Soberanía alimentaria y salud mental comunitaria

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Fotos: Laura Antonia Coral y Beatriz Elena Arias L. (Argelia, Antioquia).

 

Durante los años 2014 y 2015, la enfermera, PhD en Salud mental comunitaria, profesora de la Universidad de Antioquia, Beatriz Elena Arias López lideró un equipo de expertos y representantes de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA) y llevaron a cabo una investigación en el municipio de Argelia (Antioquia) acerca de la relación entre la soberanía alimentaria y la salud mental comunitaria de sus habitantes.

¿Por qué quisieron explorar esta relación? Antes Beatriz había trabajado durante tres años preguntándose si era posible hablar de salud mental en el contexto de guerra de Colombia, no desde el trauma, si no desde la perspectiva cotidiana sobre cómo se instaló la violencia en el territorio y su impacto en la salud mental.

En esa investigación denominada Violencia, Resistencia y Subjetividad: Destejer y tejer la salud mental en San Francisco Antioquia entre los años 2010 y 2013, la pregunta por la salud mental colectiva sugirió como respuestas más relevantes las resistencias campesinas y su relación con el elemento de sentido vital colectivo, que es la posibilidad de producir su comida y cuidar sus territorios.

Ese es el antecedente de este trabajo en Argelia sobre los impactos de la guerra en la comunidad y su relación con el territorio y la producción de alimentos.

La salud mental como concepto, aclara Beatriz, es construido desde saberes especializados, pero este se expresa en las prácticas sociales: “No es que yo llegue a una comunidad y diga: vi la salud mental, si no que uso ese concepto como unas gafas para analizar algunas prácticas en la vida cotidiana. ”

Para llevar a cabo este trabajo en Argelia, las investigadoras se alejaron del modelo biomédico y su concepción de la salud mental y, en cambio, tuvieron en cuenta estas tres perspectivas:

*El enfoque psicosocial, que sin homologarse completamente con la salud mental, permite tener una mirada fundamentada en derechos y en reconocimiento de la singularidad de las experiencias de sufrimiento.

*Antropología Médica, con sus aportes en categorías comprensivas como las de sufrimiento social.

* Salud Colectiva Latinoamericana, con su mirada sobre los procesos de determinación social del proceso salud-enfermedad- atención- cuidado-muerte; además, de posicionar el lugar del sujeto en tensión con las estructuras, con su papel activo en la construcción y producción de la historia.

Estas tres perspectivas han desarrollado un concepto de salud mental amplio y complejo, más allá de los conceptos institucionalizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o aquellos derivados de la concepción bio-médica, más centrados en la enfermedad.

Teniendo en cuenta que el concepto de salud mental es académico, no nombrado por las personas, tomaron elementos de esas tres perspectivas para su trabajo en salud mental en Argelia (Antioquia).

De la antropología médica tomaron por ejemplo conceptos como el sufrimiento que se refiere a una condición existencial de las personas no una patología.

Esos sentimientos de incertidumbre y desesperanza, explica Beatriz, acuñados por los autores de esta corriente de pensamiento, permiten comprender mejor la situación de las comunidades campesinas.

¿Por qué? Porque la principal fuente de sufrimiento, la guerra, quebró el sentido de la vida campesina la cual gira alrededor de la producción del alimento.

“La producción del alimento ocupa un lugar central, no solo por su importancia nutricional, sino por su valor como eje político, que permite las relaciones entre las comunidades y les permite mantenerse vivos, porque les brinda autonomía y decisión”, añade Beatriz.

El alimento ocupa un lugar crítico para las comunidades campesinas, promueve un sentido colectivo, comunitario, una posibilidad asociativa y nuevas formas de entender la salud mental.

Dota de sentido la vida campesina: ser campesino es cultivar alimentos, es ser productor y ser consumidor, no solo habitar el campo. De esta manera empieza a tejerse el concepto de salud.

Desde el trabajo realizado en San Francisco (Antioquia) en el año 2013 observaron que la guerra había quebrado lo campesino, lo comunitario y el territorio como espacio afectivo y de producción.

La guerra rompió su capacidad de ser productores de su alimento para la subsistencia, pues el desplazado no podía sembrar el campo, su terruño.

Pero cuando pudieron retorna, indica Beatriz, retomaron las actividades que le dan sentido a sus vidas tales como reconstruir sus espacios cotidianos, acercarse a los vecinos y retejer la confianza con los otros, con el mundo que habitan, esto fortalece la salud mental.

“Este es el campo por excelencia para entender cómo se producen los vínculos sociales, entendiendo la salud mental como la manera en que se construyen los vínculos con otros”, explica Beatriz.

Ese vínculo social se quebró el aislamiento, desplazamiento, la desconfianza, por la guerra entre prójimos, Entre Prójimos es el título del libro de Kimberly Theidon sobre el conflicto armado en Perú.

La guerra ocasiona que la gente no pueda vivir junta en el espacio donde se producía el alimento, ya no podían ni sembrar ni trabajar juntos. Después de ese quebrantamiento las personas empiezan a pensar cómo podemos producir juntos, desean volver a producir alimentos y volver a darle sentido a la vida.

“La salud mental se puede precarizar allí donde el territorio es amenazado por proyectos mineros, agroindustriales o hidroeléctricos porque no es el sentido de vida de las comunidades. Esto precariza las relaciones, los vínculos de trabajo porque en el campo se produce lo que da sentido a la vida” señala Arias.

La pregunta por la salud mental colectiva en dicho estudio sugirió como las respuestas más relevantes las resistencias campesinas y su relación con el elemento de sentido vital colectivo, que es la posibilidad de producir su comida y cuidar sus territorios.

