La enfermería ha sido declarada líder en atención primaria en salud

Existe evidencia de los aportes que nuestra profesión ha realizado para alcanzar la equidad 

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Dora Lucía Gaviria estudió enfermería en la Universidad de Antioquia, en Medellín. Ingresó en esta facultad inspirada por su madre quien como voluntaria en el Hospital de Rionegro ayudaba a las personas en los momentos de dolor y sufrimiento.

Se graduó hace 28 años y ha trabajado todo el tiempo en municipios como Caldas, Sabaneta, de Antioquia, y en los últimos se ha desempeñado como docente de la Universidad de Antioquia.

¿Por qué eligió esta profesión? La enfermería le permite el trabajo con personas, familias y comunidades, en equipos interdisciplinarios de salud y de los sectores del desarrollo social.

Entre tanto, su rol como docente le ha posibilitado llegar a municipios, barrios y lugares donde la enfermería tiene una gran responsabilidad social y ética.

Dora se especializó en salud colectiva y epidemiología. “Es un campo de práctica y conocimiento que permite la comprensión del proceso salud-enfermedad en el contexto histórico social y cultural que lo está determinando”, explica.

La enfermería comunitaria contribuye a la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, el cuidado y rehabilitación con las personas, familias y comunidades en los escenarios cotidianos donde viven.

“Para mí, es un proceso de interacción, de apoyo y ayuda que mitiga los padecimientos del ser humano y genera vínculos efectivos por la salud y la vida”, dice Dora.

Al preguntarle a Dora por qué cree que el rol de la enfermera y el enfermero, está un poco relegado con respecto a la posición del médico ella responde:

“La enfermería en Colombia, ha tenido desarrollos desde la formación y práctica pero aún nos falta una mayor legitimidad social para visibilizar el valor del cuidado de enfermería y sus avances científicos y técnicos que favorecen la calidad de vida, afirma Dora.

La ley 266 de 1996, que regula la profesión en enfermería así como la Ley 911 que establece el código deontológico, fundamenta desde lo legal y jurídico, la enfermería como una profesión autónoma y liberal y no solo como una profesión supeditada al saber de otra disciplina.

“Considero que nos falta liderazgo al colectivo de enfermería para posicionar el cuidado en la sociedad, incidencia política para la toma de decisiones en las instancias del sector salud, e investigación que nos permita seguir avanzando en los aportes que como disciplina, podemos hacer a la sociedad”, agrega.

Esta profesional de la enfermería considera que en la actualidad la enfermería cumple un papel muy importante pues contribuye al logro de los objetivos de desarrollo sostenible, y está en su agenda.

La enfermería, a través del trabajo colaborativo, puede ayudar a erradicar la pobreza, disminuir el número de muertes y enfermedades evitables y aportar desde el cuidado a una mejor calidad de vida para el bienestar de las personas, las familias y las comunidades, en condiciones de equidad.

En el contexto colombiano, la enfermería profesional promueve la vida y la salud, ayuda a mejorar los procesos de convivencia que generan procesos de reflexión, y de resistencia, frente a cada acto violento que se ha banalizado en nuestro país.

“La enfermería ha sido declarada líder en Atención Primaria en Salud y existe evidencia de los aportes que nuestra profesión ha realizado para alcanzar la equidad, el acceso y la cobertura universal en salud en las zonas rurales del país, pues la enfermería garantiza la continuidad como principio del cuidado”, señala orgullosa.

Entre los aportes que ha hecho su profesión en atención primaria menciona: históricamente el trabajo con las comunidades para lograr prácticas saludables, la capacitación de los promotores rurales de salud, el impacto en la determinación social de la salud, los procesos de participación para el logro de los derechos en salud de personas, familias y comunidades y la educación para la salud, entre otros.

“En Antioquia, como política pública la Facultad de enfermería lideró un proyecto de cooperación con la secretaria de salud con la creación e implementación del modelo de APS basado en el cuidado con las familias y liderado por enfermeras en los 125 municipios del departamento.

“Este trabajo evidenció aportes en las zonas rurales de un trabajo colaborativo y solidario por la equidad con impacto en indicadores de morbilidad y mortalidad, inducción a la demanda de programas de prevención de la enfermedad y promoción de la salud.”, relata.

En cuanto al lugar que puede ocupar esta profesión en la promoción de la salud integral, física y mental, Dora considera que la enfermería ayuda a mantener la salud, previene enfermedades y mitiga el dolor y el sufrimiento, cuando la persona está enferma, y puede acompañar en procesos de muerte.

Con respecto a un país que líder y modelo en enfermería menciona a Estados Unidos pues ha sido allí esta profesión ha construido modelos y teorías, que permiten más liderazgo e impacto en los indicadores de salud con autonomía en la toma de decisiones para la gestión de programas como el de enfermedades crónicas y proyectos de salud pública.

Además, por la formación avanzada de estos profesionales y la creación de institutos -liderados por enfermeras- que han demostrado ser más eficientes y efectivos para las personas, las familias y los sistemas de salud.

Entre tanto, en nuestro país la educación de los profesionales de enfermería tiene algunos retos por superar son el fortalecimiento de las capacidades desde el ser, el saber y saber hacer.

“Para mí la enfermería debe fortalecer todo lo relacionado con la ética del cuidado, el cuidado de enfermería para la salud mental, la gestión de políticas públicas, el cuidado con las personas adultas mayores con enfermedades crónicas y con problemas neurológicos, el cuidado de enfermería con las personas en situación de discapacidad, en forma permanente integrar la evidencia en la práctica y fortalecer la incidencia política en las instancias decisorias en salud.”

Finalmente para Dora, la enfermería es ciencia y arte. “Es ciencia porque ha acumulado el legado histórico de la constitución de una disciplina con conceptos universales y con un método establecido para la práctica basado en los principios científicos de la ciencia, que le permiten valorar, diagnosticar, planear, ejecutar y evaluar el cuidado en un contexto determinado.

Pero también es arte al nacer de la capacidad humana para establecer relaciones de empatía y de comprensión por el otro, las cuales expresan mediante acciones de cuidado que develan la creatividad e innovación, en especial en un país como el nuestro donde no abundan los recursos.

“Al cuidar al ser humano, hay un verdadero re-conocimiento del otro, para que en momentos de enfermedad pueda re-establecer su autonomía e independencia en el logro de sus actividades cotidianas, pero también promueve procesos protectores para mantener la salud, campo que requiere de actividades y didácticas creativas para lograr un mayor impacto y logro de objetivos”, enfatiza.

 

 

VII Congreso Internacional de Investigación en salud

 

En la Universidad de Pamplona (Norte de Santander) se llevará a cabo los días 16 y 17 de noviembre el VII Congreso de Investigación en Salud.

La temática central es Salud, Posconflicto y Frontera. Y las sublíneas de investigación son: determinantes de la salud en la frontera, política, territorio y frontera, atención primaria:acciones comunitarias e intersectoriales y atención primaria, familia y posconflicto.

El congreso está dirigido a: la comunidad académica, organizaciones de desmovilizados, observatorio de la frontera colombo-venezolana, comunicadores sociales y secretariado y víctimas de la Región nororiental.

 

 

Edwin Herazo: practica y promueve la psiquiatría crítica en Colombia

Edwin Herazo es médico psiquiatra, especialista en gestión aplicada a los servicios de salud, magister en bioética, magister en historia, candidato a doctor en salud pública y director del Instituto de Investigación del Comportamiento Humano. Además es conferencista y promueve el Movimiento Nacional por la Salud mental.

Edwin Herazo Acevedo practica la psiquiatría crítica en Colombia. Más allá de la teoría, la psiquiatría crítica reflexiona acerca de la manera en que se comprenden la salud mental, los trastornos mentales y el sufrimiento humano.

Para él es fundamental reconocer que en lo aprendido en las facultades de medicina y en las  publicaciones científicas hay vacíos, en cuanto a los conceptos,  los cuales no deben reproducirse ni asumirse como ciertos y absolutos.

De igual manera, este psiquiatra se pregunta cuál es el mejor camino para minimizar el poder que el médico tiene sobre el paciente. Para hacerlo, explica, es necesario establecer un diálogo y, de ser posible, eliminar la verticalidad en la relación médico- consultante. La psiquiatría crítica considera al “otro” como un sujeto autónomo, con derechos y capaz de tomar decisiones informadas.

“La psiquiatría crítica reconoce al otro como sujeto interactuante, no un simple receptor de recomendaciones y tratamientos (…) busca transformar la verticalidad en horizontalidad aliviadora, propositiva y constructiva, que permita generar lazos de confianza y aunar todas las iniciativas para lograr un anhelado estado de bienestar que lleva inmerso la construcción de un sentido de vida individual y colectiva”, afirma.

Edwin también es consciente del paternalismo que puede surgir en la práctica de la psiquiatría. Para reducirlo es indispensable el esfuerzo de los profesionales de la salud y los pacientes-personas. “Al médico le enseñan que él sabe qué es lo que tiene que hacer y al paciente-persona, en esta sociedad tan medicalizada, le enseñan a demandar soluciones mágicas de su médico para cada situación de la vida cotidiana. La evolución de esta relación debe ser una decisión que incluye una transformación social”, agrega.

Pero no basta con usar palabras amables y gentiles de parte de los médicos hacia los pacientes. Es indispensable reconocer a quien consulta como un sujeto con derechos e interactuar en condiciones de equidad; sin dejar de lado el trato cálido y compasivo por parte de los profesionales de la salud.

Ejercer la psiquiatría crítica no es fácil en Colombia. Al pensar en los obstáculos que impiden su promoción en un país con una historia de violencia socio-política, Edwin considera que el principal  obstáculo es: “un sistema de salud que está más preocupado por la sanidad financiera que por la salud de las personas, inmerso además en un sistema socio-político plagado de profundas inequidades, en el cual las élites económicas, sociales y políticas no están dispuestas a ceder su dominio”.

Una segunda barrera para la práctica de la psiquiatría crítica es el colonialismo científico bajo el cual forman a los médicos en las universidades –señala Edwin- que enseña a reproducir modelos impuestos, fallidos, y bloquea la posibilidad de conocernos, reconocernos y reinventarnos. Reinventar es todo un reto pues la psiquiatría crítica es vista como una posición anti-psiquiátrica que confronta poderes y privilegios.

La razón para que esta perspectiva se considere anti-psiquiátrica es histórica. “Los primeros movimientos desde la sociedad general y desde los mismos médicos en contra del poder hegemónico de los psiquiatras y la vulneración sistemática de derechos a las personas con trastornos mentales desembocaron en la anti-psiquiatría, desconociendo la psiquiatría como una especialidad médica capaz de contribuir a la salud mental de las personas, hasta llegar incluso a la negación de la psiquiatría”, añade.

No obstante, un grupo cada vez más numeroso de psiquiatras propone replantear las bases epistemológicas de la psiquiatría y su práctica con el fin de transformar la concepción que se tiene de la salud mental como las acciones conducentes a preservar y restablecer la salud mental de las personas. Realizar esos cambios implica también ofrecer modelos alternativos de atención.

Los nuevos modelos deben repensar, de manera permanente, la psiquiatría misma, examinar la información científica disponible, de-construir y reconfigurar los conocimientos de la práctica psiquiátrica. Así se podrán brindar mejores condiciones para preservar la salud mental en medio de la diversidad humana.

“La psiquiatría crítica se aparta de la noción de “hacer” personas homogéneas, con parámetros de salud impuestos. Desde este enfoque, el respeto a la autonomía y la diversidad, individual y colectiva, resultan cruciales”, dice.

Al reflexionar sobre la psiquiatría crítica surge una inevitable pregunta: ¿Tiene futuro en Colombia? Edwin responde afirmativamente: “El futuro de la psiquiatría en Colombia está en la enseñanza y el ejercicio de una psiquiatría crítica. En las décadas de los 60, 70 e incluso 80, existieron en el país múltiples experiencias en el campo de la psiquiatría social y comunitaria y de la atención primaria en salud, las cuales pasaron a un quinto plano cuando la venta de servicios rentables pasó a dominar el sistema de salud”.

Aunque hubo grandes avances en coberturas, insiste Edwin, estos no han ido de la mano de la calidad en la atención. La promoción de la salud prácticamente desapareció y se estableció un modelo de producción de eventos en atención en salud como si fueran mercaderías. “En este modelo de mercado de la salud, la salud mental ha sido sacrificada”, afirma Edwin Herazo.

 

“Podrían diseñarse programas que busquen aliviar el sufrimiento derivado del conflicto”, José Miguel Uribe.

 

Miguel Uribe, experto colombiano en salud mental pública.

José Miguel Uribe Restrepo es  médico y psiquiatra de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Psicoanalista, Instituto Colombiano de Psicoanálisis y magister en Salud Pública, de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos. Ha sido Profesor del departamento de psiquiatría y salud mental de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, Director Científico de La Clínica La Inmaculada y miembro adscrito de la Fundación Santa Fé de Bogotá. Actualmente es consultor en salud mental pública.

FSJ: ¿Qué elementos caracterizan a una política de salud pública sólida?

JMU: La salud pública depende de un enfoque poblacional y un modelo que aborde los componentes de promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación de los problemas de salud.

La definición de salud se ha ampliado y ya no se entiende solo como la ausencia de enfermedad, el campo de acción de la salud pública también se expandió. Ello lleva a nuevos retos pues actuar sobre los determinantes sociales de la salud e implementar programas de promoción no es algo exclusivo del sector salud. Tampoco es seguro que sea el que mejor puede hacerlo, cuando se piensa que muchas acciones son sobre educación, sobre el entorno urbano, o sobre el cambio climático, para mencionar un tema más reciente.

Por ejemplo, la definición amplía de salud mental pública plantea otros interrogantes. En el marco del llamado posconflicto, podrían diseñarse programas que busquen aliviar el sufrimiento derivado del conflicto. Tarea enorme, por supuesto.

Pero al leer los escritos sobre salud mental y conflicto parece existir otra tesis: la del rol de la salud mental en la génesis y perpetuación del conflicto y la violencia. Esto es en mi opinión debatible. Por un lado, no hay claridad sobre qué tipo de “intervenciones” en salud mental pública van a tener un efecto preventivo sobre conflictos. Por el otro, buena parte del origen del conflicto tiene que ver con estructuras políticas y estructuras de poder que no están relacionadas con la salud mental.

FSJ: ¿Cuáles de esos elementos le faltan a Colombia?

JMU: La debilidad relativa de los niveles de atención primaria y carencia de programas de promoción en salud. Otro elemento es la evaluación rigurosa de los impactos de los programas existentes y de los desenlaces centrados en el paciente en los procesos de atención en salud.

En el caso específico de la salud mental, la escasa participación de los pacientes en los distintos niveles de decisión del sistema de salud es preocupante. Me refiero a un continuo que va desde las acciones que llevan a un estilo de vida que favorecen la salud mental, pasando por una decisión compartida al iniciar el tratamiento y la participación en el diseño de estudios y programas. Los grupos de pares, que han mostrado ser una herramienta importante para la recuperación en salud mental, también son prácticamente inexistentes.

La coyuntura actual del posacuerdo servirá como “estudio de caso”, cabe esperar que se destinen muchos recursos a programas de salud mental. Es la oportunidad para poner la salud mental como un tema prioritario para la salud pública.

Pero estos programas deben contar con evaluaciones que permitan entender en qué han funcionado y en qué se han quedado cortos. No basta con hacer acciones y contarlas. Hay que ver si se traducen en beneficios reales para los usuarios y para la población.

Esto incluye también los costos en salud. Mientras que los recursos existentes no sean infinitos, hay que emplearlos mejor, y si fueran recursos generosos, no se pueden desperdiciar.

FSJ: ¿Qué factores positivos tiene Colombia?

JMU: Hay resultados positivos. El Ministerio ha desarrollado e implementado un modelo de atención integral que busca fortalecer la atención primaria. Su compromiso con el enfoque diferencial es también un elemento para destacar. A un nivel macro, la Ley 1751 de 2015, ley estatutaria de salud, ha logrado fortalecer el enfoque de derechos humanos en la salud. Por último, algunas asociaciones y grupos de pacientes y familiares empiezan a jugar un papel más activo abogando por un enfoque integral que contrarreste el tradicional olvido de la salud mental.

FSJ: ¿Cómo se explica que tengamos una ley de salud mental, Ley 1616 de 2013, pero no tengamos una política pública de salud mental si no solo acciones desarticuladas?

JMU: La ley de salud mental es un logro importante, que resultó de una coyuntura política bien aprovechada. La ley como tal dice qué se debe hacer, pero no cómo se puede hacer. Por ejemplo, la ley estipula como componentes importantes la inclusión laboral y la rehabilitación centrada en la comunidad. En la realidad, no hay modelos estudiados en Colombia que muestren una efectividad a escala ni de la inclusión laboral ni de la rehabilitación con base en la comunidad.

La desarticulación no es exclusiva de la salud mental, sino del sistema de salud. Mucho se ha hablado sobre las redes de atención, pero en la práctica casi toda la atención se centra en acciones individuales aisladas. La desarticulación en salud mental puede ser aún mayor que la existente en otros temas (salud materna, salud infantil, por ejemplo) pues hay visiones antagónicas entre quienes trabajan en salud mental.

FSJ: ¿Cómo se pueden superar estos vacíos?

JMU: ¡Ojalá supiera! Si bien en la teoría es posible trazar o diseñar un sistema de salud más o menos completo, la realidad presenta retos enormes. Son muchos los actores en el campo de la salud, con intereses y objetivos diferentes. En el sistema actual, no todos los intereses convergen en un objetivo común y menos en lograr lo mejor para el paciente. Hay incentivos perversos, que llevan a que se privilegien las ganancias de algunos sobre el resultado para las personas.

Hay que construir un modelo que logre incluir, hasta donde sea posible, las diversas perspectivas de los actores de salud. Cuando se reflexiona sobre el origen de la Ley 100 por ejemplo, resulta notorio que fue una ley “de arriba abajo”, diseñada con criterios técnicos, pero sin mucho aporte de grupos de pacientes, comunidades o profesionales de la salud, entre otros. Y cuando aparecieron las dificultades esos actores sintieron que no era un sistema que les pertenecía, no tenía el apoyo requerido para momentos críticos.

FSJ: Finalmente, ¿Qué recomienda para informar  rigurosamente sobre salud pública?

JMU: Un ejemplo concreto: las noticias sobre suicidios. Pareciera que los principales diarios y medios de comunicación del país no se han enterado de que existen, hace mucho tiempo, recomendaciones sobre cómo dar contexto a la noticia de un suicidio y evitar posibles eventos negativos.

En otro sentido, llama la atención el empleo de términos derogatorios al referirse a los trastornos mentales, o emplearlos en un sentido que incrementa el estigma. Por ejemplo, cuando se dice que Colombia es un país esquizofrénico. Ello refuerza el prejuicio al insinuar que la llamada esquizofrenia es algo con consecuencias tan negativas.

Los trastornos mentales nos tocan a todos, en mayor o menor grado, y en mayor o menor cercanía personal. No son el resultado de una falla personal ni hay razón para que quienes los padecen sean rechazados o aislados. Mas bien, hay que brindar el apoyo social necesario y por parte del sistema de salud para fomentar la recuperación de los pacientes. Esos principios deben guiar la comunicación en salud mental pública.