el Instituto Nacional de Salud evidenciaron una mayor prevalencia de disfunción familiar entre las niñas que sufrieron los síntomas en comparación con las que no.

Para llegar a esta conclusión el INS utilizó la escala de evaluación del funcionamiento familiar (Facies IV), instrumento que evalúa diferentes parámetros que dan cuenta de las interacciones funcionales o no de la familia.

Este hallazgo refuerza la hipótesis de la correlación del evento psicogénico masivo como expresión del trauma histórico en relación al conflicto armado. Se sabe que las familias que han sufrido eventos traumáticos graves como puede ser el haber sido víctimas de la violencia sociopolítica, desarrollan patrones de interacción anormales o disfuncionales en los que se afecta la competencia de los padres en la crianza y se favorecen interacciones hostiles y de con emotividad negativa.

FSJ: ¿Por qué se relacionan estos eventos con la mujer? ¿Contribuye esto a su estigmatización?

RT: Los estudios sobre eventos psicogénicos masivos han encontrado una mayor prevalencia en las mujeres, no exclusivamente, al igual que con otras condiciones de salud como depresión o trastornos de ansiedad.

Al contrario de generar un estigma, estas condiciones son un indicador de la
realidad de la desventaja que tiene la mujer en la sociedad actual, ya que tradicionalmente tienen menos acceso a los sistemas de salud y sus afectaciones en la salud mental son subvaloradas, estigmatizadas y menos atendidas por el personal sanitario.

FSJ: ¿Hay un límite de tiempo después de ocurridos los hechos de violencia para que el trauma se exprese como se expresó en este caso?

RT: A través de la comprensión de los mecanismos de daño transgeneracional se amplían las posibilidades explicativas de fenómenos de salud tanto física como mental de poblaciones específicas en las que predominan altas tasas de enfermedad, incluso décadas después de las vivencias traumáticas.

Por ejemplo, en poblaciones víctimas del desplazamiento forzado, tras la ruptura con modos de vida tradicionales, se siguen observando desenlaces negativos en diferentes variables de salud a lo largo del tiempo. Entre ellos hay mayor incidencia de violencia intrafamiliar, consumo de alcohol y sustancias y, en general, más prevalencia de trastornos emocionales.

FSJ: En un país con múltiples heridas, muchas aún abiertas, tras el conflicto que aún no cesa. ¿Podrían presentarse más hechos como el de las niñas de El Carmen de Bolívar?

RT: De hecho ya vemos graves problemas en la intersección mente-sociedad, a pesar de la considerable disminución del conflicto armado. Continuamos siendo una sociedad extremadamente violenta, las tasas de violencia intrafamiliar son tan graves que debe abordarse este fenómeno como un verdadero problema de salud pública dadas las repercusiones que tiene este tipo de violencia para la salud mental y la construcción de las competencias sociales de los ciudadanos.

Infortunadamente, los jóvenes son el grupo poblacional más vulnerable, en las situaciones transculturales. Es en los adolescentes donde recae la mayor presión, ellos tienen que tejer, más que los adultos, los significantes ancestrales y ajustarlos a los cambios culturales.

Se requiere entonces de un gran esfuerzo de toda la sociedad para contener y atender los efectos negativos que el trauma histórico traerá para las nuevas generaciones en esta etapa de posacuerdo.

Es necesario brindar la atención psicosocial a las víctimas directas de la violencia y atender oportunamente cualquier contingencia en la salud mental de la nueva generación.

FSJ: ¿Cómo podría comprobarse la hipótesis planteada?

RT: Es necesario hacer un estudio de campo con un equipo interdisciplinario en donde se incluya la visión antropológica y sociológica, así como diversas visiones de profesionales de la salud mental, que tengan formación en atención psicosocial, conocimiento y experiencia en atención a víctimas del conflicto armado.

El reto es grande ya que esta comunidad ha tenido interferencias importantes que pueden haber alterado las expectativas de comprensión. Algunas de estas familias podrían rechazar cualquier hipótesis distinta a la del efecto secundario de la vacuna ya que les han sembrado ilusiones de reparaciones millonarias.

Esto podría ser un obstáculo importante. No obstante, llegará el momento en que -por encima de intereses económicos- prime la necesidad de entender y atender a estas niñas y prevenir desenlaces tan negativos como los que se han presentado.

* Caso del pueblo Embera en Caquetá
Los hechos ocurrieron en 1992 en comunidades Embera en el departamento de Caquetá. Un grupo indígena salió de la selva asediado después de varios meses por una crisis en la que adolescentes, principalmente mujeres, sufrieron una serie de síntomas que incluyeron alucinaciones visuales, ansiedad, gritos, gemidos, movimientos anormales, convulsiones a veces simultáneas entre las jóvenes.

Los mismos jaibanás y autoridades indígenas reconocieron el fenómeno como una crisis por la cual acudieron a las instituciones gubernamentales. La respuesta desde el sistema de salud y de los medios de comunicación fue calificar el fenómeno como una “histeria colectiva”, rótulo que no explica el fenómeno.

Más allá de las explicaciones antropológicas este fenómeno se desencadenó, en parte, tras la incursión de distintos actores armados en sus territorios ancestrales. De alguna manera fue el preámbulo del aumento en el número de suicidios de jóvenes emberas, y de otras comunidades indígenas, que aún continúa en los diferentes territorios indígenas del país.

En este contexto la medicina occidental no cuenta con herramientas para comprender un fenómeno de estas características, etiquetar como “histeria colectiva” equivale a aceptar que no se comprende lo que ocurre.

Para más información: 
Ver el artículo de Rodrigo Iván Sepúlveda sobre el caso embera en la Revista Antípoda: Vivir las Ideas, idear la vida: adversidad, suicidio y flexibilidad en el ethos de los embera y Wounaan de Riosucio, Chocó. Enero – Julio 2008. Pp: 245 – 269. La tesis de maestría de Angélica Vélez sobre la vacunación en el Carmen de Bolivar del 2015  en el Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes: “El lugar de la vacunación en la memoria de los Montes de María : el caso del Carmen de Bolívar”.

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Trauma transgeneracional en El Carmen de Bolívar

Colombia: Herencias ancestrales como el comadreo contribuyen a la recuperación emocional de las mujeres en Buenaventura

 

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo. Fotos. Fernanda Sánchez, Bibiana Peñaranda y Danelly.

 

Cultura, solidaridad entre las mujeres y la atención psicosocial ayudan a superar los daños emocionales causados por la violencia sexual.

“La violencia no nos ha dañado el comadreo”, afirma Bibiana Peñaranda Sepúlveda, lideresa de la Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo futuro de Buenaventura.Bibiana pertenece a esta red de mujeres afrocolombianas que esperan mejorar las relaciones comunales a través del comadreo, un saber étnico y cultural fundamental, una estrategia “femenina” y no violenta de acompañamiento en el dolor.

Acompañamiento que ofrecen en barrios y comunas del puerto colombiano de Buenaventura donde viven y con el cual pretenden reconstruir tejidos sociales rotos. “En las reuniones, la mujer habla de lo que quiere hablar, si quiere llorar, gritar y pedir ayuda… es un momento en que la dejamos ser. Hacemos que sienta la fuerza del grupo, del comadreo”, explica Bibiana.

El objetivo es darle palabras de aliento. Le ofrecen a la mujer la posibilidad de conversar con una amiga y acompañarla a la Fiscalía, para que se sienta más segura al exigir sus derechos, ella decide cómo continuar y qué hacer.

Hay mucho dolor en estos espacios. “Uno de los elementos que se expresa cuando las mujeres no han sido tratadas, por psicólogos ni psiquiatras, es que en el momento que se trata algún tema que les recuerde su victimización empieza el llanto”, añade.

Las mujeres se acompañan sabiendo que todas han experimentado alguna forma de violencia. Crean un ambiente de complicidad que ayuda a disipar esos dolores.

Elaborando el duelo, comenta Bibiana, disminuye la afectación mental. Por eso realizan una atención en crisis, antes de empezar el trabajo de “sanación mental”, pues aunque las mujeres no usan expresiones como salud mental o trastorno mental, saben que existen.

“Lo sabemos y lo tratamos –asegura Bibiana- La mujer se ha enfermado cuando el hijo es desaparecido y le dijeron: ¡Ya no lo busque más! Esos hechos no son más ni menos graves que la violencia sexual, el desplazamientoi, el asesinato de los hijos, del marido, las mujeres intentan trabajarlo a través del comadreo”.

En los encuentros y círculos de saberes se detectan mujeres con mucha tristeza. Pero encuentran antídotos como el humor, esa capacidad de reírse incluso de los problemas, para superarla.

“El humor es un elemento importante que te ayuda a mirar que el dolor no es lo absoluto; otro es el juego, el comadreo facilita eso, es encontrarse con otro ser humano. El comadreo es una herencia ancestral, el primer bautismo inicial, que lo hacen el compadre y la comadre. El comadreo en las casas, ayuda al encuentro comunitario, a crear un ambiente diferente al violento, distensiona la mente, relaja a las mujeres y crea un espacio fraterno”, dice Bibiana.

Otro recurso es el canto. Danelly Estupiñán defensora de derechos humanos del Proceso de las Comunidades Negras (PCN)ii de Buenaventura observó cómo las canciones se incorporaron al proceso del duelo. “Generalmente las personas que han sido víctimas de hechos violentos, componen canciones de sus situaciones, cantan sus penas y hacen versos. Uno lo entiende como una terapia y como parte de ese duelo. Las composiciones narran el sufrimiento pero son esperanzadoras; todo está en el marco del legado cultural pues somos seres rítmicos en la vida y en la muerte”.

Briseida Lópeziii, una mujer afro de 69 años ha participado en reuniones convocadas por la Red Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro y otros grupos de mujeres.

Se unió a estas organizaciones de mujeres cuando su hija fue diagnosticada con VIH. Después el asesinato de un nieto, de 17 años, y la desaparición de otro, hace cinco años, la acercaron más a estas iniciativas.

“Me tocó ir cambiando de un lugar a otro porque supe quiénes mataron a mi primer nieto –recuerda con voz firme Briseida- yo supe quiénes desaparecieron al otro, supe quién se lo llevó y a dónde. ¿Para qué lo dice uno? En el momento que uno abra la boca, peligra la vida de uno; además, los sueltan al otro día. Es mejor dejar las cosas así”.

Briseida decidió asistir a los talleres y es una de esas comadres que apoyan a quienes les han asesinado a sus familiares y a personas con enfermedades como VIH y tuberculosis.

Ella vive en la Comuna 12 de Buenaventura. Pertenecer a estos grupos le permite estar equilibrada, conversar con otras mujeres. “¿Cómo manejas los duelos? Superado o no superado, hay momentos en que se le viene a la mente y uno se pregunta: ¿Por qué? Pero poco a poco lo manejas porque hay personas que lo necesitan a uno”, afirma.

Ella ha acompañado también a mujeres que han sido maltratadas y abusadas sexualmente en este puerto del Pacífico colombiano. Por eso, conoce la revictimización.

“En un mes una mujer ha recorrido más de 20 personas preguntándole qué le pasó, si iba desnuda ¿Pero y usted por qué andaba a esa hora, por qué andaba en shoresiv en la calle, no tenía otra ropa? -asegura Briseida- la moral se la tiran al piso, en lugar de darle moral y no vuelve. Como no volvieron dicen que no pasa nada pero está pasando (…)”.

Jackeline Micolta Victoria, lideresa afro de Buenaventura ha sido apoyo para mujeres víctimas de la violencia sexual y múltiples violencias en su ciudad. “Desde mi trabajo en organizaciones de mujeres y como coordinadora del colectivo juvenil de violencia de género y derechos sexuales, he podido estar cerca de víctimas y he evidenciado que lo más difícil es perdonar”, asegura.

También ha observado que algunas de ellas se sienten inferiores, que no pudieron hacer nada. Sentirse impotentes les genera barreras mentales para enfrentar su vida.

“Conocí una joven de 13 años de edad embarazada de su victimario –dice Jackeline- y pude ver esa mirada triste. Le pregunté qué nombre le iba a poner, me decía que se llamaría Gabriel porque le parecía bonito ese nombre. Verla en esas condiciones era muy triste”.

Salomév es santandereana y llegó a Buenaventura hace 21 años. Hace 15 años, cuando trabajaba en un establecimiento de la ciudad de su hermana, fue retenida y violada. Salomé es una de las muchas supervivientes de la violencia sexual que es usada como arma de guerra en Buenaventura y en varios departamentos de Colombiavi.

Ella fue revictimizada por personas cercanas quienes le dijeron: “Ojalá la hubieran violado todos” y por el sistema de saludvii.

Cuando habla Salomé parece tranquila pero ella se apresura a aclarar: “Por fuera entera, por dentro con depresión. Sufro mucho de depresión y al año que volví, porque pusieron escoltas en el negocio de mi hermana donde trabajaba, todos se me parecían, todos. Yo declaré hace un año y lo único que quiero es que cojan escarmiento”.

Le asignaron un psicólogo y recibió ayuda de Médicos Sin Fronteras, pero ese acompañamiento terminó. Salomé, quien tiene depresión crónica, solicitó una cita con el psiquiatra en el hospital; esperó tres meses, la atendió en 10 minutos. Le asignaron otra cita por la cual debió esperar dos meses más.

“Uno no puede esperar dos meses. A veces estoy mal, me duele la cabeza, estoy estresada desde eso; ni mi hija ni yo tenemos trabajo, hay unos días duros”, afirma Salomé.

Danelly Estupiñán, amenazada de muerte hace apenas dos semanasviii, sabe que el caso de Salomé no es el único. En los acompañamientos que ha realizado, como defensora de derechos humanos del Proceso de Comunidades Negras, ha observado que en los últimos 10 años las afectaciones emocionales se han convertido en un problema de salud pública en Buenaventura y sugiere la apertura de una clínica especializada.

“No hay interés ni de visibilizar ni de atender, por parte del gobierno local ni nacional, esto ha generado un incremento en el número de personas que están enfermas mentalmente y eso se evidencia en la calle, en la gente. Es difícil ocultarlo, en mujeres jóvenes de 30, 17, 25 años.

“Otros trastornos que a veces no son tan evidentes son el insomnio y las afectaciones del sistema nervioso relacionadas con los escenarios de intensas violencias en barrios y comunas”, opina Danelly.

Resistencia y resiliencia

A pesar de este panorama, ella también destaca la fortaleza de su gente ante los hechos violentos. Prefiere el uso del término resistente en lugar de superviviente y/o víctima.

“La palabra víctima la acuñamos desde un sentido político (…) entendemos que son personas que sufrieron de manera intensa situaciones violentas, en el marco de un contexto de guerra. La norma colombiana ha usado este concepto y a través de éste da ciertas respuestas institucionales a la problemática de la guerra.

Lo usamos en nuestro discurso pero nosotros nos asumimos más como un pueblo en resistencia –precisa Danelly- para nosotros el resistir no es aguantar, sino la forma de construir un nuevo país, un país que nos respete, nos incluya, nos valore(…) desde nuestro punto de vista la resistencia no es mas que la verdadera construcción de paz.

Para esta defensora de derechos humanos del Proceso de Comunidades Negras, el bienestar colectivo es fundamental y, por eso, no se puede vivir bien en un ambiente de violencia.

No poder salir a la calle porque cobran vacunas, tener fronteras invisibles, y megaproyectosix como la explotación de carbón a cielo abierto, la estación portuaria son proyectos que en su opinión avasallan a la población.

La resistencia, la resiliencia y los elementos culturales, en general, juegan un papel muy importante en el pacífico colombiano:

“Como cultura afro somos ricos. Podemos ver que las canciones, la poesía, todo está relacionado con el marco del conflicto: sacan danzas donde narran la violencia, las historias y se visibiliza cómo salir de ella. Las expresiones culturales están narrando el conflicto, el abuso sexual contra las mujeres. Muchas organizaciones han incorporado lo cultural como estrategia de recuperación terapéutica”, añade Jackeline Micolta.

Otra forma de expresarse, que han elegido las mujeres, son los murales. Sirven para visibilizar cualquier problemática, es comunicación masiva y contribuye a la prevención. En los murales se representan los estereotipos que deben eliminarse; además,  ayudan a explicar que la violencia contra la mujer no es un asunto privado, es público.

Los murales fueron pintados para expresar que a las mujeres no les gusta que las maltraten, que merecen vivir una vida libre de violencias y esto es representado de múltiples maneras, un faro, una mariposa volando, entre otras.

Las mujeres de Buenaventura han participado en la elaboración de murales, en mesas de trabajo y han establecido alianzas para aumentar el impacto de sus acciones a favor de los derechos humanos.

Respuestas institucionales

¿Qué han hecho las instituciones del Gobierno para responder ante esta problemática? Ofrecer atención e intervenir en los casos de las mujeres violentadas sexualmente requiere sumar esfuerzos. De acuerdo con Luz Nefalia Alegría, de la secretaria de Convivencia, Mujer y Género, del distrito de Buenaventura:

“No es un trabajo que podamos hacer solos. En Buenaventura se trabaja en una mesa inter-sectorial donde están instituciones que hacen parte de la ruta de salud género, de violencia, y salud mental. Las organizaciones de mujeres son las primeras en atender porque están en la comunidad y porque hay un lenguaje desde lo afectivo, desde la cercanía”.

Además participan algunas entidades de cooperación internacional, secretarías tales como las de salud, educación, de convivencia, mujer y género; además Medicina Legal, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que suman conocimientos para intentar responder a las necesidades de las mujeres del puerto.

Según esta funcionaria local: “Estamos en el mejor momento de trabajo en equipo. Otra ganancia es el comité interinstitucional que exige transversalidad, en todas las secretarías, para cambiar esquemas de género y hablamos de mujeres, hombres, los colectivos Lgtbi y sobre los roles”.

Si bien Luz Nefalia destaca los avances en esta materia, Bibiana Peñaranda considera que la salud mental no es un problema que se tenga en cuenta dentro de las afectaciones que tienen las mujeres que sufren violencia y que para las empresas prestadoras de salud (EPS) no es un asunto prioritario.

En esta área se desempeña Margarita María Cañaveral, coordinadora de salud mental del Distrito Especial de Buenaventura, quien afirma que se ha logrado el posicionamiento del componente de salud mental, como un derecho fundamental, y que la salud mental y violencia, por asunto de género, es importante en las agendas locales.

Peñaranda aclara que en la Mesa intersectorial el tema de la salud mental se introdujo en el año, 2015, como elemento para tratar porque la salud mental es importante. “Es necesario para crear rutas y exigir derechos –explica Peñaranda- eso en términos institucionales, pero no hay una caracterización precisa ni plan de acción tan claro”.

Por su parte, Margarita María explica que: “Estamos preparando un plan para la recuperación emocional de las mujeres víctimas de la violencia sexual que han sido atendidas en la mesa de violencia por asuntos de género”.

Margarita es consciente de que aunque el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas (Papsivi) atiende diferentes problemas de la población víctima del conflicto armado, por las características de la violencia sexual y las condiciones de los tiempos de la intervención que estos equipos hacen por familia, es difícil que estos casos sean diagnosticados. “Además el tratamiento psicológico no alcanza a ser abordado por estos equipos –explica Margarita- ya que la recuperación de las víctimas no puede estar sujeta a un número de horas ni de sesiones determinado”.

“El Papsivi al identificar a una víctima de este tipo le ofrece la atención inicial, pero según las condiciones de la situación traumática debe hacer la remisión a la EPS de la víctima para que la EPS cumpla con las obligaciones que establece el Plan obligatorio de salud (POS) y lo definido en el Acuerdo 029 de la Comisión Reguladora en Salud donde se define el tipo y número de sesiones que la víctima requiere”.

La psicóloga Natalia Sánchez de Casa de la Mujer afirmó en entrevistax: “En nuestra experiencia, el Papsivi en Buenaventura en el año 2014 no operó. Entonces uno dice: ¿Buenaventura uno de los sitios más críticos en violencia sexual y que no opere el Papsivi? Que la Unidad de Víctimas estuviera en Cali y sea esto difícil para la gente son aspectos cuestionables”.

En el año 2015, Julián Calero, psicólogo de la Unidad de Víctimas atendió en Cali y Buenaventura. En Buenaventura ha atendido casos como los de Salomé y Briseida, entre otros.

Ha visto en muchas mujeres el sentimiento de desesperanza por la impunidad ante la violación de sus derechos humanos y la dificultad para narrar aquello que les pasó.

“Desde la Unidad de Víctimas se realizan atenciones únicas para generar remisiones al Papsivixi; sin embargo, dada la alta demanda de atención, por el impacto que el conflicto genera en esta región del país, se articula el trabajo con instituciones no gubernamentales como El Comité internacional de La Cruz Roja (CICR), Médicos Sin Fronteras (MSF), Heartland Alliance, a través del Proyecto Acople, que cuentan con profesionales especializados”.

Estas organizaciones pueden extender el número de sesiones mientras que las sesiones del Papsivi son cinco. La posibilidad de ser derivados al acompañamiento por parte de organizaciones no gubernamentales ocurre cuando las personas así lo desean, dice Julián Calero, pues la noción de salud mental no es familiar para quienes provienen de las veredas y los corregimientos de Buenaventura.

“Muchas personas se niegan a tener el acompañamiento por considerar no estar enfermas. Por ello no se maneja el tema directamente en el espacio de la Estrategia de Recuperación Emocional. Se explica que es un acompañamiento a causa del impacto emocional que genera la guerra en sus vidas y cuyo objetivo es aportar herramientas para disminuir el dolor y el sufrimiento”, explica Calero.

Una de esas organizaciones independientes que trabajan en Buenaventura es Médicos Sin Fronteras (MSF). Daniel Macía, psicólogo cartagenero, miembro del equipo de Salud mental, señala que en sus interacciones con los consultantes utilizan el término sobreviviente pues desculpabiliza, desvictimiza y genera empoderamiento de su situación.

“En este proyecto estamos centrados en salud mental, en la parte emocional y cognitiva de las personas y en cómo se ve afectada por eventos violentos. Vemos la salud como un concepto único que incluye parte física y mental”, comenta Macía.

El acompañamiento que ofrece Médicos Sin Fronteras a mujeres que fueron violentadas sexualmente y torturadas no tiene un tiempo determinado. “Esto depende de la rapidez con que mejoran –agrega Macía- con la que recuperan su funcionalidad. Intentamos hacer intervenciones muy puntuales enfocadas en las situaciones de violencia”.

El proceso de recuperación está ligado también a los recursos de afrontamientoxii, que es la capacidad de respuesta de la personas a los hechos violentos, y de la disposición que tengan. “Hace unos meses -dice Macía- iniciamos un Centro de Atención Psicológica telefónica, gratuita y confidencial, siete días a la semana llamando al #335. Tenemos también varios equipos en la Isla, en las comunas y el casco urbano, se trabaja con base en una programación”.

El servicio que ofrece MSF procura no ser en una sola dirección. Se nutre de las formas locales de concebir la vida, y la salud, e incluye en su equipo a trabajadores de la región quienes conocen la situación de Buenaventura.

Al preguntarle a Daniel Macía por la diferencia entre esta atención y la del Papsivi señala: “No hay camisa de fuerza, en cuanto al número de sesiones para afrontar la situación e intentamos llegar a personas que difícilmente tienen acceso a la atención”.

Promoción y prevención

Ante la gravedad y la sistemática violación de los derechos humanos en Buenaventura, y las afectaciones que producen, todo esfuerzo parece insuficiente; otro obstáculo es el acceso a la atención.

Por ello, Médicos Sin Fronteras tiene un componente en psicoeducación, a través de las consultas, en las cuales explican a los consultantes sobre lo que viven y hablan sobre salud mental.

Además cuentan con espacios de formación para identificar signos y síntomas que hablen de un posible caso y poder brindar primeros auxilios psicológicos. “Ofrecemos talleres a docentes porque esos primeros momentos de crisis son fundamentales. Los talleres varían dependiendo del grupo y de la disponibilidad. Se hacen cada 15 días, o cada tres semanas, y consisten en cuatro sesiones de tres horas por sesión”, afirma Daniel Macía.

Por su parte el psicólogo de la Unidad de Víctimas, Julián Calero, explica que realizan acciones, dentro y fuera del territorio, y campañas para prevenir la violencia de género y el maltrato infantil.

La Unidad de Víctimas participa en espacios interinstitucionales como la mesa intersectorial y la mesa de salud mental. “Sin embargo -aclara Julián- las acciones que ahí se plantean son para toda la población, y el rango de acción de la Unidad de Víctimas se limita a personas víctimas o en riesgo de sufrir hechos victimizantes”.

Las acciones dirigidas a diferentes sectores de la población agrega Margarita María, coordinadora de salud mental de Buenaventura, están definidas en el plan de intervenciones colectivas que contempla: violencia escolar, violencia intrafamiliar, violencia social y política y violencia sexual, esta última se trabaja de la mano con la mesa de violencia por asuntos de género, la secretaría de educación y con salud sexual y reproductiva.

Estás acciones son importantesxiii. No obstante, en opinión de Bibiana Peñaranda es incipiente lo que se hace en salud mental porque depende del sistema de seguridad social. “Se está empezando a visibilizar el asunto (…) Creo que se necesitan instituciones sensibles –asegura- frente al tema de salud mental y que puedan hacer la relación entre el contexto familiar, social y no como problema personal sino social”.

Bibiana, reconocida lideresa de la ciudad, comenta que en la mesa contra la violencia y la salud mental se sensibiliza para darle nombre y ponerle rostro a la afectación mental.

Allí trabajan para que se conozcan las leyes, los derechos, para crear atención, protección y prevención y trabajar con esos tres elementos. La mesa se reúne una vez al mes.

Retos en salud mental

Según Médicos Sin Fronteras, que hace parte de esas mesa, algunos retos son el acceso a los servicios de salud mental, contar con profesionales preparados para atender a la población, asegurarle acompañamiento y control del tratamiento a personas con necesidades psiquiátricas.

En ese mismo sentido se expresa Julián Calero para quien uno de los retos tiene que ver con el sistema de salud: “Es precaria la atención, además que el negocio de la salud en Colombia pasa por encima de cualquier principio como el de la humanidad y de cualquier derecho como el de la vida”.

Uno de los principales aspectos para avanzar en salud mental está el servicio que prestan las empresas prestadoras de salud. “En el distrito una de las principales dificultades es la implementación de los planes de atención que deben tener las EPS según los establece el POS, pues son ellos los responsables de la recuperación física y emocional de las víctimas. Se requiere que cada EPS implemente un plan de atención que acoja el acuerdo 029 y lo establecido en la Ley 1616, o Ley de salud mental, disponiendo de una adecuada red para la prestación de los servicios tanto en la mediana como la baja complejidad”, reitera Margarita María Cañaveral.

Además, insiste Cañaveral, es necesario fortalecer la labor interinstitucional, con lo que se ha logrado articular la mesa de violencia de género y la mesa de salud mental para seguir trabajando por los derechos de esta población.

Tratamientos cortos y carencia de un enfoque diferencial son otras falencias a superar. “Estamos a años luz del enfoque diferencial. Falta que los funcionarios y funcionarias del Estado se sensibilicen, que dejen de revictimizar a las mujeres, que conozcan qué es una violencia de género y étnico y dejar de suponer que ella se lo buscó (…) mientras estemos en la legitimación de la violencia los enfoques diferenciales no se darán porque les diremos que es por culpa de ellas (…) la estructura debe cambiar y ponerse al servicio de las personas”, señala Bibiana Peñaranda.

Bibiana y Danelly, ambas mujeres afro y activistas, consideran que se debe analizar, al hablar de salud mental y violencia, un enfoque de desarrollo que no responde a lo que las comunidades quieren.

No hay bienestar integral porque amenazan otras formas de vida. Nosotros comprendemos que para nuestra subsistencia necesitamos de esas otras formas de vida. El carbón contamina el aire, los lixiviados afectan los peces, si no se pesca esto afecta la práctica tradicional (…) –afirma Danelly- nosotros somos erradicados al ser contaminado ese pez. Para nosotros estar bien, que es bienestar, es estar bien en todos los sentidos: la parte física, emocional, mental, en lo organizativo, el medio ambiente, en los lazos de afinidad y familiaridad”.

Danelly cree que es necesario dar explicaciones acerca de la violencia como estrategia para imponer un modelo económico que favorece a las empresas privadas.

Bibiana expresa esa misma preocupación por el territorio. “Las mujeres tenemos una forma de mirar el territorio pero no nos permiten vivir como queremos vivir. Hay que seguir cuestionando el sistema patriarcal”.

Mientras persisten la violencia sexual contra las mujeres, las múltiples violencias en Buenaventura y los retos a superar para responder satisfactoriamente a las afectaciones emocionales y físicas que deja el conflicto armado, las mujeres afro siguen trabajando.

Mercedes Segura, exdirectora de la Fundación para el Desarrollo de la Mujer (Fundemujer), quien ahora hace parte de la secretaria de Convivencia, Mujer y Género, considera que la resiliencia de las mujeres del pacífico colombiano es clave para seguir adelante.

“Las mujeres surgen de las cenizas con más ganas de seguir aportando a través del comadreo para brindar apoyo. No nos amilanamos –dice Segura- hemos creado redes de solidaridad que nos permiten salvaguardar la vida, que es amenazada por defender los derechos humanos. Las mujeres no se echan para atrás”.

Ellas se reúnen en círculos de saberes, encuentros comunitarios donde vuelven a las historias, leyendas, a los cantos, a las poesías, toman vichexiv, y organizan lunadas de solidaridad en los barrios en fechas especiales como el día de la madre, del padre y de la no violencia contra las mujeres, entre otros.

Su forma de ver el mundo, su cultura pacífica de resolución de conflictos es una manera de resistir la violencia que los ha permeado. “Estamos convencidas de que el comadreo nos puede ayudar a desestructurar esa violencia”, asegura Bibiana Peñaranda.

La representación de Buenaventura en los medios de comunicación: organizaciones sociales y gubernamentales recomiendan:

  • Visibilizar el abuso sexual sin revictimizar a la mujer
  • Utilizar fuentes confiables
  • No apelar al morbo, a la cantidad de muertos, a describir cómo asesinan, etc.
  • Evitar fotos morbosas
  • Mencionar las causas y el contexto
  • Hacerle seguimiento a las noticias
  • Despojarse del lenguaje sexista
  • Escribir en clave de mujer el sentir de las mujeres
  • Menos amarillismo
  • Menos clasismo
  • Mostrar las fortalezas de las personas
  • Mostrar los esfuerzos comunitarios
  • Utilizar la comunicación afectiva y asertiva con las supervivientes
  • No presentar los hechos de una manera fría
  • Ofrecer análisis e informes sobre la estructura de la violencia
  • Presentar la guerra detrás de los megaproyectos

Notas:

i Buenaventura entre el desplazamiento interno y la muerte. http://www.rebelion.org/noticias/2014/2/181274.pdf

ii ¿Qué es el Proceso de Comunidades Negras? http://www.prensarural.org/recorre/pcn.htm

iii Nombre cambiado a petición de la persona.

iv Es un colombianismo que se usa coloquialmente y reemplaza al anglicismo shorts

v Nombre cambiado a petición de la persona.

vi La violencia sexual en Colombia, un arma de guerra. https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/bp-sexual-violence-colombia-sp.pdf

vii “Hay un sistema de creencias y de prácticas alrededor de la violencia sexual donde se termina revictimizando a la víctima”, Natalie Sánchezhttp://linkis.com/radiomacondo.fm/Hay_un_sistema_de_cr.html

viii Denuncian amenazas contra dos líderes sociales en Buenaventura http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/denuncian-amenazas-contra-dos-lideres-sociales-buenaventura

ix Buenaventura: Genocidio invisible ante nuestros ojos. http://www.es.lapluma.net/index.php?option=com_content&view=article&id=6068:colombia-buenaventura-genocidio-invisible-ante-nuestros-ojos&catid=116:debates&Itemid=490

x “Hay un sistema de creencias y de prácticas alrededor de la violencia sexual donde se termina revictimizando a la víctima”, Natalie Sánchez http://linkis.com/ye9XI

xi Programa de Atención Psicosocial y salud integral a víctimas (Papsivi) https://www.minsalud.gov.co/proteccionsocial/Paginas/Victimas_PAPSIVI.aspx

xii Son recursos y esfuerzos, cognitivos y de comportamiento, orientados a resolver el problema, reducir o eliminar la respuesta emocional o a modificar la evaluación inicial de la situación.

xiii Entre las acciones que adelantan están difusión de la Ley 1257, violencia contra la mujer, la Ley 1620, convivencia escolar, y derechos humanos, con una mirada integral e integradora, que incluye otras afectaciones relacionadas con la violencia como es el consumo de psicoactivos.

xiv El Viche http://llegoelviche.blogspot.com.co Lea también: http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-316577.html

*Este texto aparece en el libro Salud mental y “posconflicto” de la misma autora que puede descargar gratis en la sección publicaciones e investigaciones.