Chile: Médicos sin marca

Entrevista a Juan Carlos Almonte es médico psiquiatra y psicoterapeuta chileno, quien atiende  pacientes de manera ambulatoria y también es docente en la Universidad de Chile, es uno de los miembros de Médicos Sin Marca de ese país.

FSJ: ¿Cómo surgió la idea de crear Médicos Sin Marca?¿Cuál era el escenario en términos de las relaciones entre los médicos chilenos y las farmacéuticas?

JCA: Médicos Sin Marca surgió a partir de la visión crítica que sus tres fundadores venían pensando de manera individual durante algunos años. Creo que a los tres nos llamaba  la atención el hecho de que no existiera cuestionamiento alguno entre nuestros colegas respecto al alto grado de interacción financiera que existe entre la industria farmacéutica y la medicina, tanto de manera grupal como individual.

Congresos que ofrecen poco más que vida social, lanzamientos de fármacos en hoteles costosos, un enfoque demasiado centrado en las terapéuticas farmacológicas en las actividades de puesta al día, etc, son el tipo de observaciones del que nació nuestra visión crítica.

FSJ: ¿Existe un colegio de médicos en Chile que investigue las relaciones entre los médicos, los laboratorios, hay sanciones por faltas a la ética por conflictos de interés?

JCA: Para la directiva del Colegio Médico, asumida durante el 2017, este es un tema prioritario. Creo que por primera vez. Anteriormente hubo intentos tibios por establecer marcos regulatorios, pero creados mas bien desde la industria que desde una reflexión profunda del Colegio Médico. Hasta donde sepa, nunca se ha investigado ni sancionado a algún colega por faltas a la ética en este punto. Ni siquiera sobre la base de estos marcos regulatorios antes nombrados.

FSJ: ¿Qué estrategias siguen usando las multinacionales para enganchar a los médicos, usan las mismas formas de antes, pagar congresos, establecer agendas, dar descuentos o viajes a los médicos que formulen los medicamentos que ellos ofertan?

JCA: Todo lo que mencionas, aunque en los últimos años los recursos se han ido desplazando hacia el financiamiento de la así llamada “Educación Médica Continua”. Ésta es hoy pagada en más de un 50% por la industria farmacéutica y de dispositivos biomédicos, siendo esta cifra mayor en algunas especialidades como psiquiatría.

Lamentablemente, los médicos hemos ido cediendo terrenos como el de la investigación y el de la educación a la industria farmacéutica, que son quienes tienen hoy el control de tales actividades. Esto tiene un impacto muy importante en qué tipo de medicina es la que practicamos hoy.

FSJ: ¿No se falta a la ética al aceptar a los visitadores médicos?

JCA: Desde nuestro punto de vista sí. Es aceptar que un agente de ventas nos eduque, es permitir que alguien que está contratado con el fin de aumentar las ventas de un medicamento X, y no de mejorar la salud de nuestros pacientes, influya en nuestras decisiones clínicas.

Y como la manera de influir es más inconsciente que consciente, no sacamos nada con decir que somos suficientemente hábiles como para declararnos inmunes a la publicidad y al trato de nobles que parecen darnos.

FSJ: Además de médicos sin marca ¿No requerimos también un periodismo sin marca que no reciba regalos de las multinacionales farmacéuticas?

JCA: Por supuesto. Habría que partir por contar con una especie de ley de transparencia que obligue a los periodistas a reportar detalladamente sus conflictos de interés. Mucha de la información de salud que leemos en los periódicos son en realidad publirreportajes. Lo mismo debería ocurrir con los políticos: transparencia respecto a quiénes financian sus campañas.

FSJ: ¿Cuál es el impacto que pueden tener Médicos sin marca en el diseño de políticas públicas cuando los congresistas por lo general reciben dinero, y regalos, del lobby de estas empresas?

JCA: Pensamos que en la medida que el grupo de adherentes a la ONG crezca tendremos más espaldas para influir a ese nivel. Del mismo modo vemos el crecimiento que podamos tener en los países de habla hispana.

Desde el año pasado funciona la primera organización hermana: MSM Colombia, y estamos trabajando por la creación de más capítulos en Perú, México, Ecuador y Uruguay.

