Una mirada no punitivista y alternativa a las adicciones

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

 

Una mirada alternativa de la dependencia a las drogas es una propuesta que existe paralela a un enfoque castigador y criminalizador sobre este problema.

En torno a la persona con adicciones se ha construido un estereotipo, difícil de derrumbar, el cual lo relaciona con la delincuencia y la inseguridad ciudadana. Además, en algunos casos lo despoja de su dignidad, sus derechos y lo pone en la mira del castigo por parte del derecho penal, la criminología.

Como consecuencia de esto, el rechazo social hacia estas personas es frecuente.

Sin embargo, hay quienes abogan por otro enfoque. La propuesta es tratar la dependencia de las drogas como un problema de salud no de seguridad ciudadana, respetando los derechos de estas personas y evitando su discriminación.

En esta segunda perspectiva se ubican representantes de la psicología, trabajo social, el derecho, entre otras profesiones.

Adicciones y Gestalt

Para empezar definamos lo que significan las palabras adicción y Gestalt. De acuerdo con Patricia Colace, psicóloga argentina y profesora de psicopedagogía es necesario distinguir entre consumo problemático, consumo y adicción.

El consumo de sustancias, legales e ilegales, produce cambios en la conducta y orgánicos, pero no siempre ese consumo es una adicción ni es un consumo problemático.

Cuando hablamos de adicciones se cree que todas las sustancias pueden llegar a producir una dependencia. Consumir una sustancia en sí no es un problema, pero sí cuando esto afecta el entramado social de la persona que consume, explica Colace.

Es ahí cuando estamos frente a un consumo problemático, que puede derivar en una adicción, en una dependencia. Para hablar de adicción estrictamente se tienen que dar los síndromes de dependencia, abstinencia y tolerancia, asegura.

Entre tanto, Gestalt es una palabra alemana que indica que la totalidad es mayor que la suma de sus partes; en una visión “gestáltica”, la experiencia es un todo orgánico y la conducta algo integrado[i].

Todo cuanto nos constituye juega un papel casi co-protagónico en nuestros procesos vitales; entonces, un síntoma es parte de y no se manifiesta como un aspecto aislado de la persona.

Luz Fanny

“Nuestras dimensiones emocional, relacional mental y física funcionan como una organización en favor de una comprensión y posible manejo de la adicción; aunque sea necesario en algún momento, focalizar nuestra atención en una de ellas, lo que impacte una de sus partes, afecta toda su estructura”, señala Luz Fanny Escobar, educadora de personas con enfoque Gestalt e integrativo.

Según Fernando García Gil, miembro del Equipo de Instituto de Psicoterapia Gestalt de Madrid (España), la adicción es un síntoma de un trastorno de la personalidad y en Gestalt no existe un abordaje específico.

La persona como centro

García Gil describe como esta dependencia interfiere con las distintas áreas de la vida del individuo. “Alguien está alienado o pegado al contacto permanente con la sustancia, que organizó su vida en torno al consumo; y, si no hay retirada, no hay contacto decimos en Gestalt. Se trata de que la persona vaya progresivamente desarrollando sus propios recursos como el auto apoyo y no necesitará apoyarse en la sustancia”, agrega García.

¿Qué elementos teóricos y tratamientos ofrece la Gestalt en esta situación?

Sus aportaciones principales son el concepto de homeostasis y autorregulación del organismo cuyo objetivo es la integración de la persona, indica Escobar. “El trabajo comprende lo relativo a la consciencia, es decir, la responsabilidad, el darse cuenta y, por supuesto, la resolución de los conflictos que subyacen bajo el consumo de cualquier sustancia”, precisa.

Gracias a estos y otros elementos la Gestalt es útil en esta situación. “También Gestalt contribuye al desarrollo de las potencialidades de las personas. Entre los elementos metodológicos de tratamiento destaco su aplicación a los grupos de adicciones, a sus dinámicas e interrelaciones”, añade García.

El papel del terapeuta en estos casos es acompañar a quien experimenta la dependencia para que para que sea consciente de sus sensaciones, emociones, creencias, deseos, expectativas hacia sí mismo y su entorno. De esta manera, comprenderá el papel que le ha dado a la sustancia, la función que esta cumple en su vida y podrá reconstruir una personalidad muy dañada, relata García.

Por eso el profesional gestáltico debe disponer de un profundo conocimiento de la psicopatología en general, enfatiza el experto del Instituto Gestálico de Madrid.

La Gestalt ofrece herramientas internas orientadas a la salud para que el consultante sea activo en la terapia cuyo objetivo es la abstinencia aunque, en algunos casos, se trabaja cuando hay consumo activo y en ese caso, se hace énfasis en la reducción de daños y en el apoyo.

Por su parte, Luz Fanny considera que hay diversas maneras de tratar las adicciones y esto depende de factores tales como, por ejemplo, qué tan avanzada está la adicción.

“Una contribución que siento que hace la terapia Gestalt es su movimiento inter-dependiente e integrativo. No hay nada que tu sientas, veas, pienses, digas, hagas, que no sea parte de ti”, indica Luz Fanny Escobar.

Además, en el camino gestálico hay recursos internos y externos como la representación, el juego de roles, el teatro terapéutico, entre otros, los cuales son útiles en estos casos.

Entre los recursos internos de la persona están sus ganas de vivir, sus emociones, su búsqueda de la felicidad, la necesidad de relacionarse y conectarse con el mundo y una reflexión trascendente que contribuye a re-conectar o re-descubrir su fuerza y sabiduría interior.

Desde la Gestalt el recurso clave es el darse cuenta, afirma Luz Fanny, tomar consciencia, identificar cuál parte se ha separado de esa totalidad.

Al hacer esto la persona podrá determinar cuál es el evento traumático y el comportamiento o sufrimiento que desorganiza su unidad y la estrategia de sobrevivencia que la sustituyó, por ejemplo la droga para, desde ahí, volcarse hacia la integración y el cambio precisa Escobar.

Mientras esto hace la persona con adicciones, el terapeuta formado en Gestalt aporta su conocimiento de las técnicas gestálicas, el contacto con sus propias emociones, la empatía, el no juicio, el silencio, la espontaneidad y la autenticidad.

Rosana Morales

Rosana Morales, consultora en proyectos sociales y psicoterapeuta independiente precisa que la Gestalt es un enfoque terapéutico y una filosofía de vida la cual confía en la capacidad del ser humano para auto-regularse y equilibrarse.

“Si yo creo profundamente y confío en que en esa persona con adicciones tiene esa capacidad de auto-regularse, confío en que es capaz de estabilizarse nuevamente y comprender para qué está consumiendo esa sustancia o por qué incurre en cualquier comportamiento adictivo”, afirma Morales.

¿Qué está amortiguando al usar esa sustancia o repetir esos comportamientos desequilibrados? Una persona puede utilizar sustancias que alteren su comportamiento como el café, alguna droga o tener comportamientos adictivos con respecto al sexo, el juego. Por ellos es indispensable saber qué le impide alejarse de esas sustancias y esos comportamientos.

“No podemos hablar de un modelo único de tratamiento a las adicciones si no para cada persona en ese momento determinado qué es lo que está haciendo que no pueda regularse con respecto a esa sustancia o comportamiento”, sostiene Morales.

También en la Gestalt se aplican tres importantes pilares: estar aquí y ahora, observar como ese comportamiento o consumo adictivo afecta su darse cuenta que ocurre en el momento, pues algunos consumos, incluso el café, afectan nuestra consciencia, otros deprimen y esto impide que se cumpla otro pilar, el ser responsable, hacerse cargo.

Adicciones en el derecho 

Después de ver cómo se trata la adicción a las drogas, desde la psicología y la Gestalt, la pregunta siguiente es cómo lo es el manejo por parte del ordenamiento jurídico colombiano.

En la publicación Delitos de Drogas y sobredosis carcelaria en Colombia, del año 2017, la organización Dejusticia hace un análisis de la evolución normativa empezando con la Ley 11 de 1920 hasta la Ley 1760 de 2015.

Las primeras normas hasta el año 1946, explican los autores del documento, no penalizaban el consumo pero existían unos registros de “toxicómanos en direcciones departamentales y a partir de los años 50 se empieza a castigar el consumo de marihuana.

Entre tanto, a partir de los años 60 las normas oscilan entre la prohibición, el castigo, la penalización y el enfoque de salud pública, preventivo, no castigador. En el Código Penal colombiano, Ley 599 de 2000, los tipos penales relacionados con las drogas se encuentran en los artículos 375, 376, 381 y 382.

En medio de la normatividad existente, a mediados de los años 90 una demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 2 y 51 de la Ley 30 de 1986 del ciudadano Alexandre Sochandamandou cuestionaba la intervención del Estado en la salud personal, el trato discriminatorio a las personas consumidoras de drogas y el tratamiento médico previsto para las personas.

La respuesta a su demanda de inconstitucionalidad fue positiva. Y así nació una sentencia “hereje” del magistrado Carlos Gaviria Díaz la cual causó polémica en el país.

La Sentencia hito C- 221 de 1994 de la Corte Constitucional constituyó un rompimiento con respecto al tratamiento del consumo de drogas. En esta providencia la Corte hizo un análisis sobre los límites a la intervención del Estado en la salud personal, el punitivismo de las medidas contempladas en esa ley y la importancia de respetar el artículo 16 de la Constitución Política sobre el libre desarrollo de la personalidad el cual cobija el consumo de tóxicos como un aspecto de la esfera interna de la libertad.

Ese fallo  planteó el tema como un problema de salud pública y no como un tema de seguridad pública. Además se centró en la dignidad y la libertad de la persona dependiente de las drogas y en sus derechos.

Posteriormente mediante Acto Legislativo 2 de 2009, durante la Administración de Álvaro Uribe intenta derogar esta medida pero la Sentencia C-491 de 2012 de la Corte Constitucional deja en pie la no penalización de la dosis personal. Actualmente, el candidato del Centro Democrático, del cual hace parte el ex presidente Uribe, promueve la penalización de la dosis personal.

La guerra contra las drogas en países como Colombia y México ha dado como resultado un mayor número de encarcelamientos por delitos relacionados con el porte, consumo y otros delitos concurrentes con el de las drogas.

El informe de Dejusticia publicado en el año 2017 indicó que en los últimos nueve años se realizaron 727.091 capturas por presunto porte, tráfico y fabricación de drogas, las capturas señala el informe son mayores entre jóvenes, el grado escolar de estas personas es de primaria, bachiller, solo un pequeño porcentaje profesionales y pertenecen a poblaciones históricamente vulnerables y marginalizadas.

De acuerdo con el profesor de derecho penal Filemón Torres, la razón para que este tipo penal exista relacionado con las drogas exista es que este delito tiene un alto contenido moral. Por eso se sigue sancionando y aunque después de muchos años al alcohol fue aceptado, la droga no lo es todavía, pero podría llegar a serlo como ocurrió con el alcohol.

Al preguntarle al profesor si es posible que un consumidor o un traficante de drogas reciba un trato diferente al momento de presentarse ante la justicia, Torres afirma que es posible, pero no se puede generalizar.

“Es que los jueces son parte de la sociedad. En la sociedad hay una serie de ideas morales al respecto, es seguro que hay jueces que, al margen de la conducta del autor, moralmente están descalificando a un adicto, a un consumidor”.

Al preguntarle ¿Qué podría hacer el derecho penal para contribuir a la disminución de la discriminación de la persona con adicciones cuando se enfrenta a la justicia? Torres responde que el problema no es solo del derecho penal, desde el punto legislativo, sino desde el punto de vista judicial.

“Uno sabe que debe defender la independencia de los jueces, pero solo lo ve desde la independencia de los superiores. Puede que no tenga presiones para dar su fallos, pero no es la independencia de lo externo la que puede influirlo más sino la independencia de sí mismo. Uno tiene una serie de taras, la mayor dependencia de un juez es de lo que piensa, de la concepción del mundo y la vida que tiene”.

Menos estigmatización y criminalización

Por ello, en reacción a estas respuestas criminalizadoras desde la psicología, el trabajo social y la psiquiatría se aboga por la no estigmatización ni criminalización de las personas consumidoras de drogas.

En Bogotá, el psiquiatra crítico Edwin Herazo nos comparte su reflexión acerca de los avances en este sentido.

De acuerdo con Fernando García Gil la Gestalt no estigmatiza y comprende que un una persona adicta teme ser despersonalizada si remite su adicción. Según García la persona adicta se pregunta: “si ya no soy adicto o no tengo los efectos del consumo ¿Qué hago? ¿Cómo me comporto? ¿me aceptarán? ¿me quedaré solo? ¿ligaré? La Gestalt no estigmatiza o por lo menos esa es la tarea, añade.

En Gestalt se mira a la persona en su totalidad no solo el síntoma a eliminar. Si se centrara en el síntoma no vería a la persona ni su sufrimiento.

¿Por qué es importante disminuir la criminalización de las personas con adicciones? Porque como sostiene en su obra Alessandro Baratta: “La criminalidad no existe en la naturaleza si no que es una realidad construida socialmente a través de procesos de definición e interacción. Es además un estatus social atribuido a alguien por quien tiene un poder de definición”.

El informe de Dejusticia señala que la sobredosis carcelaria experimentada en Colombia en relación con el tema de las drogas no ha dado frutos positivos en cuanto a la disminución de consumo y oferta de drogas, pero en cambio ha significado costos enormes en el sistema carcelario, ya afectado por el hacinamiento y la vulneración de derechos humanos tras las rejas.

La criminalización nunca ha sido efectiva y solo ha generado bolsas de marginación y delincuencia como los poblados de Barranquillas, en Madrid, donde García trabajó o en el Bronx, en Bogotá, la cual no visitó debido al peligro que representaba.

“La rehabilitación, la reducción de los daños como último recurso y la recuperación de la persona es sumar a la construcción de la sociedad y las personas, con excepciones -como podrían ser psicópatas intratables- la criminalidad o criminalización traerá marginación, delincuencia, inseguridad y mafias que retroalimentan un sistema enfermo”, puntualiza.

En Argentina la psicóloga Patricia Colace quien ha trabajado e investigado este tema y aboga por un enfoque de derechos y no discriminación de las personas con adicciones considera que no se debe patologizar la vida cotidiana. Ella no está de acuerdo en categorizar todo como adicción, por ejemplo, ir al gimnasio, el consumo de café o la tecnología, entre otros.

“Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder)”, aclara.

Además reflexiona acerca del papel que puede tener la prensa en la representación de las personas con adicciones y las adicciones pues esta perpetua estereotipos y relaciona en sus cubrimientos, superficiales, el consumo con la delincuencia y la inseguridad ciudadana creando así un rechazo social hacia estas personas.

“Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante”, agrega.

Un camino largo en clave de derechos

Según los testimonios conseguidos para este reportaje paralelamente a la tendencia penalizadora del consumidor de drogas existe otra que aboga por tratar el consumo de drogas como un problema de salud pública.

Desde esta segunda perspectiva, el individuo que consume conserva intacta su dignidad humana, debe ser tratado como un sujeto de derechos, en ejercicio de su libertad, no como un delincuente y advierte que este individuo determinará cuándo pedir ayuda ante un consumo problemático.

Desde esta perspectiva más humanista y reconocedora de los derechos, se pretende dejar atrás el tratamiento de las personas con adicciones desde el punto de vista punitivista para darle una respuesta más humana al problema de la dependencia de las drogas.

Para lograrlo será necesario también la formación de los periodistas, profesionales y empíricos, en el manejo mediático de este asunto para que no jueguen un papel negativo en la perpetuación de ese tratamiento discriminatorio, prejucioso y castigador.

Aunque falta mucho trecho por recorrer para que este tema sea visto en Colombia, como un problema de salud pública pues esta sociedad tiene fuertes influencias judeo-cristianas, que tienden al castigo y porque desde el derecho, penal y la criminología, se construye el imaginario del delincuente, desviado, desadaptado, en torno a la persona con adicciones.

Sin embargo, son inspiradores los profesionales que se preocupan por cambiar esos imaginarios por otros más positivos y que inviten a la sociedad a mirar a la persona con adicciones desde su totalidad, comprendiendo que una persona no se agota en una condición, sea temporal o permanente, en este caso la adicción. 

Referencias:

[i] Vander Zander James, Manual de Psicología social. Barcelona, Paidos, 1986. Página 620.

[ii] Baratta, Alesandro. Criminología, crítica y crítica del derecho penal. Introducción a la sociología jurídico penal. Siglo XXI Editores, 1980. Páginas: 109, 135.

Argentina: Más derechos y menos estigmatización contra personas consumidoras de drogas

Patricia Colace es Licenciada en psicología y profesora en psicopedagogía. Estudió psicopedagogía en Bahía Blanca, Argentina, se graduó en 1989 y de la Universidad Católica Argentina, en el año 1998, donde estudió psicología.

Su trabajo se ha centrado fundamentalmente en el ámbito público, especializándose en la elaboración de Políticas Públicas sobre drogas y adicciones. En la actualidad, trabaja en la Dirección de Adicciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Asesoramiento en el ámbito Legislativo de la misma ciudad.

FSJ: ¿Por qué elegiste las adicciones?

PC: Mi inquietud por el tema surgió en el año 2000 cuando militando para un partido político nos invitaron a participar en un trabajo sobre el Paco, droga que surgió en esos años de mucho conflicto político como una “manera de supervivencia “ en los barrios pobres de la Provincia de Buenos Aires.

FSJ: ¿Por qué una ley de salud mental y adicciones juntas? Es cierto que el consumo de ciertas sustancias psicoactivas provocan episodios en quienes los consumen, pero por qué en Argentina ligan estos dos temas.

PC: En Argentina existe la Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones sancionada en el año 2010, ley que yo considero casi un mini tratado de Derechos Humanos. Que las adicciones estén dentro de ésta ley les da un marco de derechos que antes no tenían.

Esto dice la ley en su Art. 4 y lo comparto plenamente:

Artículo 4º.- Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud.

Es muy importante que incluyan un artículo donde consideran que las adicciones forman parten del padecimiento mental y de esa manera las personas con consumo problemáticos están protegidas.

Es importante aclarar que no es lo mismo consumo problemático, consumo y adicción. Cuando hablamos de adicciones se piensa en todas las sustancias que provocan ciertos efectos en las personas, que puede llegar a producir una dependencia.

En tanto, consumir una sustancia en sí no es un problema, pero sí cuando ello comienza a afectar el entramado social de la persona que consume: ahí estamos hablando de un consumo problemático, que puede derivar en una adicción, en una dependencia. Para hablar de adicción estrictamente se tiene que dar los síndromes de dependencia, abstinencia y tolerancia.

El consumo de sustancias legales e ilegales produce cambios en la conducta y orgánicos, pero no siempre ese consumo es una adicción ni es un consumo problemático.

FSJ: ¿Cuál es la razón para sacar “desmanicomializar” la salud mental? ¿Aplica esto para personas que viven con adicciones?

PC: El fundamento básico es que el encierro produce más enfermedad y los hospitales monovalentes, es decir psiquiátricos, provocan aislamiento, estigma, falta de libertad y nula inserción social. Por ello,  hay que buscar otras alternativas terapéuticas como las casas de medio camino, los hostales, los hospitales de día etc.

La Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones obliga al cierre paulatino de los psiquiátricos, es decir, que no se pueden cerrar si no se crean otros dispositivos alternativos. Infortunadamente, la falta de voluntad política y los intereses en juego hace que no se implementen esas políticas y entonces efectivamente la gente queda en situación de calle.

FSJ: ¿Qué tan efectiva ha sido la ley de salud mental y adicciones en Argentina?  

PC: Es un camino lento la aplicación de esa ley porque indudablemente toca muchísimos intereses económicos, de poder, de paradigmas y miradas sobre el tema. Los laboratorios y algunos médicos psiquiatras han sido los primeros en oponerse a la ley y los dueños de las comunidades terapéuticas.

Por suerte, hay un grupo de personas y profesionales que luchamos por la plena implementación de la Ley 26657.

FSJ: ¿Cómo afecta esa ley los intereses económicos a las personas, si no se cumple, y si considera a las personas con adicciones con padecimientos mentales, es decir, los induce a llegar a esas comunidades terapéuticas para que los “sanen”?

PC: Digo que la Ley 26657 afecta los intereses económicos y de poder de algunas profesiones. Por ejemplo, el poder hegemónico de los psiquiatras.

Antes con su sola firma podían internar una persona,en la actualidad no es posible con ésta ley ya que se necesitan la firma de al menos dos profesionales de la salud que deben formar parte de un equipo interdisciplinario, un psiquiatra y un psicólogo.

También establece  el tiempo que una persona puede pasar internada , que no pude ser indeterminado ni con falta de control por parte del Estado y eso afecta los intereses económicos de la comunidades terapéuticas.

Otro aspecto sumamente importante es que la Ley considera que internar a una persona debe ser el último recurso, pues es considerado un acto restrictivo. Por lo tanto se deben buscar otros medios para la curación.

FSJ ¿Cómo luchan algunos profesionales por la implementación de la ley?

PC: Tratando de que la implementen, que cumplan con la reglamentación, que le otorguen presupuesto, denunciando públicamente cuando existen violaciones a la letra de la Ley y solicitando información desde el legislativo, entre otras acciones.

FSJ: ¿Es decir que esa ley que calificas como mini tratado de derechos humanos, es ideal en el papel pero no se cumple desde que se expidió? 

PC: Se cumple pero no en su totalidad por las razones antes expuestas.

FSJ: ¿Qué se ha hecho en Argentina para reducir el estigma con respecto a la salud mental y las adicciones?

PC: Está en proceso un cambio de paradigma sobre cómo abordar la salud mental y las adicciones. La mejor política pública, desde mi punto de vista, es cumplir la ley antes mencionada.

FSJ: ¿Qué se puede hacer desde los medios de comunicación para desestimular la estigmatización de quienes viven con enfermedades mentales?

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser utilizadas para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser privilegiada en los medios para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

FSJ: ¿Qué has aprendido de las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Me muestran en el espejo lo que quizás algún día me puede pasar a mi o algún ser querido. Además de mucha gratitud cuando se sienten acompañadas en su proceso de recuperación.

Nota 1:  Las drogas legales son todas aquellas que no están penadas por la ley por ejemplo el cigarrillo, el alcohol, los psico-fármacos y otras que tienen que ver con prácticas con riesgo adictivas, el juego y la tecnología, por ejemplo.

En cuanto a las drogas ilegales Argentina cuenta con la Ley 23737 sobre tenencia y tráfico de estupefacientes donde se incluyen las drogas penadas. Este listado se actualiza y se van agregando nuevas drogas que surgen en el mercado e ingresan a nuestro país.

Nota 2: La pasta base de cocaína también llamada “paco” es un producto intermediario en la producción de clorhidrato de cocaína que se obtiene al disolver residuos en líquido y tratar la solución con queroseno o gasoil, para luego mezclarlo con sustancias alcalinas o ácidos como el sulfúrico. Se trata de un polvo blanco amarillento, de consistencia pastosa y olor penetrante. Apenas consumido produce euforia y tiene un efecto muy intenso que dura entre 5 y 10 minutos. Esto genera una rápida dependencia y un gran aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias.