“El testimonio crudo es obsceno”, Marcelo Viñar

Marcelo Viñar, psicoanalista uruguayo.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones.

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

FSJ: ¿Cuáles son los efectos sociales, simbólicos y psíquicos que pueden tener en las personas las diferentes narrativas que elija el periodista?

MV: Bueno, usted es periodista, así que la pregunta es al revés, del sabio al ignorante.

FSJ: No… el sabio es usted Profesor. Escuché su intervención en el Foro: Conocer y representar y me impactó su análisis sobre este tema.

MV: Un periodista, yo lo entiendo como el oficio de un portavoz, del que toma algo de lo caótico, del saber que circula en lo social. Los seres humanos construimos lo social para vivir, lo que nos caracteriza es nuestra condición de seres hablantes en intercambio con otros y la diversidad. El periodista es una especie de esponja que trata de empaparse, de mojarse con la diversidad caótica de las informaciones que circulan y darles una cierta organización, que pasa por su aparato mental.

Cuando la información que circula en la vida humana lleva grados de intensidad y de violencia como las que se viven en Colombia, la tendencia frente al horror es la de huir, de espantarse, de ausentarse. Entonces hay un efecto de silencio, de vacío representacional.

Algunos pensadores franceses dicen que el horror  fascina y espanta; es decir que nos atrae pero nos hace huir. La función del periodista[i] ahí es frenar ese movimiento de huida, restituir la palabra donde puede haber un vacío representacional y silencio.

FSJ: Eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo evitar que -por esa fascinación que produce el horror- la representación de la violencia se convierta en una puesta en escena en los medios?

MV: Bueno, la trivialización sobre todo desde la televisión aunque también en el periodismo escrito puede ocurrir lo mismo- el hecho de banalizar el dolor humano  simplificándolo a grados caricaturescos puede ser un peligro. ¿Cómo inventar algo menos crudo que el testimonio crudo? Cómo crear un relato recibible para conmover al lector, es parte de la creatividad y la función del periodista, del narrador.
Cuando el hombre no puede decir algo de manera sencilla, crea destrezas o talentos especiales; del amor hablamos todos los seres humanos pero solo los poetas lo dicen con elocuencia. A mí me gustaría pintar como Van Gogh pero no puedo hacerlo. Ahí hay un problema el talento, de la creatividad de cada ser humano para poder conmover, eso lo logran solo los creadores.

FSJ: Nosotros tenemos ese rol, de portavoz como usted lo llama pero ¿En qué lugar de enunciación debe ubicarse el periodista para que en el proceso creativo no despoje de voz  al entrevistado, a quien comparte su testimonio sobre la violencia?

MV: Ese es un problema de cómo representar y no sustituir.

FSJ: Exacto, esa es mi preocupación constante como periodista.

MV: Está la famosa frase de Primo Levi: “Los verdaderos testimonios no están porque los que podían dar el testimonio, para testimoniar el horror estamos solo los sobrevivientes”.

El sobreviviente siempre ha pactado en algo con el régimen opresor para poder testimoniar después. Yo creo que es humano pagar un precio frente a una situación de opresión para poder testimoniar y defender la vida aún a costa de la humillación. Entonces hay que hacer el esfuerzo de ser un buen portavoz, de ser un buen intermediario de aquél que no está, de restituirlo a través de la palabra y el recuerdo.

La figura del desaparecido en el Cono Sur: Argentina, Uruguay y Chile, decenas de militantes que eran “chupados”, que desaparecían; no se sabía si estaban en la cárcel o cómo estaban.

Eso con el tiempo es un problema muy grande: ¿cómo hacer el duelo de alguien que no se sabe si está muerto? ¿Cómo una familia que se va puede vender una propiedad que co-pertenecía a un desaparecido?

Una madre cuyo hijo desaparece, sin la certeza de que está muerto, aunque estadísticamente sabe que lo está; obligarla a ella a ser la que pronuncie que está muerto es de una violencia inconmensurable. Eso es lo que Gilou García Reinoso llama: “Matar la muerte”.

El desaparecido rompe con todos los rituales que permiten desatar un proceso de duelo. Un desaparecido es un muerto vivo o un vivo muerto; un no estar que no se sabe si es muerte o ausencia y eso crea duelos muy especiales, que obligan al familiar, no al asesino a dar el testimonio de muerte, suprime los rituales de despedida.

FSJ: Usted dice que el periodista es un portavoz, pero es un portavoz que tiene poder al igual que el académico cuando hace un informe de memoria. ¿Cómo reducir ese poder entre el periodista y la persona que comparte su testimonio?

MV: Hay un problema ético ahí. Hay un problema de decencia entre el poder organizar tratando de ser consecuente con la realidad, que a uno lo ha atravesado, y el ser un mercader de mentiras y deformar la realidad por intereses espurios.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones. Es un problema de ética profesional.

FSJ: Gabriel Gatti, sociólogo uruguayo, habla de la recurrencia de sustantivos como “víctima”, “vulnerable”, “marginal” que se  constituyen en categorías sociales. ¿Con qué otros sustantivos podrían ser reemplazados éstos? Tal vez persona victimizada, sobreviviente… Me pregunto eso cada vez que escribo y no encuentro muchas opciones. Yo encuentro persona victimizada, persona en situación de vulnerabilidad en lugar de “vulnerable”, pero no es fácil hallar otras palabras.

MV: Hay una colega suya, Eliana que escribe sobre las vidas que nadie ve. Ella se opone a la categorización; al escribir sobre las vidas que nadie ve, piensa que cada ser humano tiene una insustituible singularidad y que en las situaciones extremas, esa que categoría que llamamos “víctima”, reduce la diversidad humana a una homogeneidad.

Preservar la singularidad es fundamental. Pero cuesta tanto trabajo reconocer lo que es singular en cada ser humano que entonces los unificamos en categorías. Categorizar es reducir realidades, que no tenemos tiempo de digerir, en regularidades observables, que simplifican y ordenan el caos.

Yo creo que hay un trabajo a superar que es reconocer qué es lo propio de ese ser humano singular. Hay muchos modos de ser “víctima” (…) En las situaciones extremas como la tortura, los modos de reparar esa situación agresiva, en lugar de homogenizar se debe observar que cada uno tiene sus propios caminos de reparación del tejido psíquico.

Contra la categoría está la creatividad de lo singular, diferentes modos de relacionarse. Singularizar y categorizar son dos procesos distintos pero complementarios del conocimiento. A mí personalmente las categorías que homogenizan, y que a mi amigo Gabriel Gatti le encantan, a mí me irritan.

FSJ: A mí también… Me resisto a ellas.

MV: Es más lindo saber en qué usted es distinta y cómo podemos definir nuestras alteridades, que decir usted es mi espejo y yo soy su espejo porque somos los dos humanos, somos los dos adultos y, por ello, entonces vamos a sentir lo mismo.

FSJ: En Colombia se recurre a la imagen doliente del desplazado, del desaparecido y genera una empatía pero es momentánea, luego no se les recuerda. ¿Cómo construir desde los medios, esa compresión crítica de la violencia diferente a esa empatía pasajera que se genera frente al horror? ¿Cómo construir un mensaje más sólido, dotado de contexto?

MV: Para ello, le contesto con una categoría: una es el espectador, que es el que ve y percibe, pero no siente y, otra es el testigo capaz de compartir con empatía el dolor del otro. Si compartiéramos todos los dolores del mundo, nos moriríamos de dolor; entonces, debemos elegir dónde podemos conmovernos.

También hay un límite de sensibilidad, de proximidad; hay horrores del pasado que están a mayor distancia; uno piensa lo que fue el esclavismo, la inquisición, la Conquista de América, que fueron tan brutales, pero no nos irradian tanto como la inmediatez frente a lo cercano que tienen los dolores de la actualidad porque ahí podemos operar y actuar. Aquí operan la vecindad espacio-temporal, la disposición para conmoverse.

FSJ: En Colombia se promueve, desde los informes de memoria oficiales y desde los medios una memoria victimizada. ¿Para qué sirve esa memoria victimizada, del sufriente, no del sobreviviente?

MV: El famoso cineasta  Steven Spielberg tiene miles de testimonios del holocausto. Hace la pregunta y el entrevistado responde. Crea un Museo del Holocausto que es la acumulación de testimonios de cientos de miles de víctimas, esa es una estrategia archivista para acumular información.

El testimonio crudo es obsceno y uno se fastidia, se aburre. Si uno trata de imaginar todas las flores del mundo no siente nada, pero si ve una flor puede conmoverse por la belleza de esa flor; si son las flores generales, es una categoría anodina.

Jorge Semprún dice hay que hacer el relato de lo que ocurrió pero también hacer algo más; darle a eso no solo una crónica despojada de afectos, sino que pase la simple crónica descriptiva y que signifique los sentimientos que circularon en ese momento en la víctima; es decir, testimoniar no es decir simplemente me pasó tal cosa.

FSJ: Finalmente, en el Foro: Conocer y Representar[ii] usted dijo que una memoria excesiva es escatológica: ¿Por qué y cómo se mide el exceso de memoria?

MV: Se mide por el grado en que impide navegar en una vida feliz y creativa. La memoria es escatológica cuando se ancla en el hecho de terror y da vueltas como la noria alrededor del hecho de terror. Vivir encerrado allí, impide vivir la vida y uno es un quejoso que se lame las heridas, un gato lastimado.

Esto es perturbador para la propia víctima y para todo su entorno porque es un lamerse y gemir que no es solo propio, sino que contagia y espanta a los seres cercanos.

Vivir en función del terror impide vivir. Yo recurro a Jorge Semprún: “Una parte de uno queda siempre en el Campo de Concentración”, pero se sigue… Se divide interiormente y en otra parte de uno, uno tiene que seguir viviendo, amando, trabajando, creyendo y, de vez en cuando, visita sus recuerdos de dolor. Pero se debe  impedir que esos recuerdos de dolor ahoguen y sofoquen la felicidad del presente y del futuro. La diferencia entre el duelo y la melancolía, decía Freud, es la duraciónEl duelo tiene un tiempo de cierre, la melancolía es la perpetuidad. El dolor tiene que ser una experiencia destinada a concluir. Lo escatológico es transformar la queja en interminable.

*Esta entrevista fue publicada originalmente en Literariedad.

“Los medios tienen el deber ético de crear escenarios para que la sociedad se relacione en términos de escucha”, Juan Pablo Aranguren

Entrevista, a Juan Pablo Aranguren, doctor en ciencias sociales, magister en antropología y psicólogo y profesor de la Universidad de los Andes.

FSJ: ¿Qué campos semánticos y metafóricos se pueden utilizar para reemplazar los campos bélicos utilizados en los medios de comunicación e incluso en informes de memoria para representar a las comunidades?

 

JPA: Yo creo, que el primer elemento a considerar es que nuestro lenguaje -casi inevitablemente- ha sido impactado por la guerra. En esa medida, nuestro lenguaje, las ciencias sociales, la comunicación y el conocimiento están profundamente impactados por la guerra.

Nuestro relacionamiento con el otro, está relacionado con los marcos de guerra, como explica Judith Butler, que nos obligan a reconocer ciertas vidas como dignas de duelo y otras muertes que no valen la pena ser lloradas.

Entonces creo que el elemento fundamental, e inicial, es repensar de qué manera nuestras estructuras epistemológicas han sido influenciadas por estas dinámicas bélicas y cómo podemos reconocernos en ese otro que decimos no ser.

Muchas veces decimos: ¡no soy víctima! ¡No soy combatiente! Pero cuando replanteamos nuestra historia personal, nuestra genealogía descubrimos que muchos de nosotros o alguien de nuestra familia lo ha sido.

Puedes encontrar familias impregnadas por la dinámica de la guerra de este país. Necesitamos nuevos marcos epistémicos para reconocernos en otros, en ese que decimos no ser. Todos tenemos algo de víctimas y de cómplices. Transformar esos marcos es un punto esencial.

FSJ: ¿ Esa representación constante del victimario y la victima dignifica a las personas?

JPA: Creo, que la categoría de víctima es un concepto interesante; si bien etimológicamente viene de una idea del puesto en sacrificio, en términos legales tiene un buen recorrido porque permite reconocer que alguien te hizo daño, que no es tu culpa.

En términos legales nos dice que alguien hizo un daño y en ese sentido es un concepto justo, alude a que uno es víctima de alguien y no de uno mismo. En términos psíquicos, significa que el daño es causado por otro y no soy responsable de mi sufrimiento.

El concepto de victimario cada vez me gusta menos;  especialmente, cuando es aplicado genéricamente a todos los grupos combatientes, de los grupos armados ilegales.

A mí me parece que el concepto de victimario debería permitir diferenciar un combatiente y excombatiente y nombrarlo no solamente como victimario, pues eso nos permitiría reconocer otras historias.

El concepto victimario suena mejor cuando pensamos en grandes perpetradores de violencia como los genocidios y no porque ellos no tengan responsabilidad si no porque los combatientes son más que victimarios, tienen historias de victimización,  han tenido en sus vidas actos de compasión hacia otros seres humanos.

Además es importante destacar la diversidad entre combatientes y sacarlos del “monstruo” producido por la guerra porque a los monstruos no se los puede juzgar porque necesitan exorcismos, pero no ser juzgados.

Pero cuando reconocemos la humanidad del combatiente, entra en el ámbito de lo juzgable y de quien tenía la posibilidad de hacer o no hacer algo. 

Si reconocemos que es un ser humano y no un producto monstruoso de la máquina de guerra vemos que es alguien que toma decisiones de compasión y de asesinatos, no solo de compasión y no solo de lo bélico.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en el imaginario colectivo la representación constante y repetida de porciones de verdad por parte de los medios de comunicación?

JPA:  Yo creo que eso genera algo que Martín Baró, un psicólogo social español que vivió en El Salvador, decía: hay un efecto en la guerra por el poder de los medios de comunicación para establecer las mentiras institucionalizadas.

Las mentiras institucionalizadas son los fragmentos de verdad que se presentan como verdaderos a partir del lugar de poder que ocupan los medios de comunicación.

Por ejemplo cuando Álvaro Uribe Vélez decía que los jóvenes víctimas de ejecuciones extrajudiciales no eran muchachitos que estaban recogiendo café, eso se instaló como una mentira institucionalizada. Ese lugar de enunciación, ese mismo poder no lo tenía la madre de Soacha porque los medios no estaban a su servicio.

De la misma manera que la guerra habilita marcos epistémicos para relacionarnos con  los otros, también habilita una manera de relacionarnos con las vidas y las muertes.

Los medios se movilizan más con el secuestro que con la desaparición forzada y eso es problemático. Los medios habilitan un relacionamiento con ciertos hechos de violencia y esto provoca más compasión con unos que con  otros.

Por ello, una señora de la clase media bogotana se conmueve con el relato de Ingrid Betancur, de Alan Jara pero no con las ejecuciones extrajudiciales. Ese concepto de mentira institucionalizada nos revela mucha, y se relaciona con esas porciones de relatos como verdad imperecedera.

Algo que generan los informes de memoria histórica, sin proponérselo, es que han puesto la luz sobre ciertos hechos y oscurecen otras narrativas.  Yo tengo un pronóstico triste: creo que acá puede pasar lo que ocurrió en Chile, una vez terminaron los informes de memoria, esas voces persistentes de las víctimas se convirtieron en voces molestas, impertinentes. (Los chilenos pensaban pero sí ya se les hizo un documental, ya se les publicó un libro).

