El lenguaje importa: rigor, contexto y salud mental

Esta guía realizada por el Centro Carter de los Estados Unidos que se ha destacado, desde hace décadas, por su trabajo en la promoción de la salud mental, la reducción del estigma y formación de periodistas en esta área.

Esta útil herramienta, en inglés, ofrece recursos para ser consultados por periodistas antes de producir contenido escrito, visual o de audio sobre salud mental.

Contiene sugerencias de vocabulario, lenguaje, formas de narrar la salud mental y asociaciones a las que acudir para complementar con información de contexto los reportajes, entrevistas, noticias, crónicas o columnas.

Tiene además un índice sobre los temas más frecuentes en esta área de la salud y cómo abordarlos.

Descarga la guía:Carter Center journalism-resource-guide-on-behavioral-health

 

 

Cubrimiento responsable y medios de comunicación

 

“El prejuicio es una actitud hostil o negativa hacia un grupo distinguible basada en las generalizaciones derivadas de información imperfecta o incompleta”, Eliot Aronson. 

Este Lexicón fue elaborado en España con información de diversas fuentes, incluida la Organización Mundial de la salud (OMS). Ofrece ejemplos prácticos sobre lo que se debe evitar al reportar sobre el tema.

Lexicón hace énfasis en la responsabilidad que tienen los medios de comunicación al informar de una determinada manera y fijar en la sociedad imaginarios erróneos o acertados sobre el tema.

Esta guía contiene un glosario básico sobre algunos trastornos mentales, los más comunes, y estadísticas. Además, sugerencias sobre el vocabulario a utilizar al escribir sobre personas que vivan con ellos.

Términos tales como “loco”, “perturbado”, “lunático”, “paranoico”, “demente”, “trastornado” y “maníaco”, que estigmatizan y desinforman, no deben ser usados en los medios de comunicación.

Al final del Lexicón hay una lista de  fuentes de organizaciones y especialistas que pueden ser consultadas desde cualquier país para escribir con rigurosidad sobre este fundamental tema.

Mejore su cubrimiento sobre salud mental, descargue la guía: Lexiconguíasaludmental

 

Comunicando acerca de la discapacidad

 

La representación mediática es otra causa de preocupación por cuanto no siempre se hace un cubrimiento responsable y equilibrado acerca de la discapacidad.

La necesidad de no re-victimizar a quienes viven con algún tipo de discapacidad ha llevado a que se elaboren guías como estas para evitar el daño que se puede causar al no informar apropiadamente.

Este manual de estilo y buenas prácticas sobre cómo informar acerca de personas con algún tipo de discapacidad puede ser consultado antes de producir cualquier contenido sobre el tema.

La guía elaborada por la Consejería de Salud y Bienestar Social junto con otras organizaciones tales como el Colegio de Periodistas de Andalucía  (España) propone alternativas para el uso apropiado de lenguaje, de imágenes y fotografías; además, un cuadro resumen con la terminología más adecuada al reportar.

También presenta un directorio de fuentes  y páginas web donde se encuentran cifras y estadísticas útiles para ofrecer contexto  al realizar una noticia, reportaje, crónica o columna sobre este tema.

Descarga la guía: Guíasobrediscapacidad

 

De como el periodismo estigmatiza la salud mental

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

Titulares sensacionalistas, falta de exactitud en la información y relacionar la enfermedad mental con la violencia son algunas de las fallas al informar sobre salud mental.

“Un esquizofrénico podría estar a su lado” [i]. Un titular sensacionalista [ii], que reduce al individuo a su enfermedad, un texto sin contexto, estigmatizante y que generaliza sobre la supuesta agresividad de todas las personas con esta enfermedad, es un ejemplo claro de lo que se debe evitar al escribir sobre salud mental.

Y estos otros también lo son: “Aranzazu: pueblo de bipolares”[iii] y “50 por ciento de los pilotos en Colombia sufrirían de depresión”[iv], éste último publicado cuando circulaban noticias del avión de Germanwings[v], que se estrelló en los Alpes, y concluían que la causa del accidente fue la depresión del copiloto.

En el caso del avión, Simon Wessely, presidente del Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido (Royal College of Psychiatrists) aseguró que afirmar que la depresión llevó a Andreas Lubitz[vi] a estrellarlo “parece ser irresponsable y perjudicial”, dado que “muchas personas son diagnosticadas con ese trastorno […] lo cual no les impide ser profesores, abogados o médicos”[vii].

El mayor error es establecer una relación causal entre la enfermedad mental de una persona y una acción, dice Lawrence Kutner, psicólogo y director ejecutivo de Stanford Pre-Collegiate Studies, de la Universidad de Stanford.

“’Él sufre de esquizofrenia… lo cual hace atacar a su vecino’; hay muchas personas con esquizofrenia que no actúan violentamente. ‘Ella se mató debido a su depresión’, etcétera (…) es tan fácil simplificar, reducir, que los reporteros y editores lo hacen todo el tiempo”, asegura.

Sin embargo, los medios pueden, y deben, jugar un papel importante en la reducción del daño a quienes tienen alguna enfermedad mental y no son tratados efectiva y humanamente.

“En muchas partes del mundo, la enfermedad mental sigue siendo vista como un déficit personal, un fracaso religioso, como una maldición”, insiste Kutner.

Por ello es necesario informar con exactitud, incluir el contexto cultural y tratar temas como la culpa y la vergüenza sobre los cuales no se habla.

“El problema es la pobre calidad al reportar, la cual tiende a reforzar el estigma. Como consecuencia de esto, personas que necesitan ayuda se sienten avergonzadas […] tal vez sientan culpables por su enfermedad mental, tal vez crean que nada se pueda hacer […] y son caricaturizadas como personas locas o chifladas, esto tiene profundas implicaciones en políticas públicas”, finaliza Kutner.

A pesar de las generalizaciones y los estereotipos, las personas con esquizofrenia y depresión conviven con la enfermedad en diferentes maneras. “Muchos de los que experimentan un problema de salud mental están trabajando, sosteniendo a su familia y tratando de estar mejor”, dice Melissa McCoy, consultora de medios y especializada en cobertura periodística en salud mental.

La forma como los medios reportan[viii] sobre salud mental tiene un enorme impacto en cómo la gente ve este asunto. “Otra falla común es tratar a las personas con enfermedades mentales como si fueran peligrosas[ix]. La mayoría de las personas con enfermedades mentales nunca dañan a nadie, aunque a veces se dañan así mismos”, sostiene McCoy.

En Estados Unidos, por citar un ejemplo, la incidencia de crímenes contra personas con enfermedades mentales es más de cuatro veces mayor que en el resto de la población; es decir que son víctimas de violencia  y no perpetradoras como insinúan los medios[x].

Por su parte, la Doctora Glenda Wrenn,  profesora asistente en psiquiatría y ciencias del comportamiento de la escuela de Medicina Morehouse en Atlanta sostiene que: “Yo creo que el error más común de los periodistas es no estar  preparados para representar el tema. Ellos saltan al aspecto sensacionalista de la historia y pierden la oportunidad de abordar asuntos más profundos y apremiantes”.

En opinión de Yahira Rossini Guzmán, jefa del área de salud mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Sabana de Bogotá: “Los medios, en general, sí informan sobre salud mental, pero están muy sesgados hacia ciertos temas; además se relaciona cualquier tipo de enfermedad mental con delitos o con el suicidio y el consumo de sustancias”.

En los medios hay temas más representados que otros. “Los más frecuentes son la ansiedad y la depresión, el consumo de sustancias y los suicidios que son llamativos, pero pienso que estos temas se pueden ir desplazando”, añade.