Por otra parte hemos constituido un directorio con personas influyentes en el campo de la salud pública nacional, hoy contamos incluso con la Presidenta del Colegio Médico como miembro de nuestra mesa directiva.

Le hemos dado prioridad también a aumentar la discusión de estos temas en las escuelas de medicina para contar con profesionales que al recibir su título ya cuenten con una visión crítica del tema.

Por último nos hemos preocupado —si bien nos falta mucho en esto aún— por compartir nuestro punto de vista con la ciudadanía, donde hemos encontrado gran apoyo a nuestras propuestas. Todos estos esfuerzos esperamos que puedan tener impacto también en los congresistas, que no solo se deben a quienes le financian sus campañas, si no también a sus votantes.

FSJ: ¿Finalmente, por qué necesitamos más Médicos sin marca en Latinoamérica en el mundo? ¿Trabajan con organizaciones de pacientes y/o medios de comunicación que deseen independizarse de esa pauta millonaria?

JCA: Porque la medicina dejada a las manos de partes interesadas a lucrar con ésta se expone no solo a un progresivo encarecimiento de ésta, sino también a ser una medicina cada vez más centrada en la tecnología, farmacocéntrica y menos humana.

Porque ha sido demostrado que la medicina informada por la industria farmacéutica ha llevado al sobre-diagnóstico y sobre-tratamiento de diversas condiciones clínicas, con el consiguiente aumento del gasto y de la exposición a posibles efectos deletéreos.

Hemos tenido acercamientos iniciales con agrupaciones de pacientes con el fin de conocer la magnitud de las relaciones que éstas mantienen con la industria y entonces plantearles un trabajo en conjunto para lograr mayores niveles de independencia. Las agrupaciones de pacientes han sido usadas también por la industria como eficaces para el lobby. Con medios de comunicación no hemos trabajado directamente, es sin duda una tarea pendiente.

FSJ: ¿Hay alguna resistencia por médicos de antiguas escuelas que crecieron en un tiempo en que estas atenciones por parte de las empresas se normalizaban y no se cuestionaban?

JCA: Algo de eso pasa. Es muy difícil para un médico que hace 30 años acostumbra ir al congreso de la sociedad europea financiado por un laboratorio, que de la noche a la mañana se muestre crítico frente a estos comportamientos.

Sin embargo, hemos encontrado entre colegas con más años de experiencia también a grandes aliados, que hasta antes de nuestra aparición como ONG llevaban su visión crítica en un terreno más personal y privado.

Pienso que hoy la figura del médico está sujeta a las mismas exigencias que profesionales de otras disciplinas. Hemos dejado poco a poco de ser cómplices de la idealización que antiguamente nuestra carrera gozaba. Esta idealización dificulta ver que como seres humanos estamos sujetos al mismo tipo de influencias que cualquier ciudadano a pie.

“El testimonio crudo es obsceno”, Marcelo Viñar

Marcelo Viñar, psicoanalista uruguayo.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones.

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

FSJ: ¿Cuáles son los efectos sociales, simbólicos y psíquicos que pueden tener en las personas las diferentes narrativas que elija el periodista?

MV: Bueno, usted es periodista, así que la pregunta es al revés, del sabio al ignorante.

FSJ: No… el sabio es usted Profesor. Escuché su intervención en el Foro: Conocer y representar y me impactó su análisis sobre este tema.

MV: Un periodista, yo lo entiendo como el oficio de un portavoz, del que toma algo de lo caótico, del saber que circula en lo social. Los seres humanos construimos lo social para vivir, lo que nos caracteriza es nuestra condición de seres hablantes en intercambio con otros y la diversidad. El periodista es una especie de esponja que trata de empaparse, de mojarse con la diversidad caótica de las informaciones que circulan y darles una cierta organización, que pasa por su aparato mental.

Cuando la información que circula en la vida humana lleva grados de intensidad y de violencia como las que se viven en Colombia, la tendencia frente al horror es la de huir, de espantarse, de ausentarse. Entonces hay un efecto de silencio, de vacío representacional.

Algunos pensadores franceses dicen que el horror  fascina y espanta; es decir que nos atrae pero nos hace huir. La función del periodista[i] ahí es frenar ese movimiento de huida, restituir la palabra donde puede haber un vacío representacional y silencio.

FSJ: Eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo evitar que -por esa fascinación que produce el horror- la representación de la violencia se convierta en una puesta en escena en los medios?

MV: Bueno, la trivialización sobre todo desde la televisión aunque también en el periodismo escrito puede ocurrir lo mismo- el hecho de banalizar el dolor humano  simplificándolo a grados caricaturescos puede ser un peligro. ¿Cómo inventar algo menos crudo que el testimonio crudo? Cómo crear un relato recibible para conmover al lector, es parte de la creatividad y la función del periodista, del narrador.
Cuando el hombre no puede decir algo de manera sencilla, crea destrezas o talentos especiales; del amor hablamos todos los seres humanos pero solo los poetas lo dicen con elocuencia. A mí me gustaría pintar como Van Gogh pero no puedo hacerlo. Ahí hay un problema el talento, de la creatividad de cada ser humano para poder conmover, eso lo logran solo los creadores.

FSJ: Nosotros tenemos ese rol, de portavoz como usted lo llama pero ¿En qué lugar de enunciación debe ubicarse el periodista para que en el proceso creativo no despoje de voz  al entrevistado, a quien comparte su testimonio sobre la violencia?

MV: Ese es un problema de cómo representar y no sustituir.

FSJ: Exacto, esa es mi preocupación constante como periodista.

MV: Está la famosa frase de Primo Levi: “Los verdaderos testimonios no están porque los que podían dar el testimonio, para testimoniar el horror estamos solo los sobrevivientes”.

El sobreviviente siempre ha pactado en algo con el régimen opresor para poder testimoniar después. Yo creo que es humano pagar un precio frente a una situación de opresión para poder testimoniar y defender la vida aún a costa de la humillación. Entonces hay que hacer el esfuerzo de ser un buen portavoz, de ser un buen intermediario de aquél que no está, de restituirlo a través de la palabra y el recuerdo.

La figura del desaparecido en el Cono Sur: Argentina, Uruguay y Chile, decenas de militantes que eran “chupados”, que desaparecían; no se sabía si estaban en la cárcel o cómo estaban.

Eso con el tiempo es un problema muy grande: ¿cómo hacer el duelo de alguien que no se sabe si está muerto? ¿Cómo una familia que se va puede vender una propiedad que co-pertenecía a un desaparecido?

Una madre cuyo hijo desaparece, sin la certeza de que está muerto, aunque estadísticamente sabe que lo está; obligarla a ella a ser la que pronuncie que está muerto es de una violencia inconmensurable. Eso es lo que Gilou García Reinoso llama: “Matar la muerte”.

El desaparecido rompe con todos los rituales que permiten desatar un proceso de duelo. Un desaparecido es un muerto vivo o un vivo muerto; un no estar que no se sabe si es muerte o ausencia y eso crea duelos muy especiales, que obligan al familiar, no al asesino a dar el testimonio de muerte, suprime los rituales de despedida.

FSJ: Usted dice que el periodista es un portavoz, pero es un portavoz que tiene poder al igual que el académico cuando hace un informe de memoria. ¿Cómo reducir ese poder entre el periodista y la persona que comparte su testimonio?

MV: Hay un problema ético ahí. Hay un problema de decencia entre el poder organizar tratando de ser consecuente con la realidad, que a uno lo ha atravesado, y el ser un mercader de mentiras y deformar la realidad por intereses espurios.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones. Es un problema de ética profesional.

FSJ: Gabriel Gatti, sociólogo uruguayo, habla de la recurrencia de sustantivos como “víctima”, “vulnerable”, “marginal” que se  constituyen en categorías sociales. ¿Con qué otros sustantivos podrían ser reemplazados éstos? Tal vez persona victimizada, sobreviviente… Me pregunto eso cada vez que escribo y no encuentro muchas opciones. Yo encuentro persona victimizada, persona en situación de vulnerabilidad en lugar de “vulnerable”, pero no es fácil hallar otras palabras.

MV: Hay una colega suya, Eliana que escribe sobre las vidas que nadie ve. Ella se opone a la categorización; al escribir sobre las vidas que nadie ve, piensa que cada ser humano tiene una insustituible singularidad y que en las situaciones extremas, esa que categoría que llamamos “víctima”, reduce la diversidad humana a una homogeneidad.

Preservar la singularidad es fundamental. Pero cuesta tanto trabajo reconocer lo que es singular en cada ser humano que entonces los unificamos en categorías. Categorizar es reducir realidades, que no tenemos tiempo de digerir, en regularidades observables, que simplifican y ordenan el caos.

Yo creo que hay un trabajo a superar que es reconocer qué es lo propio de ese ser humano singular. Hay muchos modos de ser “víctima” (…) En las situaciones extremas como la tortura, los modos de reparar esa situación agresiva, en lugar de homogenizar se debe observar que cada uno tiene sus propios caminos de reparación del tejido psíquico.

Contra la categoría está la creatividad de lo singular, diferentes modos de relacionarse. Singularizar y categorizar son dos procesos distintos pero complementarios del conocimiento. A mí personalmente las categorías que homogenizan, y que a mi amigo Gabriel Gatti le encantan, a mí me irritan.

FSJ: A mí también… Me resisto a ellas.

MV: Es más lindo saber en qué usted es distinta y cómo podemos definir nuestras alteridades, que decir usted es mi espejo y yo soy su espejo porque somos los dos humanos, somos los dos adultos y, por ello, entonces vamos a sentir lo mismo.

FSJ: En Colombia se recurre a la imagen doliente del desplazado, del desaparecido y genera una empatía pero es momentánea, luego no se les recuerda. ¿Cómo construir desde los medios, esa compresión crítica de la violencia diferente a esa empatía pasajera que se genera frente al horror? ¿Cómo construir un mensaje más sólido, dotado de contexto?

MV: Para ello, le contesto con una categoría: una es el espectador, que es el que ve y percibe, pero no siente y, otra es el testigo capaz de compartir con empatía el dolor del otro. Si compartiéramos todos los dolores del mundo, nos moriríamos de dolor; entonces, debemos elegir dónde podemos conmovernos.

También hay un límite de sensibilidad, de proximidad; hay horrores del pasado que están a mayor distancia; uno piensa lo que fue el esclavismo, la inquisición, la Conquista de América, que fueron tan brutales, pero no nos irradian tanto como la inmediatez frente a lo cercano que tienen los dolores de la actualidad porque ahí podemos operar y actuar. Aquí operan la vecindad espacio-temporal, la disposición para conmoverse.

FSJ: En Colombia se promueve, desde los informes de memoria oficiales y desde los medios una memoria victimizada. ¿Para qué sirve esa memoria victimizada, del sufriente, no del sobreviviente?

MV: El famoso cineasta  Steven Spielberg tiene miles de testimonios del holocausto. Hace la pregunta y el entrevistado responde. Crea un Museo del Holocausto que es la acumulación de testimonios de cientos de miles de víctimas, esa es una estrategia archivista para acumular información.

El testimonio crudo es obsceno y uno se fastidia, se aburre. Si uno trata de imaginar todas las flores del mundo no siente nada, pero si ve una flor puede conmoverse por la belleza de esa flor; si son las flores generales, es una categoría anodina.

Jorge Semprún dice hay que hacer el relato de lo que ocurrió pero también hacer algo más; darle a eso no solo una crónica despojada de afectos, sino que pase la simple crónica descriptiva y que signifique los sentimientos que circularon en ese momento en la víctima; es decir, testimoniar no es decir simplemente me pasó tal cosa.

FSJ: Finalmente, en el Foro: Conocer y Representar[ii] usted dijo que una memoria excesiva es escatológica: ¿Por qué y cómo se mide el exceso de memoria?

MV: Se mide por el grado en que impide navegar en una vida feliz y creativa. La memoria es escatológica cuando se ancla en el hecho de terror y da vueltas como la noria alrededor del hecho de terror. Vivir encerrado allí, impide vivir la vida y uno es un quejoso que se lame las heridas, un gato lastimado.

Esto es perturbador para la propia víctima y para todo su entorno porque es un lamerse y gemir que no es solo propio, sino que contagia y espanta a los seres cercanos.

Vivir en función del terror impide vivir. Yo recurro a Jorge Semprún: “Una parte de uno queda siempre en el Campo de Concentración”, pero se sigue… Se divide interiormente y en otra parte de uno, uno tiene que seguir viviendo, amando, trabajando, creyendo y, de vez en cuando, visita sus recuerdos de dolor. Pero se debe  impedir que esos recuerdos de dolor ahoguen y sofoquen la felicidad del presente y del futuro. La diferencia entre el duelo y la melancolía, decía Freud, es la duraciónEl duelo tiene un tiempo de cierre, la melancolía es la perpetuidad. El dolor tiene que ser una experiencia destinada a concluir. Lo escatológico es transformar la queja en interminable.

*Esta entrevista fue publicada originalmente en Literariedad.

Comunicando acerca de la discapacidad

 

La representación mediática es otra causa de preocupación por cuanto no siempre se hace un cubrimiento responsable y equilibrado acerca de la discapacidad.

La necesidad de no re-victimizar a quienes viven con algún tipo de discapacidad ha llevado a que se elaboren guías como estas para evitar el daño que se puede causar al no informar apropiadamente.

Este manual de estilo y buenas prácticas sobre cómo informar acerca de personas con algún tipo de discapacidad puede ser consultado antes de producir cualquier contenido sobre el tema.

La guía elaborada por la Consejería de Salud y Bienestar Social junto con otras organizaciones tales como el Colegio de Periodistas de Andalucía  (España) propone alternativas para el uso apropiado de lenguaje, de imágenes y fotografías; además, un cuadro resumen con la terminología más adecuada al reportar.

También presenta un directorio de fuentes  y páginas web donde se encuentran cifras y estadísticas útiles para ofrecer contexto  al realizar una noticia, reportaje, crónica o columna sobre este tema.

Descarga la guía: Guíasobrediscapacidad

 

Conocer y representar el horror

En el foro: Conocer y narrar el horror de la Universidad de los Andes. Un psicólogo social, un sociólogo y un psicoanalista analizaron desde sus áreas de conocimiento, y trabajo, la narración y representación del horror tanto en los medios, los informes institucionales y trabajos de investigación.

El objetivo del encuentro era ofrecer diversas miradas sobre las formas de presentar las experiencias de sufrimiento y victimizaciones como la desaparición y la tortura, entre otras.

El sociológo uruguayo,  Gabriel Gatti, se refirió a los sustantivos de víctimas, y desaparecidos que circulan hoy, de manera frecuente, y mostró algunos textos en los medios de comunicación españoles que reportaron sobre las víctimas de Franco[i].

“Estos sustantivos son categorías, un lugar donde habitar, tener un discurso e identidad. Mostrar la categoría de víctima se ha convertido en receptor de identidad, de discurso”, afirmó Gatti, quien es hijo de desaparecidos.

El sociólogo aseguró que a partir del año 2005 se empezó a  hablar más sobre las víctimas del Franquismo en España y en el 2007 crearon mapas de las fosas comunes, se hablaba de desapariciones.

“Pero esto no quiere decir que las víctimas no existían antes, sino que se empiezan a usar esos conceptos con normalidad (…) Estas categorías sirven de reconocimiento a personas que antes no tenían nombre”, agregó.

Durante su intervención, Gatti compartió una exposición de Gervasio Sánchez, reportero gráfico español, con fotos de desaparecidos de diferentes partes del mundo, que corresponde -según Gatti- una estética de la figura del desaparecido.

Por su parte, Juan Pablo Aranguren explicó que aunque hay una tendencia a no reconocerse en el otro, al buscar en el árbol genealógico siempre se encuentra alguien de la familia que ha sido victimizado.

Aranguren dio un ejemplo de un grupo de estudiantes de Los Andes quienes preocupados por el tema de las “víctimas” y con el interés de entrevistarlas querían buscarlas en barrios humildes de la ciudad; entonces Aranguren los invitó  a buscarlas en la universidad y encontraron entre ellos parientes de líderes de izquierda asesinados, de padres secuestrados comprobando así que la victimización era parte de su historia.

 Conocer y representar

En el transcurso del foro se analizó cómo la “víctima”, aislada en un determinado momento se ubicó en el centro social y en el espacio público como alguien que debe ser reconocido por algo.

Explicó Gatti que existen dos enfoques acerca de  la categoría de víctima: “En el francés, la víctima cada vez se instala más en el espacio colectivo,  quita protagonismo al ciudadano (…) el abordaje anglosajón, que es sensible a atender al dolor de los demás,  plantea convertirlo en un problema social universal”.

Entre tanto, para el psicoanalista Marcelo Viñar, el éxito mediático de la violación de derechos humanos le hace sentir desagrado porque convierte la lucha en un hit televisivo. “Se transforma la tragedia en comedia”.

Sin embargo, “Esta trivialización televisiva y la producción de ídolos, (…) esas contradicciones a veces son fecundas porque reemplazan el silencio abrumador donde los desaparecidos eran desaparecidos”.

En el “posconflicto” esa palabra tan de moda, había una prédica del silencio – continuó Viñar – por eso la trivialización televisiva, esa imagen dice algo aunque aparezca al lado de una publicidad de gaseosas. “La prefiero a la dimensión del silenciamiento cuando éramos mirados con desdén porque queríamos hablar de eso”.

En opinión de Viñar, el tema de este foro no solo era pertinente sino ineludible porque representar es, literalmente, la capacidad de volver presente los objetos ausentes.

“El lenguaje, lograr la capacidad de ser seres hablantes, es un logro de la especie humana, ser seres hablantes. El lenguaje está en contradicción con el horror porque el horror trastoca la capacidad de pensar, somos toda emoción, afecto, pasión y crueldad, del afecto, sin pensamiento (…) Conocer y representar es crear con palabras, por eso el horror es la destrucción de esa empresa creativa”, añadió Viñar.

Para el psicoanalista uruguayo, el relato es parte esencial de cualquier comunidad y es fundamental para conocer el pasado, para saber de dónde venimos y a dónde vamos; de ahí ,que transmitir la memoria sagrada, de valores y creencias, es uno de los más viejos oficios de la humanidad y rasgo distintivo de la especie humana.

¿Cuál es entonces, en términos de memoria, la frontera saludable entre memoria y olvido, quién lo decide? No es el poder político. Es importante preguntarse ¿cómo marcan los roles, los estigmas, cómo marca ser hijo de un ancestro mancillado?

Por una ética de la escucha

En su intervención, Juan Pablo Aranguren sostuvo que algunas organizaciones sociales se han apasionado en narrar el sufrimiento, en que se pone peso a las narrativas gubernamentales y en visibilizar lo silenciado, la violencia extrema.

“Esas prácticas de sistematización  del sufrimiento, han instalado una narrativa sobre la efectividad del daño, en decir cuántos, de qué manera fueron torturados y dónde, pero sin profundizar en la experiencia subjetiva”, explicó Aranguren.

Uno de los efectos de esa narrativa de la efectividad del daño es que se concentra en el lenguaje de responsabilidad, recrea los hechos violentos, se concentra en el hecho y no en la persona que lo experimentó.

El lenguaje estadístico de indagar por el qué (…) ese lenguaje austero y sistemático, la violencia epistémica no se preocupa por los individuos” esas estadísticas pueden ser borradas también, pueden desaparecer.

Aranguren se refirió también a la resistencia de algunas personas que se resisten a los discursos oficiales que “subalternizan” al sujeto, que lo ven como inferior y alguien a quien dotarlo de voz.

También preguntó acerca del lugar desde el que se narra, de la presentación de memorias públicas que hablan solo desde el dolor de la víctima pero que no muestran a la persona en su integridad, más allá del hecho victimizante.

Juan Pablo Aranguren propuso reflexionar acerca del desarrollo de una ética de la escucha por parte de quienes recogen testimonios: periodistas, investigadores, psicólogos, activistas, etc.

Aranguren además invitó a buscar otras formas de narrar el dolor, el horror y recordó que: “quienes están ante el dolor de los demás no pueden escapar del marco geopolítico en que se inscriben”.

La ética de la escucha es una vieja idea a Frantz Fanon[ii], que invita a reconocerse en el otro que decimos no ser, esos otros distantes que decimos no ser: las víctimas o los actores de la guerra. “El acto de reconocernos en el otro, es un camino de la ética de la escucha (…)”, puntualizó Aranguren.

[i] https://www.es.amnesty.org/paises/espana/victimas-de-la-guerra-civil-y-del-franquismo/

[ii] http://www.academia.edu/6398986/PEDAGOG%C3%8DAS_DECOLONIALES

  • Este artículo y la foto aparecieron en Radiomacondo por Fernanda Sánchez Jaramillo.