El término salud mental es nombrado -sobre todo mujeres que vivieron en conflicto armado- como la paz, vivir tranquilos en sus espacios con sus vecinos, el apoyo entre pares, las formas de relacionarse con las comunidades, vecinos y sus familias. También como espacio de armonía y tranquilidad con los otros.

La investigación se llevó a cabo en cuatro veredas del municipio de Argelia gracias a la colaboración de la Asociación Campesina de Antioquia (ACA) y a 10 mujeres que participaron activamente en la producción de los datos de la investigación

En las reuniones se conversaba  sobre la soberanía alimentaria y la salud mental, los alimentos que generan soberanía en los territorios, por ejemplo la caña de azúcar, la panela y los cultivos de pan coger.

Se llevaron a cabo visitas domiciliarias para hablar con mujeres mayores sobre las huertas caseras, la producción de alimentos más cercanos a las viviendas y las formas de prepararlos.

Se indagó por los saberes que circulan de forma anónima y silenciosa, sobre medicina tradicional, cuidados locales de su salud, preparados que usan en sus cultivos y prácticas de producción orgánicas.

En el desarrollo de esta investigación se recogieron saberes locales, que se convierten en saberes vitales pues permiten tejer relaciones propias y generar procesos sostenibles para su existencia como comunidad. Como parte de esta experiencia se organizaron un festival gastronómico, un vivero y se hizo un inventario de semillas criollas-nativas.

La construcción del vivero permitió tener plántulas y disponer siempre del alimento. El archivo de plantas sirve para mantener viva su historia y disponer de las recetas de sus ancestros.

En el transcurso del proceso –sostiene Beatriz- se dio una terapéutica comunitaria entendida en un sentido de colaboración, de trabajo campesino que empieza a sanar las huellas que dejó la guerra, a superar las distancias, a sanar desconfianzas y temores.

Cuando se generaron proyectos como la feria campesina, el vivero, o cualquier otro emprendimiento de la comunidad se piensa en volver a producir alimentos juntos, usando sus saberes.

“Eso reteje los lazos y los vínculos rotos, en ese sentido se convierte en terapéutica así ellos no le den ese nombre. Se retejen los lazos rotos por la guerra, el sentimiento se transforma en esperanza de vida, ganas de seguir para adelante, se comprende que la vida es con otro, que no es adversario”, enfatiza Beatriz.

Si el lugar de la salud mental es el lugar de los vínculos y relaciones, insiste Beatriz, esas actividades que crean nuevos lazos fomentan la confianza para volver a vivir juntos y se convierte en terapia fundamental porque surge de las comunidades mismas, con sus propios recursos.

“Es una terapéutica endógena que para las formas más convencionales de entender la salud mental tal vez no tenga mucho sentido, pero la salud mental se fortalece al recobrar el sentido de la vida tan quebrado.

“Por eso, seguir pensando que la soberanía alimentaria, que le da la posibilidad de tomar decisiones y generar autonomía son formas mas favorables al fortalecimiento de la salud mental y no otras que generan dependencia de un saber determinado”, añade Beatriz Arias.

Ana Joaquina Galeano Cardona fue una de los co-investigadoras del proyecto. Ella es una mujer campesina de Argelia (Antioquia). Ella se encargó de visitar a personas adultas mayores en las veredas.

Durante las charlas les preguntó acerca del alimento, especialmente sobre cómo lo cultivaban antes, y a partir de los relatos como respuestas a sus preguntas fueron construyendo una memoria colectiva.

FSJ: ¿Antes del proyecto, conocía el concepto de salud mental?

AJG: No tenía ni idea de qué se trataba, no lo había escuchado mentar. Pero ahora sí porque nos explicaron muy bien qué significaba y a través de un taller todos construimos ese concepto.

FSJ: ¿Cómo relaciona la comunidad campesina soberanía alimentaria con salud mental?

AJG: Los que producen los alimentos, deciden qué consumen, en qué cantidad y los producen de manera limpia, tienen una alimentación sana y soberanía alimentaria. Todo esto va de la mano con la salud mental que es poder estar tranquilos y poder trabajar en el campo.

Si tenemos dónde producir, qué consumir y nadie nos está imponiendo nada podemos estar tranquilos donde habitamos y tener una buena salud, que es lo más importante.

FSJ: ¿Por qué prefieren el término soberanía alimentaria y no seguridad alimentaria?

AJG: Soberanía alimentaria para nosotros, es poder decidir qué y cómo producimos, es tener nuestra propia autonomía de lo que consumimos. Seguridad alimentaria, es un término nada más, pues el gobierno dice garantizar la alimentación porque están los supermercados llenos, pero no sabemos de donde viene este alimento, quién lo produce; además, tiene agro-tóxicos que causan problemas en la salud.

FSJ: ¿Qué impacto tiene la soberanía alimentaria en la comunidad?

AJG: Es positivo porque si vivimos en el campo y sembramos estamos fomentando la agricultura; además, tenemos autonomía. Nos sentimos bien porque estamos construyendo una economía propia.

*** Al preguntarle a Beatriz Arias si existe alguna investigación anterior sobre el tema de soberanía alimentaria y salud mental en Colombia respondió que no conoce ninguna y aclaró: “Las exploraciones por la soberanía alimentaria han tocado otras aristas, muy relacionadas con la salud mental, pero no nombradas propiamente como tal. Lo mas cercano al campo de la salud es lo relacionado con lo nutricional”.

Descarga el artículo académico de esta investigaciónSoberaníaalimentariaysaludmental