Es como pasar la página sin terminar de leer el libro. Ese pasar la página es problemático, es como: ¡ya está!, ya hicimos la tarea aunque el informe lo que indique es que la situación está tremendamente complicada.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en las audiencias hacer del conflicto armado, armado, el desplazamiento, la desaparición forzada, el secuestro un espectáculo?

JPA:  No es conveniente para la salud mental de nadie. Por ejemplo, estos escenarios de pedir perdón de los paramilitares no son emocionalmente favorables porque se cumple un requisito de la Ley de Justicia y Paz pero no es benéficoEn las audiencias el lugar de enunciación del victimario fue privilegiado y no el de la víctima, entonces se invierten los procesos.

En Argentina, en cambio, las víctimas son las que hablan y el tiempo para los “victimarios” es más corto. La estructura misma de la Ley de Justicia y Paz privilegia al victimario.

FSJ: ¿Qué efecto tiene en la persona que ha sido víctima y/o testigo de violencia ser representada como sujeto pasivo al recibir ayuda del gobierno y como sujeto activo, cuando exige y demanda del Estado algo?

JPA: Las políticas del reconocimiento implican que si eres reconocido como pobre puedes aplicar por subsidios para casas, si eres pobre y pilo puedes aplicar para becas universitarias.

Las políticas de reconocimiento promueven un lugar de enunciación incómodo para el resto de la sociedad, pero las víctimas son más que su lugar de enunciación. Una víctima puede recibir dinero un día por concepto de reparación y al otro día, ser un sujeto activo que se moviliza al igual que cualquiera de nosotros.

Los seres humanos somos más que ese lugar donde nos puso la guerra. Una manera de quebrar esas narrativas, es enunciar las víctimas más allá del sufrimiento porque son personas que hacen más cosas, son universitarios, trabajadores, etc.

FSJ: ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de las imágenes fijas, auditivas, visuales y escritas, de desaparecidos, desplazados, torturados, repetidas por los medios de comunicación?

JPA:  En mis clases de psicología comprendí que el desencanto de los estudiantes con la violencia y el conflicto armado obedecía al cansancio y agotamiento frente a estos temas.

Comprendí que ese desencanto de mis estudiantes era el reflejo de su aversión a los impactos de la guerra. Ellos me dijeron que no es que no les importara sino que estaba relacionado con una condición de exacerbación mediática de los temas lo cual ha generado un distanciamiento.

El impacto psicológico es un síntoma social, un trauma social. Un  síntoma social sería una cierta aversión, negación y toma de distancia frente a estos temas porque no queremos acercarnos a ellos, queremos ver la Selección Colombia, a la gente ganando y no la guerra.

Otra consecuencia fue el impacto psicosocial del asesinato de candidatos políticos en los años 90. ¿Por qué las nuevas generaciones no somos capaces de llegar a algo más pleno? Porque asociamos la política con el dolor y el sufrimiento y es difícil que esta generación se lance a la política, asociada con la muerte.

FSJ: ¿La forma en que los medios representan la violencia obstaculiza o retrasa el proceso de superación de la condición victimizante por parte de las personas?

JPA: Creo no tienen el poder de retrasar o empujar, pero sí tienen un deber ético de crear escenarios para que la sociedad se relacione en términos de escucha. Esto es posible utilizando otros sonidos, otras voces y cambiando el espectro auditivo para que no resuene con lo mismo.

Los medios de comunicación son recurrentes en el desencanto y fijación de los mismos sonidos. Por eso necesitas escuchar otro tipo de enunciación de voces, que nos hablen de la violencia de otra manera que nos permitan salir del embotamiento en que hemos caído con esa reiteración de sonidos e imágenes, para eso está la literatura el cine, es buscar otros lugares de enunciación, ver otra cosa.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en la salud mental de los colombianos el discurso de la impotencia construido por los medios de comunicación para representar a las víctimas?

JPA:  Primero, habilita un tipo de ideas sobre las  víctimas relacionadas con un ser humano desprovisto de agencia y de condiciones económicas favorables, de asociación de las víctimas con el pobre y el pobrecito.

Esto hace que, como sociedad, la narrativa de víctima que se ha instalado es la de alguien que solamente sufre, pero quienes los conocemos sabemos que son seres “con agencia” no son solo seres sufrientes y mares de lágrimas, sino capaces de movilizarse social y políticamente, y que también algunos pueden ser pusilánimes y mediocres.

FSJ: ¿Cómo informar sobre  hechos violentos sin recurrir al efectismo, al horror y el miedo en las noticias?

JPA: Reconociendo en las experiencias de violencia no solamente el daño ni el hecho violento sino al sujeto que vivió el daño porque caes fácilmente en narrar la tortura. Narrar desde la tortura y no hablar del sujeto torturado, que resistió, se enfrentó con dignidad, se entregó que son actos que nos permiten reconocer el sujeto no es solo la tortura sino que se convierte en ese hecho que narra porque le preguntamos solo por eso.

Lo mismo pasa con los combatientes y ex combatientes. Si les preguntas  a los niños excombatientes por un solo tema hablará solo de eso. Pero el sujeto es más que esas narrativas de efectividad del daño.