Representación de las personas

Al informar sobre salud mental, otras faltas que se cometen son no investigar y caricaturizar a las personas que viven con enfermedades y trastornos mentales[xi].

Además es recomendable consultar varias fuentes y tener mucho cuidado con emitir una opinión personal y definir a la persona según su diagnóstico como ocurre en este texto: “Berenice es una bipolar bien creativa”[xii]; emitir opiniones lleva a que la población generalice sobre las enfermedades.

La representación sensacionalista y superficial de las enfermedades hace que cualquier persona que tenga depresión, como ocurrió con la noticia del copiloto de Germanwings[xiii], se convierta en un peligro a pesar de que: “Muchas personas vamos a padecer un episodio depresivo en la vida, pero la gente va a consultar menos por temor a los comentarios”, explica Yahira.

Otro aspecto fundamental al abordar la representación de las personas con enfermedades mentales es si es necesario exponerlas o no. La doctora Wrenn, explica que se requiere un permiso por parte de ellas. “Cuando nosotros escribimos sobre nuestros pacientes, hacemos lo necesario para conservar su anonimato, cambiamos los nombres. Es importante proteger la privacidad de las personas y prestar atención adicional cuando se habla de niños”.

Los periodistas deben permitir que las personas cuenten su propia historia en sus propias palabras, si quieren hacerlo, y aceptar que alguien más esté presente, cuando ofrecen su testimonio, si eso las hace sentir más seguras.

Además, es necesario entrevistar a expertos psicólogos, psiquiatras, líderes de las comunidades sobre las cuales se está hablando tales como latinos, afrodescendientes, árabes, indígenas, etcétera.

En opinión de Melissa McCoy, hay tanto estigma relacionado con la enfermedad mental que cada persona que se entreviste y ayude a explicar  lo que las personas experimentan es útil.

En igual sentido se expresa Arlene Notoro: “Tener a alguien que dé su identidad y su testimonio agrega validez al relato pero es un tema muy sensible. En cada caso se debe determinar qué tan importante es usarlo, usar fuentes no identificadas, fotos que cubren los rostros o no usarlas definitivamente. Si se está haciendo un video se debe ser muy inteligente al pensar cómo presentar a la persona”.

Al informar sobre salud mental también es conveniente hablar de las teorías, porque los profesionales en salud mental pueden ayudar al público a entender que ésta no es una falla de la persona y que las enfermedades mentales son tratables.

Información rigurosa

Al representar a las personas es fundamental no hacer daño, no re-victimizar al ser descuidados con el trabajo. Asimismo es esencial incluir fuentes institucionales y no institucionales.

“Es muy importante decir la verdad. Si no conseguimos las voces desde todos los segmentos, no estamos contando toda la historia y sabemos que algunos grupos, por razones históricas sufren más que otros”, añade McCoy.

Se debe tener cuidado con estos temas porque son difíciles de entender. Unos años atrás, recuerda Arlene Notoro, leyó una historia acerca de dos adolescentes que se quitaron la vida.

Era una narración casi romántica, comenta. Dos semanas después, otros adolescentes de esa comunidad quisieron hacer lo mismo pero, por fortuna, sus padres lo impidieron. “Esa historia estaba bien escrita, bien redactada pero no debió ser publicada nunca porque contribuía al problema”, argumenta Montoro.

En este punto, Yahira Rossini insiste en que los medios podrían ayudar a explicar cómo tener una calidad de vida mejor si se piensa en la salud mental. Algunos temas que podrían ser tratados son: prevención, calidad de sueño, manejo de estrés, sintomatología depresiva y ejemplos positivos sobre personas que se recuperan.

Por su parte, Bill Lichtenstein, presidente de Lichtenstein Creative Media, Inc. opina que es un desacierto no cubrir la salud mental como se haría con otro asunto o enfermedad.

“Los reporteros se muestran reticentes a hacer preguntas difíciles, a confirmar los datos o poner las historias en contexto […] una adecuada reportería, en cambio, ayuda a generar conciencia pública y entendimiento para reducir el estigma”.

Salud mental y medios en Colombia

La salud mental en Colombia es una parte de nuestra historia a la cual no le prestan atención ni los medios ni sociedad en general[xiv], y ésta es una causa, entre otras, por la cual aumenta la sintomatología. Pero no se puede hablar de un país enfermo, esquizofrénico ni hipertenso ni se puede generalizar argumenta Yahira Rossini.

Rosinni también hace un llamado para no estigmatizar, como lo hace este titular: “Enfermos mentales: ¿Una amenaza de seguridad”[xv], y a no usar términos médicos para situaciones que no lo son, como ocurre en estos casos: “La relación bipolar de Colombia con Pablo Escobar” [xvi] y “La Arquitectura esquizofrénica” [xvii], por ser esta una terminología humillante para las personas que viven con alguna enfermedad mental.

Entre tanto, Diego Rodríguez, director clínico de 
Heartland Alliance International (HAI) en Colombia, con presencia en Valle y Chocó, recomienda tener cuidado con los datos estadísticos, ir más allá de los números y darle más valor a lo cualitativo.

Además, opina que se debe reconocer que se ha banalizado la violencia, que nos hemos adaptado al trauma y es momento de sanar, de establecer relaciones sanas.

Por su parte, Daniel Macía, psicólogo y miembro del equipo de Salud mental de Médicos Sin Fronteras, (MSF) en Buenaventura cree que se debe evitar brindar información que confunda a la gente y que hable de “locura”.

También sugiere no enfocarse demasiado en el evento traumático y profundizar en el afrontamiento comunitario, visibilizar cómo se recuperan las personas, plantear esa conversación.

En igual sentido se expresa Maritza Villarreal, psicóloga, quien explica que en Colombia la mayoría de las víctimas no presentan categorías diagnósticas y que es importante presentar los daños psicosociales en contexto y no como algo individual.

Asimismo, Dora Lancheros, psicóloga y directora de la Corporación Avre, que ofrece acompañamiento y atención psicosocial a las víctimas de la violencia política, asegura que la salud mental no es un asunto de locos.

“Lo que sentimos es normal en un contexto anormal […] Es importante tratar el tema de salud mental como un asunto de interés publico, promover educación en riesgo y contextualizar siempre las experiencias”, agrega.

Los medios de comunicación cumplen un papel primordial en los conceptos que las personas tienen con respecto a muchos temas, entre ellos la salud mental.

Por ello, Yahira Rossini asegura que el gran reto que tienen los medios de comunicación, es ayudar a todos, a los médicos, a los psiquiatras, a enseñarles a las personas con argumentos.

 

 

Conocer y representar el horror

En el foro: Conocer y narrar el horror de la Universidad de los Andes. Un psicólogo social, un sociólogo y un psicoanalista analizaron desde sus áreas de conocimiento, y trabajo, la narración y representación del horror tanto en los medios, los informes institucionales y trabajos de investigación.

El objetivo del encuentro era ofrecer diversas miradas sobre las formas de presentar las experiencias de sufrimiento y victimizaciones como la desaparición y la tortura, entre otras.

El sociológo uruguayo,  Gabriel Gatti, se refirió a los sustantivos de víctimas, y desaparecidos que circulan hoy, de manera frecuente, y mostró algunos textos en los medios de comunicación españoles que reportaron sobre las víctimas de Franco[i].

“Estos sustantivos son categorías, un lugar donde habitar, tener un discurso e identidad. Mostrar la categoría de víctima se ha convertido en receptor de identidad, de discurso”, afirmó Gatti, quien es hijo de desaparecidos.

El sociólogo aseguró que a partir del año 2005 se empezó a  hablar más sobre las víctimas del Franquismo en España y en el 2007 crearon mapas de las fosas comunes, se hablaba de desapariciones.

“Pero esto no quiere decir que las víctimas no existían antes, sino que se empiezan a usar esos conceptos con normalidad (…) Estas categorías sirven de reconocimiento a personas que antes no tenían nombre”, agregó.

Durante su intervención, Gatti compartió una exposición de Gervasio Sánchez, reportero gráfico español, con fotos de desaparecidos de diferentes partes del mundo, que corresponde -según Gatti- una estética de la figura del desaparecido.

Por su parte, Juan Pablo Aranguren explicó que aunque hay una tendencia a no reconocerse en el otro, al buscar en el árbol genealógico siempre se encuentra alguien de la familia que ha sido victimizado.

Aranguren dio un ejemplo de un grupo de estudiantes de Los Andes quienes preocupados por el tema de las “víctimas” y con el interés de entrevistarlas querían buscarlas en barrios humildes de la ciudad; entonces Aranguren los invitó  a buscarlas en la universidad y encontraron entre ellos parientes de líderes de izquierda asesinados, de padres secuestrados comprobando así que la victimización era parte de su historia.

 Conocer y representar

En el transcurso del foro se analizó cómo la “víctima”, aislada en un determinado momento se ubicó en el centro social y en el espacio público como alguien que debe ser reconocido por algo.

Explicó Gatti que existen dos enfoques acerca de  la categoría de víctima: “En el francés, la víctima cada vez se instala más en el espacio colectivo,  quita protagonismo al ciudadano (…) el abordaje anglosajón, que es sensible a atender al dolor de los demás,  plantea convertirlo en un problema social universal”.

Entre tanto, para el psicoanalista Marcelo Viñar, el éxito mediático de la violación de derechos humanos le hace sentir desagrado porque convierte la lucha en un hit televisivo. “Se transforma la tragedia en comedia”.

Sin embargo, “Esta trivialización televisiva y la producción de ídolos, (…) esas contradicciones a veces son fecundas porque reemplazan el silencio abrumador donde los desaparecidos eran desaparecidos”.

En el “posconflicto” esa palabra tan de moda, había una prédica del silencio – continuó Viñar – por eso la trivialización televisiva, esa imagen dice algo aunque aparezca al lado de una publicidad de gaseosas. “La prefiero a la dimensión del silenciamiento cuando éramos mirados con desdén porque queríamos hablar de eso”.

En opinión de Viñar, el tema de este foro no solo era pertinente sino ineludible porque representar es, literalmente, la capacidad de volver presente los objetos ausentes.

“El lenguaje, lograr la capacidad de ser seres hablantes, es un logro de la especie humana, ser seres hablantes. El lenguaje está en contradicción con el horror porque el horror trastoca la capacidad de pensar, somos toda emoción, afecto, pasión y crueldad, del afecto, sin pensamiento (…) Conocer y representar es crear con palabras, por eso el horror es la destrucción de esa empresa creativa”, añadió Viñar.

Para el psicoanalista uruguayo, el relato es parte esencial de cualquier comunidad y es fundamental para conocer el pasado, para saber de dónde venimos y a dónde vamos; de ahí ,que transmitir la memoria sagrada, de valores y creencias, es uno de los más viejos oficios de la humanidad y rasgo distintivo de la especie humana.

¿Cuál es entonces, en términos de memoria, la frontera saludable entre memoria y olvido, quién lo decide? No es el poder político. Es importante preguntarse ¿cómo marcan los roles, los estigmas, cómo marca ser hijo de un ancestro mancillado?

Por una ética de la escucha

En su intervención, Juan Pablo Aranguren sostuvo que algunas organizaciones sociales se han apasionado en narrar el sufrimiento, en que se pone peso a las narrativas gubernamentales y en visibilizar lo silenciado, la violencia extrema.

“Esas prácticas de sistematización  del sufrimiento, han instalado una narrativa sobre la efectividad del daño, en decir cuántos, de qué manera fueron torturados y dónde, pero sin profundizar en la experiencia subjetiva”, explicó Aranguren.

Uno de los efectos de esa narrativa de la efectividad del daño es que se concentra en el lenguaje de responsabilidad, recrea los hechos violentos, se concentra en el hecho y no en la persona que lo experimentó.

El lenguaje estadístico de indagar por el qué (…) ese lenguaje austero y sistemático, la violencia epistémica no se preocupa por los individuos” esas estadísticas pueden ser borradas también, pueden desaparecer.

Aranguren se refirió también a la resistencia de algunas personas que se resisten a los discursos oficiales que “subalternizan” al sujeto, que lo ven como inferior y alguien a quien dotarlo de voz.

También preguntó acerca del lugar desde el que se narra, de la presentación de memorias públicas que hablan solo desde el dolor de la víctima pero que no muestran a la persona en su integridad, más allá del hecho victimizante.

Juan Pablo Aranguren propuso reflexionar acerca del desarrollo de una ética de la escucha por parte de quienes recogen testimonios: periodistas, investigadores, psicólogos, activistas, etc.

Aranguren además invitó a buscar otras formas de narrar el dolor, el horror y recordó que: “quienes están ante el dolor de los demás no pueden escapar del marco geopolítico en que se inscriben”.

La ética de la escucha es una vieja idea a Frantz Fanon[ii], que invita a reconocerse en el otro que decimos no ser, esos otros distantes que decimos no ser: las víctimas o los actores de la guerra. “El acto de reconocernos en el otro, es un camino de la ética de la escucha (…)”, puntualizó Aranguren.

[i] https://www.es.amnesty.org/paises/espana/victimas-de-la-guerra-civil-y-del-franquismo/

[ii] http://www.academia.edu/6398986/PEDAGOG%C3%8DAS_DECOLONIALES

  • Este artículo y la foto aparecieron en Radiomacondo por Fernanda Sánchez Jaramillo.

Desmitificando la salud mental

La guía publicada este año por Obertament, organización creada en el año 2010 en Cataluña para luchar contra el estigma y la discriminación que viven a diario las personas con problemas de salud mental, es una herramienta  práctica para saber qué errores evitar al informar sobre salud mental.

En esta sencilla guía periodistas, profesionales y empíricos, encuentran elementos a tener en cuenta antes de informar y evitar así generar más estigmatización sobre esta población.

Este manual que contiene diagramas y viñetas lista errores a evitar, el lenguaje más apropiado y también sugerencias acerca de nuevas formas de representar la salud mental en los medios de comunicación.

Además hace observaciones para quienes realizan documentales, reportajes, series de televisión y/o películas. Propone fuentes especializadas para ofrecer al público una información más rigurosa que no caricaturice a las personas.

Dejar a un lado los estereotipos que sirven de fundamento para discriminar a quien vive con un problema de salud mental, buscar nuevas formas de narrar, centrarse en la resiliencia, y recordar que a un ser humano no lo define una condición física o mental, son factores que contribuyen a eliminar la discriminación contra esta población.

No hay excusas para no ofrecer una información de calidad. ¡Consulta esta guía y mejora tu cubrimiento sobre salud mental!

Descarga la guía: Guiasaludmental2017

 

 

 

How mental health language impacts stigma

On this interview, Rebecca Palpant Shimkets, associate director, The Rosalynn Carter Fellowships for Mental Health Journalism and The Carter Center Mental Health Program, explains how journalists could contribute to reduce stigma while reporting on mental health.

Some of the key recommendations are:

  • Do not describe an individual as mentally ill if it is not necessary.
  • Use specific conditions and disorders terms.
  • Do not use terms such as “insane,” “crazy,” “nuts” or “deranged”.
  • Do not link mental health to violence.
  • Be mindful of the way you describe a person living with behavioral health issues.
  • Avoid using mental health terms to describe non-health issues.
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How Mental Health Language Impacts Stigma