Hay una relación entre dos, entre el que enuncia y el que pregunta, que puede ser el periodista, el psicólogo, el investigador, el abogado. Debemos reconocer que hay dos sujetos: el que pregunta y escucha y el que habla y enuncia; además, promover una escucha ética, no de subalternización del otro.

Cubrimiento responsable y medios de comunicación

 

“El prejuicio es una actitud hostil o negativa hacia un grupo distinguible basada en las generalizaciones derivadas de información imperfecta o incompleta”, Eliot Aronson. 

Este Lexicón fue elaborado en España con información de diversas fuentes, incluida la Organización Mundial de la salud (OMS). Ofrece ejemplos prácticos sobre lo que se debe evitar al reportar sobre el tema.

Lexicón hace énfasis en la responsabilidad que tienen los medios de comunicación al informar de una determinada manera y fijar en la sociedad imaginarios erróneos o acertados sobre el tema.

Esta guía contiene un glosario básico sobre algunos trastornos mentales, los más comunes, y estadísticas. Además, sugerencias sobre el vocabulario a utilizar al escribir sobre personas que vivan con ellos.

Términos tales como “loco”, “perturbado”, “lunático”, “paranoico”, “demente”, “trastornado” y “maníaco”, que estigmatizan y desinforman, no deben ser usados en los medios de comunicación.

Al final del Lexicón hay una lista de  fuentes de organizaciones y especialistas que pueden ser consultadas desde cualquier país para escribir con rigurosidad sobre este fundamental tema.

Mejore su cubrimiento sobre salud mental, descargue la guía: Lexiconguíasaludmental

 

De como el periodismo estigmatiza la salud mental

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Titulares sensacionalistas, falta de exactitud en la información y relacionar la enfermedad mental con la violencia son algunas de las fallas al informar sobre salud mental.

“Un esquizofrénico podría estar a su lado” [i]. Un titular sensacionalista [ii], que reduce al individuo a su enfermedad, un texto sin contexto, estigmatizante y que generaliza sobre la supuesta agresividad de todas las personas con esta enfermedad, es un ejemplo claro de lo que se debe evitar al escribir sobre salud mental.

Y estos otros también lo son: “Aranzazu: pueblo de bipolares”[iii] y “50 por ciento de los pilotos en Colombia sufrirían de depresión”[iv], éste último publicado cuando circulaban noticias del avión de Germanwings[v], que se estrelló en los Alpes, y concluían que la causa del accidente fue la depresión del copiloto.

En el caso del avión, Simon Wessely, presidente del Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido (Royal College of Psychiatrists) aseguró que afirmar que la depresión llevó a Andreas Lubitz[vi] a estrellarlo “parece ser irresponsable y perjudicial”, dado que “muchas personas son diagnosticadas con ese trastorno […] lo cual no les impide ser profesores, abogados o médicos”[vii].

El mayor error es establecer una relación causal entre la enfermedad mental de una persona y una acción, dice Lawrence Kutner, psicólogo y director ejecutivo de Stanford Pre-Collegiate Studies, de la Universidad de Stanford.

“’Él sufre de esquizofrenia… lo cual hace atacar a su vecino’; hay muchas personas con esquizofrenia que no actúan violentamente. ‘Ella se mató debido a su depresión’, etcétera (…) es tan fácil simplificar, reducir, que los reporteros y editores lo hacen todo el tiempo”, asegura.

Sin embargo, los medios pueden, y deben, jugar un papel importante en la reducción del daño a quienes tienen alguna enfermedad mental y no son tratados efectiva y humanamente.

“En muchas partes del mundo, la enfermedad mental sigue siendo vista como un déficit personal, un fracaso religioso, como una maldición”, insiste Kutner.

Por ello es necesario informar con exactitud, incluir el contexto cultural y tratar temas como la culpa y la vergüenza sobre los cuales no se habla.

“El problema es la pobre calidad al reportar, la cual tiende a reforzar el estigma. Como consecuencia de esto, personas que necesitan ayuda se sienten avergonzadas […] tal vez sientan culpables por su enfermedad mental, tal vez crean que nada se pueda hacer […] y son caricaturizadas como personas locas o chifladas, esto tiene profundas implicaciones en políticas públicas”, finaliza Kutner.

A pesar de las generalizaciones y los estereotipos, las personas con esquizofrenia y depresión conviven con la enfermedad en diferentes maneras. “Muchos de los que experimentan un problema de salud mental están trabajando, sosteniendo a su familia y tratando de estar mejor”, dice Melissa McCoy, consultora de medios y especializada en cobertura periodística en salud mental.

La forma como los medios reportan[viii] sobre salud mental tiene un enorme impacto en cómo la gente ve este asunto. “Otra falla común es tratar a las personas con enfermedades mentales como si fueran peligrosas[ix]. La mayoría de las personas con enfermedades mentales nunca dañan a nadie, aunque a veces se dañan así mismos”, sostiene McCoy.

En Estados Unidos, por citar un ejemplo, la incidencia de crímenes contra personas con enfermedades mentales es más de cuatro veces mayor que en el resto de la población; es decir que son víctimas de violencia  y no perpetradoras como insinúan los medios[x].

Por su parte, la Doctora Glenda Wrenn,  profesora asistente en psiquiatría y ciencias del comportamiento de la escuela de Medicina Morehouse en Atlanta sostiene que: “Yo creo que el error más común de los periodistas es no estar  preparados para representar el tema. Ellos saltan al aspecto sensacionalista de la historia y pierden la oportunidad de abordar asuntos más profundos y apremiantes”.

En opinión de Yahira Rossini Guzmán, jefa del área de salud mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana de Bogotá: “Los medios, en general, sí informan sobre salud mental, pero están muy sesgados hacia ciertos temas; además se relaciona cualquier tipo de enfermedad mental con delitos o con el suicidio y el consumo de sustancias”.

En los medios hay temas más representados que otros. “Los más frecuentes son la ansiedad y la depresión, el consumo de sustancias y los suicidios que son llamativos, pero pienso que estos temas se pueden ir desplazando”, añade.

Representación de las personas

Al informar sobre salud mental, otras faltas que se cometen son no investigar y caricaturizar a las personas que viven con enfermedades y trastornos mentales[xi].

Además es recomendable consultar varias fuentes y tener mucho cuidado con emitir una opinión personal y definir a la persona según su diagnóstico como ocurre en este texto: “Berenice es una bipolar bien creativa”[xii]; emitir opiniones lleva a que la población generalice sobre las enfermedades.

La representación sensacionalista y superficial de las enfermedades hace que cualquier persona que tenga depresión, como ocurrió con la noticia del copiloto de Germanwings[xiii], se convierta en un peligro a pesar de que: “Muchas personas vamos a padecer un episodio depresivo en la vida, pero la gente va a consultar menos por temor a los comentarios”, explica Yahira.

Otro aspecto fundamental al abordar la representación de las personas con enfermedades mentales es si es necesario exponerlas o no. La doctora Wrenn, explica que se requiere un permiso por parte de ellas. “Cuando nosotros escribimos sobre nuestros pacientes, hacemos lo necesario para conservar su anonimato, cambiamos los nombres. Es importante proteger la privacidad de las personas y prestar atención adicional cuando se habla de niños”.

Los periodistas deben permitir que las personas cuenten su propia historia en sus propias palabras, si quieren hacerlo, y aceptar que alguien más esté presente, cuando ofrecen su testimonio, si eso las hace sentir más seguras.

Además, es necesario entrevistar a expertos psicólogos, psiquiatras, líderes de las comunidades sobre las cuales se está hablando tales como latinos, afrodescendientes, árabes, indígenas, etcétera.

En opinión de Melissa McCoy, hay tanto estigma relacionado con la enfermedad mental que cada persona que se entreviste y ayude a explicar  lo que las personas experimentan es útil.

En igual sentido se expresa Arlene Notoro: “Tener a alguien que dé su identidad y su testimonio agrega validez al relato pero es un tema muy sensible. En cada caso se debe determinar qué tan importante es usarlo, usar fuentes no identificadas, fotos que cubren los rostros o no usarlas definitivamente. Si se está haciendo un video se debe ser muy inteligente al pensar cómo presentar a la persona”.

Al informar sobre salud mental también es conveniente hablar de las teorías, porque los profesionales en salud mental pueden ayudar al público a entender que ésta no es una falla de la persona y que las enfermedades mentales son tratables.

Información rigurosa

Al representar a las personas es fundamental no hacer daño, no re-victimizar al ser descuidados con el trabajo. Asimismo es esencial incluir fuentes institucionales y no institucionales.

“Es muy importante decir la verdad. Si no conseguimos las voces desde todos los segmentos, no estamos contando toda la historia y sabemos que algunos grupos, por razones históricas sufren más que otros”, añade McCoy.

Se debe tener cuidado con estos temas porque son difíciles de entender. Unos años atrás, recuerda Arlene Notoro, leyó una historia acerca de dos adolescentes que se quitaron la vida.

Era una narración casi romántica, comenta. Dos semanas después, otros adolescentes de esa comunidad quisieron hacer lo mismo pero, por fortuna, sus padres lo impidieron. “Esa historia estaba bien escrita, bien redactada pero no debió ser publicada nunca porque contribuía al problema”, argumenta Montoro.

En este punto, Yahira Rossini insiste en que los medios podrían ayudar a explicar cómo tener una calidad de vida mejor si se piensa en la salud mental. Algunos temas que podrían ser tratados son: prevención, calidad de sueño, manejo de estrés, sintomatología depresiva y ejemplos positivos sobre personas que se recuperan.

Por su parte, Bill Lichtenstein, presidente de Lichtenstein Creative Media, Inc. opina que es un desacierto no cubrir la salud mental como se haría con otro asunto o enfermedad.

“Los reporteros se muestran reticentes a hacer preguntas difíciles, a confirmar los datos o poner las historias en contexto […] una adecuada reportería, en cambio, ayuda a generar conciencia pública y entendimiento para reducir el estigma”.

Salud mental y medios en Colombia

La salud mental en Colombia es una parte de nuestra historia a la cual no le prestan atención ni los medios ni sociedad en general[xiv], y ésta es una causa, entre otras, por la cual aumenta la sintomatología. Pero no se puede hablar de un país enfermo, esquizofrénico ni hipertenso ni se puede generalizar argumenta Yahira Rossini.

Rosinni también hace un llamado para no estigmatizar, como lo hace este titular: “Enfermos mentales: ¿Una amenaza de seguridad”[xv], y a no usar términos médicos para situaciones que no lo son, como ocurre en estos casos: “La relación bipolar de Colombia con Pablo Escobar” [xvi] y “La Arquitectura esquizofrénica” [xvii], por ser esta una terminología humillante para las personas que viven con alguna enfermedad mental.

Entre tanto, Diego Rodríguez, director clínico de 
Heartland Alliance International (HAI) en Colombia, con presencia en Valle y Chocó, recomienda tener cuidado con los datos estadísticos, ir más allá de los números y darle más valor a lo cualitativo.

Además, opina que se debe reconocer que se ha banalizado la violencia, que nos hemos adaptado al trauma y es momento de sanar, de establecer relaciones sanas.

Por su parte, Daniel Macía, psicólogo y miembro del equipo de Salud mental de Médicos Sin Fronteras, (MSF) en Buenaventura cree que se debe evitar brindar información que confunda a la gente y que hable de “locura”.

También sugiere no enfocarse demasiado en el evento traumático y profundizar en el afrontamiento comunitario, visibilizar cómo se recuperan las personas, plantear esa conversación.

En igual sentido se expresa Maritza Villarreal, psicóloga, quien explica que en Colombia la mayoría de las víctimas no presentan categorías diagnósticas y que es importante presentar los daños psicosociales en contexto y no como algo individual.

Asimismo, Dora Lancheros, psicóloga y directora de la Corporación Avre, que ofrece acompañamiento y atención psicosocial a las víctimas de la violencia política, asegura que la salud mental no es un asunto de locos.

“Lo que sentimos es normal en un contexto anormal […] Es importante tratar el tema de salud mental como un asunto de interés publico, promover educación en riesgo y contextualizar siempre las experiencias”, agrega.

Los medios de comunicación cumplen un papel primordial en los conceptos que las personas tienen con respecto a muchos temas, entre ellos la salud mental.

Por ello, Yahira Rossini asegura que el gran reto que tienen los medios de comunicación, es ayudar a todos, a los médicos, a los psiquiatras, a enseñarles a las personas con argumentos.

 

 

Desmitificando la salud mental

La guía publicada este año por Obertament, organización creada en el año 2010 en Cataluña para luchar contra el estigma y la discriminación que viven a diario las personas con problemas de salud mental, es una herramienta  práctica para saber qué errores evitar al informar sobre salud mental.

En esta sencilla guía periodistas, profesionales y empíricos, encuentran elementos a tener en cuenta antes de informar y evitar así generar más estigmatización sobre esta población.

Este manual que contiene diagramas y viñetas lista errores a evitar, el lenguaje más apropiado y también sugerencias acerca de nuevas formas de representar la salud mental en los medios de comunicación.

Además hace observaciones para quienes realizan documentales, reportajes, series de televisión y/o películas. Propone fuentes especializadas para ofrecer al público una información más rigurosa que no caricaturice a las personas.

Dejar a un lado los estereotipos que sirven de fundamento para discriminar a quien vive con un problema de salud mental, buscar nuevas formas de narrar, centrarse en la resiliencia, y recordar que a un ser humano no lo define una condición física o mental, son factores que contribuyen a eliminar la discriminación contra esta población.

No hay excusas para no ofrecer una información de calidad. ¡Consulta esta guía y mejora tu cubrimiento sobre salud mental!

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México: Cubrimiento periodístico criminaliza y hace apología de la violencia contra la mujer

Argentina Casanova fundó el Observatorio de Violencia Social y de Género en CampecheEs comunicadora, defensora de derechos humanos y feminista mexicana. Dedica todo su tiempo a la defensa de los derechos humanos de las mujeres y al acompañamiento de víctimas.

Atiende a víctimas de violencia sexual, de violencia familiar e institucional que viven a diario miles de mujeres en su país. Apoya con contactos, redes y feministas de otras ciudades e incluso de otros países para su atención y acompañamiento en litigios, atención psicológica, acceso al aborto o acciones colectivas.

Además escribe planes o proyectos con perspectiva de género, hace incidencia, mucha incidencia, por los derechos de las mujeres. Argentina afirma: “lo que hago no es un trabajo sino un principio de amor a la “prójima”.

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo. Fotos: Cortesía de Argentina Casanova.

*Argentina utiliza el término feminicidio porque en México este hace parte de la Ley de acceso a una vida libre de violencia. Feminicidio  incluye no solo la violencia que priva de la vida a una mujer, explica Argentina, sino la violencia estructural en las instituciones. El feminicidio implica la violencia feminicida institucional cuando hay omisiones por parte del Estado, las cuales contribuyen a generar escenarios para que se cometan asesinatos de mujeres.

FSJ: ¿Relacionan los medios de comunicación la violencia contra la mujer con la salud pública y colectiva?

AC: Infortunadamente, a pesar de que hay estudios importantes sobre el impacto de la violencia de género en la productividad de las mujeres, pues son una importante fuerza de trabajo, las políticas públicas no se traducen en una preocupación o una prioridad en la agenda desde la perspectiva de la salud y el impacto en lo colectivo.

La premisa de que la violencia de género es un asunto que ocurre a puertas cerradas y de que “el marido tiene derecho a golpear un poco a su mujer”, no es asunto del pasado. En las comunidades rurales persiste la desatención a esta problemática.

FSJ: ¿Qué tan frecuente es el cubrimiento crítico y preventivo de la violencia sistémica contra la mujer?

AC:

FSJ: ¿El surgimiento de medios, alternativos y tradicionales, que enumeran el número de muertes y hacen perfiles de los asesinos contribuye a frenar la violencia contra la mujer?

AC: La multiplicidad de coberturas no ha significado en todos los casos un análisis. No se trata de contabilizar los feminicidios porque esa tarea la hacen defensoras y periodistas, desde el año 2003, el objetivo no son los números sino la incidencia.

Conocer las características de los hechos es importante para incidir en la tipificación del feminicidio a partir de probar que hay patrones de conducta de saña y de extrema brutalidad, que hablan de la violencia contra el cuerpo de las mujeres.

El Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios de México recibe información de defensoras, quienes siguiendo una metodología específica analizan  aspectos que permiten conocer el estatus judicial de los casos.

En algunos casos se han añadido particularidades como el número de niños y niñas huérfanos cuando ocurren feminicidios y casos de feminicidios-suicidios y patrones de los agresores; además, aportan análisis que van más allá de la desafortunada moda de la enumeración sin metodología.

FSJ: ¿Qué impacto tiene ese cubrimiento periodístico en la salud colectiva, en la comunidad donde vivió esa mujer?

AC: Las coberturas son una extensión de la violencia feminicida. Por un lado, una cobertura que con imágenes y/o palabras criminaliza y expone el cuerpo de la mujer víctima.

Por otro, el cubrimiento periodístico como apología de la violencia. Los artículos son manuales de la defensa patriarcal de los agresores y un mensaje  aleccionador para las mujeres. El resultado de este tipo de comunicación de la violencia contra la mujer es la conciencia de riesgo permanente por ser mujer en México.

FSJ: ¿Se ha hecho algún estudio sobre el impacto de este boom de cubrimientos necrofílicos en la salud, física y mental, de las supervivientes?

AC: Hay algunos proyectos en marcha que desde un enfoque de derechos humanos y feministas alientan a la formación de observatorios de coberturas periodísticas y sus efectos en la sociedad. No conozco un estudio como tal, pero estos proyectos nos aportarán, pronto, información al respecto.

FSJ: Abundan los protocolos sobre cubrimiento de la violencia de género en los medios ¿Cómo lograr que profesionales y no profesionales del periodismo se responsabilicen por sus contenidos?

AC:

FSJ: ¿Se ha hecho algún seguimiento a quienes conocen y estudian estos protocolos para saber si mejoraron su manera de informar ?

AC: Ese es uno de los temas en los que he incidido en varias reuniones e instancias, no hay una metodología de seguimiento. No hay evaluación ni un plan de medición con indicadores para conocer si hubo o no un cambio de coberturas.  Esto ocurre también porque el tema de la capacitación se convirtió en negocio para quienes tuvieran vínculos o extraordinarios currículums en derecho, pero cero perspectivas de género.

La capacitación a periodistas ha sido ofrecida, en algunos casos extremos, por especialistas en salud infantil o de cualquier otra área a quienes les dan un manual para “cubrir una meta”.

FSJ: ¿Cómo afecta a la salud colectiva el cubrimiento periodístico no riguroso sobre la violencia contra la mujer?

AC: Es un estudio por hacerse. Personalmente, he hecho algunos apuntes y observaciones mas de las características de las coberturas que de los efectos en la salud colectiva de las mujeres.

Sin embargo, creo que hay “contaminación” por parte de las coberturas sobre la población masculina para incrementar la saña en los crímenes que se cometen contra las mujeres.

Cuando ocurrió una violación colectiva en Brasil, ocurrieron también en América Latina y México hechos similares que derivaron en procesos jurídicos aún en marcha.

Al mismo tiempo hubo un caso gravísimo de violencia contra el cuerpo de una adolescente en Argentina, quien fue empalada, y a los pocos días se presentó y difundió en los medios un caso similar en México.

Esta “sincronía” de violencia merece suma atención por las características de imitación, pero también el “encumbramiento del criminal y/o el acto criminal”; al igual que la normalización de la brutalidad extrema en la violencia contra las mujeres.

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Argentina Casanova fue una de las comunicadoras y defensoras de derechos humanos amenazadas hace unos meses en Campeche.

A pesar de esto, ella cree que en México han aprendido a vivir con un miedo que impulsa a seguir, a transformar.

Si bien la violencia y el miedo en su país no son exclusivos de un determinado género, sabe que si se es defensora, activista, comunicadora y acompaña a víctimas los riesgos aumentan.

Son riesgos que se suman a los que cotidianamente viven las mujeres y que afronta la población en este momento crítico a causa del recrudecimiento de las violencias en algunas regiones del país.

Para contrarrestar el miedo, ella pone en acción su plan de auto-cuidado: una red en la que confía plenamente, la cual la apoyó cuando fue amenazada, su plan incluye la oración, la natación, la literatura y las “amoras feministas”, quienes la abrazan -en presencia o a distancia- y la hacen sentirse siempre cuidada y amada.

“El miedo no es para paralizarnos sino para impulsarnos a hacer todo lo que podamos para salir juntas y caminar hacia una sociedad más segura para todas las mujeres”, Argentina Casanova.

Argentina es fundadora y coordinadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche.