Chile: Médicos sin marca

Entrevista a Juan Carlos Almonte es médico psiquiatra y psicoterapeuta chileno, quien atiende  pacientes de manera ambulatoria y también es docente en la Universidad de Chile, es uno de los miembros de Médicos Sin Marca de ese país.

FSJ: ¿Cómo surgió la idea de crear Médicos Sin Marca?¿Cuál era el escenario en términos de las relaciones entre los médicos chilenos y las farmacéuticas?

JCA: Médicos Sin Marca surgió a partir de la visión crítica que sus tres fundadores venían pensando de manera individual durante algunos años. Creo que a los tres nos llamaba  la atención el hecho de que no existiera cuestionamiento alguno entre nuestros colegas respecto al alto grado de interacción financiera que existe entre la industria farmacéutica y la medicina, tanto de manera grupal como individual.

Congresos que ofrecen poco más que vida social, lanzamientos de fármacos en hoteles costosos, un enfoque demasiado centrado en las terapéuticas farmacológicas en las actividades de puesta al día, etc, son el tipo de observaciones del que nació nuestra visión crítica.

FSJ: ¿Existe un colegio de médicos en Chile que investigue las relaciones entre los médicos, los laboratorios, hay sanciones por faltas a la ética por conflictos de interés?

JCA: Para la directiva del Colegio Médico, asumida durante el 2017, este es un tema prioritario. Creo que por primera vez. Anteriormente hubo intentos tibios por establecer marcos regulatorios, pero creados mas bien desde la industria que desde una reflexión profunda del Colegio Médico. Hasta donde sepa, nunca se ha investigado ni sancionado a algún colega por faltas a la ética en este punto. Ni siquiera sobre la base de estos marcos regulatorios antes nombrados.

FSJ: ¿Qué estrategias siguen usando las multinacionales para enganchar a los médicos, usan las mismas formas de antes, pagar congresos, establecer agendas, dar descuentos o viajes a los médicos que formulen los medicamentos que ellos ofertan?

JCA: Todo lo que mencionas, aunque en los últimos años los recursos se han ido desplazando hacia el financiamiento de la así llamada “Educación Médica Continua”. Ésta es hoy pagada en más de un 50% por la industria farmacéutica y de dispositivos biomédicos, siendo esta cifra mayor en algunas especialidades como psiquiatría.

Lamentablemente, los médicos hemos ido cediendo terrenos como el de la investigación y el de la educación a la industria farmacéutica, que son quienes tienen hoy el control de tales actividades. Esto tiene un impacto muy importante en qué tipo de medicina es la que practicamos hoy.

FSJ: ¿No se falta a la ética al aceptar a los visitadores médicos?

JCA: Desde nuestro punto de vista sí. Es aceptar que un agente de ventas nos eduque, es permitir que alguien que está contratado con el fin de aumentar las ventas de un medicamento X, y no de mejorar la salud de nuestros pacientes, influya en nuestras decisiones clínicas.

Y como la manera de influir es más inconsciente que consciente, no sacamos nada con decir que somos suficientemente hábiles como para declararnos inmunes a la publicidad y al trato de nobles que parecen darnos.

FSJ: Además de médicos sin marca ¿No requerimos también un periodismo sin marca que no reciba regalos de las multinacionales farmacéuticas?

JCA: Por supuesto. Habría que partir por contar con una especie de ley de transparencia que obligue a los periodistas a reportar detalladamente sus conflictos de interés. Mucha de la información de salud que leemos en los periódicos son en realidad publirreportajes. Lo mismo debería ocurrir con los políticos: transparencia respecto a quiénes financian sus campañas.

FSJ: ¿Cuál es el impacto que pueden tener Médicos sin marca en el diseño de políticas públicas cuando los congresistas por lo general reciben dinero, y regalos, del lobby de estas empresas?

JCA: Pensamos que en la medida que el grupo de adherentes a la ONG crezca tendremos más espaldas para influir a ese nivel. Del mismo modo vemos el crecimiento que podamos tener en los países de habla hispana.

Desde el año pasado funciona la primera organización hermana: MSM Colombia, y estamos trabajando por la creación de más capítulos en Perú, México, Ecuador y Uruguay.

Por otra parte hemos constituido un directorio con personas influyentes en el campo de la salud pública nacional, hoy contamos incluso con la Presidenta del Colegio Médico como miembro de nuestra mesa directiva.

Le hemos dado prioridad también a aumentar la discusión de estos temas en las escuelas de medicina para contar con profesionales que al recibir su título ya cuenten con una visión crítica del tema.

Por último nos hemos preocupado —si bien nos falta mucho en esto aún— por compartir nuestro punto de vista con la ciudadanía, donde hemos encontrado gran apoyo a nuestras propuestas. Todos estos esfuerzos esperamos que puedan tener impacto también en los congresistas, que no solo se deben a quienes le financian sus campañas, si no también a sus votantes.

FSJ: ¿Finalmente, por qué necesitamos más Médicos sin marca en Latinoamérica en el mundo? ¿Trabajan con organizaciones de pacientes y/o medios de comunicación que deseen independizarse de esa pauta millonaria?

JCA: Porque la medicina dejada a las manos de partes interesadas a lucrar con ésta se expone no solo a un progresivo encarecimiento de ésta, sino también a ser una medicina cada vez más centrada en la tecnología, farmacocéntrica y menos humana.

Porque ha sido demostrado que la medicina informada por la industria farmacéutica ha llevado al sobre-diagnóstico y sobre-tratamiento de diversas condiciones clínicas, con el consiguiente aumento del gasto y de la exposición a posibles efectos deletéreos.

Hemos tenido acercamientos iniciales con agrupaciones de pacientes con el fin de conocer la magnitud de las relaciones que éstas mantienen con la industria y entonces plantearles un trabajo en conjunto para lograr mayores niveles de independencia. Las agrupaciones de pacientes han sido usadas también por la industria como eficaces para el lobby. Con medios de comunicación no hemos trabajado directamente, es sin duda una tarea pendiente.

FSJ: ¿Hay alguna resistencia por médicos de antiguas escuelas que crecieron en un tiempo en que estas atenciones por parte de las empresas se normalizaban y no se cuestionaban?

JCA: Algo de eso pasa. Es muy difícil para un médico que hace 30 años acostumbra ir al congreso de la sociedad europea financiado por un laboratorio, que de la noche a la mañana se muestre crítico frente a estos comportamientos.

Sin embargo, hemos encontrado entre colegas con más años de experiencia también a grandes aliados, que hasta antes de nuestra aparición como ONG llevaban su visión crítica en un terreno más personal y privado.

Pienso que hoy la figura del médico está sujeta a las mismas exigencias que profesionales de otras disciplinas. Hemos dejado poco a poco de ser cómplices de la idealización que antiguamente nuestra carrera gozaba. Esta idealización dificulta ver que como seres humanos estamos sujetos al mismo tipo de influencias que cualquier ciudadano a pie.

Taller: Acceso a la salud en América Latina

 

La Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) organizó el taller Acceso a la salud en América Latina con la escritora y periodista Roxana Tabakman de Argentina.

En la jornada, que se llevó a cabo en Bogotá, participaron periodistas de diferentes medios impresos, digitales, radiales, de televisión y periodistas independientes que cubren temas de salud.

Durante la capacitación se analizaron temas tan importantes como la necesidad de la rigurosidad en la información transmitida, la necesidad de ser crítico frente a  las fuentes, oficiales y no oficiales, con el fin de brindar la información más útil posible a las diferentes audiencias.

En el transcurso de este taller se hizo énfasis en la importancia de la ética en el cubrimiento de este tema, como en todos en el periodismo, y los asistentes hicieron preguntas acerca del papel y los intereses de las diferentes fuentes involucradas en el tema de la salud.

Roxana hizo un llamado a los periodistas para ser creativos, encontrar nuevos ángulos desde los cuales narrar las diferentes historias que surgen en torno a la salud.

Beca Carter en salud mental y periodismo

 

Nuevamente la beca en periodismo y salud mental del Carter Center está abierta para periodistas colombianos, con dominio del idioma inglés, participando con una propuesta en salud mental.

La convocatoria cierra en el mes de mayo. Recomiendo considerar esta importante oportunidad, yo soy ex -becaria y puedo decirles que fue el año más enriquecedor de mi vida profesional, pues pude dedicarme a este importante tema con el cual ya tenía experiencia como trabajadora social.

¡Anímense y ayuden a eliminar el estigma contra la salud mental debido a la ignorancia sobre este tema!

Plegable beca carter 2017 (1)

 

Argentina: Más derechos y menos estigmatización contra personas consumidoras de drogas

Patricia Colace es Licenciada en psicología y profesora en psicopedagogía. Estudió psicopedagogía en Bahía Blanca, Argentina, se graduó en 1989 y de la Universidad Católica Argentina, en el año 1998, donde estudió psicología.

Su trabajo se ha centrado fundamentalmente en el ámbito público, especializándose en la elaboración de Políticas Públicas sobre drogas y adicciones. En la actualidad, trabaja en la Dirección de Adicciones del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y Asesoramiento en el ámbito Legislativo de la misma ciudad.

FSJ: ¿Por qué elegiste las adicciones?

PC: Mi inquietud por el tema surgió en el año 2000 cuando militando para un partido político nos invitaron a participar en un trabajo sobre el Paco, droga que surgió en esos años de mucho conflicto político como una “manera de supervivencia “ en los barrios pobres de la Provincia de Buenos Aires.

FSJ: ¿Por qué una ley de salud mental y adicciones juntas? Es cierto que el consumo de ciertas sustancias psicoactivas provocan episodios en quienes los consumen, pero por qué en Argentina ligan estos dos temas.

PC: En Argentina existe la Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones sancionada en el año 2010, ley que yo considero casi un mini tratado de Derechos Humanos. Que las adicciones estén dentro de ésta ley les da un marco de derechos que antes no tenían.

Esto dice la ley en su Art. 4 y lo comparto plenamente:

Artículo 4º.- Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud.

Es muy importante que incluyan un artículo donde consideran que las adicciones forman parten del padecimiento mental y de esa manera las personas con consumo problemáticos están protegidas.

Es importante aclarar que no es lo mismo consumo problemático, consumo y adicción. Cuando hablamos de adicciones se piensa en todas las sustancias que provocan ciertos efectos en las personas, que puede llegar a producir una dependencia.

En tanto, consumir una sustancia en sí no es un problema, pero sí cuando ello comienza a afectar el entramado social de la persona que consume: ahí estamos hablando de un consumo problemático, que puede derivar en una adicción, en una dependencia. Para hablar de adicción estrictamente se tiene que dar los síndromes de dependencia, abstinencia y tolerancia.

El consumo de sustancias legales e ilegales produce cambios en la conducta y orgánicos, pero no siempre ese consumo es una adicción ni es un consumo problemático.

FSJ: ¿Cuál es la razón para sacar “desmanicomializar” la salud mental? ¿Aplica esto para personas que viven con adicciones?

PC: El fundamento básico es que el encierro produce más enfermedad y los hospitales monovalentes, es decir psiquiátricos, provocan aislamiento, estigma, falta de libertad y nula inserción social. Por ello,  hay que buscar otras alternativas terapéuticas como las casas de medio camino, los hostales, los hospitales de día etc.

La Ley 26657 de Salud Mental y Adicciones obliga al cierre paulatino de los psiquiátricos, es decir, que no se pueden cerrar si no se crean otros dispositivos alternativos. Infortunadamente, la falta de voluntad política y los intereses en juego hace que no se implementen esas políticas y entonces efectivamente la gente queda en situación de calle.

FSJ: ¿Qué tan efectiva ha sido la ley de salud mental y adicciones en Argentina?  

PC: Es un camino lento la aplicación de esa ley porque indudablemente toca muchísimos intereses económicos, de poder, de paradigmas y miradas sobre el tema. Los laboratorios y algunos médicos psiquiatras han sido los primeros en oponerse a la ley y los dueños de las comunidades terapéuticas.

Por suerte, hay un grupo de personas y profesionales que luchamos por la plena implementación de la Ley 26657.

FSJ: ¿Cómo afecta esa ley los intereses económicos a las personas, si no se cumple, y si considera a las personas con adicciones con padecimientos mentales, es decir, los induce a llegar a esas comunidades terapéuticas para que los “sanen”?

PC: Digo que la Ley 26657 afecta los intereses económicos y de poder de algunas profesiones. Por ejemplo, el poder hegemónico de los psiquiatras.

Antes con su sola firma podían internar una persona,en la actualidad no es posible con ésta ley ya que se necesitan la firma de al menos dos profesionales de la salud que deben formar parte de un equipo interdisciplinario, un psiquiatra y un psicólogo.

También establece  el tiempo que una persona puede pasar internada , que no pude ser indeterminado ni con falta de control por parte del Estado y eso afecta los intereses económicos de la comunidades terapéuticas.

Otro aspecto sumamente importante es que la Ley considera que internar a una persona debe ser el último recurso, pues es considerado un acto restrictivo. Por lo tanto se deben buscar otros medios para la curación.

FSJ ¿Cómo luchan algunos profesionales por la implementación de la ley?

PC: Tratando de que la implementen, que cumplan con la reglamentación, que le otorguen presupuesto, denunciando públicamente cuando existen violaciones a la letra de la Ley y solicitando información desde el legislativo, entre otras acciones.

FSJ: ¿Es decir que esa ley que calificas como mini tratado de derechos humanos, es ideal en el papel pero no se cumple desde que se expidió? 

PC: Se cumple pero no en su totalidad por las razones antes expuestas.

FSJ: ¿Qué se ha hecho en Argentina para reducir el estigma con respecto a la salud mental y las adicciones?

PC: Está en proceso un cambio de paradigma sobre cómo abordar la salud mental y las adicciones. La mejor política pública, desde mi punto de vista, es cumplir la ley antes mencionada.

FSJ: ¿Qué se puede hacer desde los medios de comunicación para desestimular la estigmatización de quienes viven con enfermedades mentales?

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser utilizadas para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

PC: Creo que en primer lugar los periodistas deberían leer, conocer el tema, derribar sus propios prejuicios y, sobre todo, no fomentar la prensa amarillista. Con eso creo que nos ayudarían bastante.

FSJ: ¿Qué tipo de narrativas y representaciones de la persona con adicciones debe ser privilegiada en los medios para evitar la discriminación de los consumidores de droga mientras se toleran otras adicciones como el cigarrillo, etc?

PC: Aquí estamos frente al problema de la tolerancia social frente a las adicciones con sustancias legales. De todas manera mi posición es no patologizar la vida cotidiana por eso no comparto que se encasille todo dentro de las adicciones, como por ejemplo el gimnasio, café, la tecnología etc.

Con patologizar la vida cotidiana me refiero a que no se puede llamar a todo enfermedad o calificarlo de esa manera, como hace el DSM (El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés, Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorder).

FSJ: ¿Se puede evitar el uso de categorías estrictas al referirse a las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Es muy cierto que las palabras tienen una carga simbólica muy fuerte.

En Argentina algunos profesionales de la salud mental hablamos de “padecimiento mental”.

Creo que es un término correcto y no habla de enfermedad necesariamente. Con respecto a las adicciones  hay un cambio en el lenguaje y en el enfoque por eso decimos personas con consumo problemáticos, consumo social y personas con adicciones.

FSJ: ¿Qué has aprendido de las personas con enfermedades mentales y adicciones?

PC: Me muestran en el espejo lo que quizás algún día me puede pasar a mi o algún ser querido. Además de mucha gratitud cuando se sienten acompañadas en su proceso de recuperación.

Nota 1:  Las drogas legales son todas aquellas que no están penadas por la ley por ejemplo el cigarrillo, el alcohol, los psico-fármacos y otras que tienen que ver con prácticas con riesgo adictivas, el juego y la tecnología, por ejemplo.

En cuanto a las drogas ilegales Argentina cuenta con la Ley 23737 sobre tenencia y tráfico de estupefacientes donde se incluyen las drogas penadas. Este listado se actualiza y se van agregando nuevas drogas que surgen en el mercado e ingresan a nuestro país.

Nota 2: La pasta base de cocaína también llamada “paco” es un producto intermediario en la producción de clorhidrato de cocaína que se obtiene al disolver residuos en líquido y tratar la solución con queroseno o gasoil, para luego mezclarlo con sustancias alcalinas o ácidos como el sulfúrico. Se trata de un polvo blanco amarillento, de consistencia pastosa y olor penetrante. Apenas consumido produce euforia y tiene un efecto muy intenso que dura entre 5 y 10 minutos. Esto genera una rápida dependencia y un gran aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias.

 

Violencia mediática y su impacto en la salud mental

 

Entrevista a Fernando Valadez Pérez médico, psiquiatra, psicoanalista, y dramaturgo mexicano. Miembro fundador del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad www.contralatortura.org.mx.

Además es miembro vitalicio de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo www.ampag.edu.mx

FSJ: ¿Qué impacto tienen el periodismo “necrofílico” en la salud mental de los mexicanos? Me refiero a ese cubrimiento estadístico, morboso, sensacionalista de medios impresos, televisivos, radiales y digitales.

FV: Generan en el lector, espectador, radioescucha, televidente: terror, miedo, ansiedad. Despiertan fantasías de que en cualquier momento se puede ser víctima. Provocan inmovilidad, desesperanza, hay un proceso de identificación con las víctimas, dolor psíquico, hay sensación de amenaza permanente.

FSJ: ¿Qué impacto tienen estos contenidos periodísticos en la salud mental individual y colectiva de personas supervivientes de violencia?

FV: Puede haber situaciones de re-traumatización, si la persona no está en tratamiento, o si no sabe cómo opera el gobierno los medios en su táctica de guerra psicológica. Las mujeres, ya con mayor vulnerabilidad, pueden incrementar su miedo y ansiedad de ser atacadas sexualmente o ser víctimas de feminicidio.

FSJ: En Colombia, un psicólogo e investigador manifestaba que la sobre-exposición a la violencia mediática generaba un cansancio en la audiencia y contrario a lo que se esperaba menos empatía con respecto a las víctimas. ¿Qué ocurre en México?

FV: Igual. Es uno de los efectos de la saturación y de acostumbrarse los cuales generan indiferencia hacia las víctimas, ya que los medios generalmente criminalizan a las víctimas y tratan de impulsar discursos: “por algo sería”, “tal vez se lo merecían” “¿Quién sabe en que estarían metidos”

FSJ: ¿El cubrimiento mediático de la violencia mexicana que apela a las estadísticas, titulares amarillistas, textos plagados de categorías tales como “monstruo” ´”víctima” “victimario”, y fotos exhibiendo muertos, sangre generan empatía, repulsión o miedo en quien los ve? ¿Es tortura psicológica?

FV:

FSJ: ¿Qué recomendaciones tiene para las personas expuestas constantemente a informaciones violentas sobre México y/o Colombia a través de los medios de comunicación y las redes sociales?

FV:

FSJ: ¿Qué  hacer para protegerse del impacto que los contenidos mediáticos tienen en la salud mental?

FV: Dosificar el uso de las redes sociales y la exposición a medios es una de las recomendaciones que hace Fernando hace recomendaciones para las personas del común y para activistas. Escúchenlo aquí.

 

 

 

Comunicando el suicidio

En esta breve guía el periodista encontrará recomendaciones concretas para un cubrimiento riguroso y no estigmatizante del tema. En algunos países como España, los medios de comunicación incluyen guías para sus periodistas acerca de cuándo y cómo cubrir el suicidio.

La Organización Mundial de la Salud,  diversas organizaciones y ongs han redactado guías como estas, en las cuales se establece cuándo y por qué un suicidio debe o no ser noticia, cómo informar sobre el tema, cómo titular y qué fuentes consultar.

Además, estas guías sugieren siempre incluir teléfonos o datos de contacto de asociaciones que presten ayuda a las personas con ideas suicidas; adicionalmente, hacen énfasis en la necesidad de ayudar a  la prevención del suicidio a través de coberturas rigurosas y completas.

Descarga la guía: Los-Medios-de-Communicacion-y-el-Suicidio

 

Colombia: Encuesta Nacional de Salud Mental

La Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) es un importante recurso antes de informar sobre el tema. En ella se encuentra la información más actualizada, 2015, sobre el estado de la salud mental de la población colombiana.

En el resumen ejecutivo de la encuesta, explica Carlos Gómez Restrepo, médico psiquiatra, psicoanalista y epidemiólogo clínico de la Universidad Javeriana y director de la ENMS-2015 que:

“La presente ENSM-2015 tuvo como objeto brindar información actualizada acerca de la salud mental, los problemas, trastornos mentales, la accesibilidad a los servicios y valoración de estados de salud, de la población colombiana rural y urbana mayor de 7 años, privilegiando su comprensión desde los determinantes sociales y la equidad.

Para ello se desarrolló un estudio observacional de corte transversal a nivel nacional, que tuvo como base una sub-muestra de la Muestra Maestra de estudios poblacionales para salud del Ministerio de Salud y Protección Social, con una representatividad nacional y regional y con desagregación geográfica a nivel regional, urbano/rural y demográfica por rangos de edad: 7-11, 12-17 y 18 y más años”.

Las regiones donde se aplicó la encuesta fueron la Central, Oriental, Atlántica, Pacífica y Bogotá.

La encuesta indagó sobre características socio-demográficas, antecedentes personales y familiares, condiciones del hogar y la vivienda; aspectos de salud mental, el cual incluye percepciones del individuo y del entorno, cognición social, capital social, eventos vitales y violencias.

Además, se observaron problemas de conducta. Trastornos mentales en adultos y adolescentes se midieron trastornos depresivo, afectivo bipolar, de ansiedad generalizada, de pánico, fobia social, suicidio y, solo en adultos, tamizaje de personalidad.

En niños y niñas se midieron ansiedad de separación, trastorno de pánico, de ansiedad generalizada, depresivo, trastorno de la conducta, co-morbilidades con condiciones crónicas no psiquiátricas,  déficit de atención e hiperactividad y , acceso a servicios de salud y estados de salud, entre otros.

La encuesta a personas de 12 años en adelante se hacía directamente y para los menores de 12, entre 7 a 11 años, a su cuidador principal.

Descargar el archivo: Encuesta Nacional de Salud Mental Colombia 2015

Guía para comunicadores sobre VIH/SIDA

Esta guía en español es parte de la Iniciativa de Medios Latinoamericanos (Imlas) sobre el sida. Recoge en sus 36 páginas información para quienes cubren en este tema en los medios.

Este documento incluye preguntas frecuentes sobre términos, uso apropiado y sensible del lenguaje, lista de contactos e instituciones que pueden ser útiles como fuentes periodísticas.

Además, ofrece contenido acerca de los tratamientos disponibles, un listado de siglas utilizadas cuando se escribe o habla sobre VIH/SIDA.

Descarga la guía: Guiavih-sida

 

“El testimonio crudo es obsceno”, Marcelo Viñar

Marcelo Viñar, psicoanalista uruguayo.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones.

Por: Fernanda Sánchez Jaramillo

FSJ: ¿Cuáles son los efectos sociales, simbólicos y psíquicos que pueden tener en las personas las diferentes narrativas que elija el periodista?

MV: Bueno, usted es periodista, así que la pregunta es al revés, del sabio al ignorante.

FSJ: No… el sabio es usted Profesor. Escuché su intervención en el Foro: Conocer y representar y me impactó su análisis sobre este tema.

MV: Un periodista, yo lo entiendo como el oficio de un portavoz, del que toma algo de lo caótico, del saber que circula en lo social. Los seres humanos construimos lo social para vivir, lo que nos caracteriza es nuestra condición de seres hablantes en intercambio con otros y la diversidad. El periodista es una especie de esponja que trata de empaparse, de mojarse con la diversidad caótica de las informaciones que circulan y darles una cierta organización, que pasa por su aparato mental.

Cuando la información que circula en la vida humana lleva grados de intensidad y de violencia como las que se viven en Colombia, la tendencia frente al horror es la de huir, de espantarse, de ausentarse. Entonces hay un efecto de silencio, de vacío representacional.

Algunos pensadores franceses dicen que el horror  fascina y espanta; es decir que nos atrae pero nos hace huir. La función del periodista[i] ahí es frenar ese movimiento de huida, restituir la palabra donde puede haber un vacío representacional y silencio.

FSJ: Eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿Cómo evitar que -por esa fascinación que produce el horror- la representación de la violencia se convierta en una puesta en escena en los medios?

MV: Bueno, la trivialización sobre todo desde la televisión aunque también en el periodismo escrito puede ocurrir lo mismo- el hecho de banalizar el dolor humano  simplificándolo a grados caricaturescos puede ser un peligro. ¿Cómo inventar algo menos crudo que el testimonio crudo? Cómo crear un relato recibible para conmover al lector, es parte de la creatividad y la función del periodista, del narrador.
Cuando el hombre no puede decir algo de manera sencilla, crea destrezas o talentos especiales; del amor hablamos todos los seres humanos pero solo los poetas lo dicen con elocuencia. A mí me gustaría pintar como Van Gogh pero no puedo hacerlo. Ahí hay un problema el talento, de la creatividad de cada ser humano para poder conmover, eso lo logran solo los creadores.

FSJ: Nosotros tenemos ese rol, de portavoz como usted lo llama pero ¿En qué lugar de enunciación debe ubicarse el periodista para que en el proceso creativo no despoje de voz  al entrevistado, a quien comparte su testimonio sobre la violencia?

MV: Ese es un problema de cómo representar y no sustituir.

FSJ: Exacto, esa es mi preocupación constante como periodista.

MV: Está la famosa frase de Primo Levi: “Los verdaderos testimonios no están porque los que podían dar el testimonio, para testimoniar el horror estamos solo los sobrevivientes”.

El sobreviviente siempre ha pactado en algo con el régimen opresor para poder testimoniar después. Yo creo que es humano pagar un precio frente a una situación de opresión para poder testimoniar y defender la vida aún a costa de la humillación. Entonces hay que hacer el esfuerzo de ser un buen portavoz, de ser un buen intermediario de aquél que no está, de restituirlo a través de la palabra y el recuerdo.

La figura del desaparecido en el Cono Sur: Argentina, Uruguay y Chile, decenas de militantes que eran “chupados”, que desaparecían; no se sabía si estaban en la cárcel o cómo estaban.

Eso con el tiempo es un problema muy grande: ¿cómo hacer el duelo de alguien que no se sabe si está muerto? ¿Cómo una familia que se va puede vender una propiedad que co-pertenecía a un desaparecido?

Una madre cuyo hijo desaparece, sin la certeza de que está muerto, aunque estadísticamente sabe que lo está; obligarla a ella a ser la que pronuncie que está muerto es de una violencia inconmensurable. Eso es lo que Gilou García Reinoso llama: “Matar la muerte”.

El desaparecido rompe con todos los rituales que permiten desatar un proceso de duelo. Un desaparecido es un muerto vivo o un vivo muerto; un no estar que no se sabe si es muerte o ausencia y eso crea duelos muy especiales, que obligan al familiar, no al asesino a dar el testimonio de muerte, suprime los rituales de despedida.

FSJ: Usted dice que el periodista es un portavoz, pero es un portavoz que tiene poder al igual que el académico cuando hace un informe de memoria. ¿Cómo reducir ese poder entre el periodista y la persona que comparte su testimonio?

MV: Hay un problema ético ahí. Hay un problema de decencia entre el poder organizar tratando de ser consecuente con la realidad, que a uno lo ha atravesado, y el ser un mercader de mentiras y deformar la realidad por intereses espurios.

En el periodismo actual, hay ejemplos de los dos extremos de testimoniar la “verdad”, lo más cercana a la realidad o de crear una ficción periodística por intereses espurios, de deformar esa realidad que es la fuente de la historia verdadera creando mentiras y ficciones. Es un problema de ética profesional.

FSJ: Gabriel Gatti, sociólogo uruguayo, habla de la recurrencia de sustantivos como “víctima”, “vulnerable”, “marginal” que se  constituyen en categorías sociales. ¿Con qué otros sustantivos podrían ser reemplazados éstos? Tal vez persona victimizada, sobreviviente… Me pregunto eso cada vez que escribo y no encuentro muchas opciones. Yo encuentro persona victimizada, persona en situación de vulnerabilidad en lugar de “vulnerable”, pero no es fácil hallar otras palabras.

MV: Hay una colega suya, Eliana que escribe sobre las vidas que nadie ve. Ella se opone a la categorización; al escribir sobre las vidas que nadie ve, piensa que cada ser humano tiene una insustituible singularidad y que en las situaciones extremas, esa que categoría que llamamos “víctima”, reduce la diversidad humana a una homogeneidad.

Preservar la singularidad es fundamental. Pero cuesta tanto trabajo reconocer lo que es singular en cada ser humano que entonces los unificamos en categorías. Categorizar es reducir realidades, que no tenemos tiempo de digerir, en regularidades observables, que simplifican y ordenan el caos.

Yo creo que hay un trabajo a superar que es reconocer qué es lo propio de ese ser humano singular. Hay muchos modos de ser “víctima” (…) En las situaciones extremas como la tortura, los modos de reparar esa situación agresiva, en lugar de homogenizar se debe observar que cada uno tiene sus propios caminos de reparación del tejido psíquico.

Contra la categoría está la creatividad de lo singular, diferentes modos de relacionarse. Singularizar y categorizar son dos procesos distintos pero complementarios del conocimiento. A mí personalmente las categorías que homogenizan, y que a mi amigo Gabriel Gatti le encantan, a mí me irritan.

FSJ: A mí también… Me resisto a ellas.

MV: Es más lindo saber en qué usted es distinta y cómo podemos definir nuestras alteridades, que decir usted es mi espejo y yo soy su espejo porque somos los dos humanos, somos los dos adultos y, por ello, entonces vamos a sentir lo mismo.

FSJ: En Colombia se recurre a la imagen doliente del desplazado, del desaparecido y genera una empatía pero es momentánea, luego no se les recuerda. ¿Cómo construir desde los medios, esa compresión crítica de la violencia diferente a esa empatía pasajera que se genera frente al horror? ¿Cómo construir un mensaje más sólido, dotado de contexto?

MV: Para ello, le contesto con una categoría: una es el espectador, que es el que ve y percibe, pero no siente y, otra es el testigo capaz de compartir con empatía el dolor del otro. Si compartiéramos todos los dolores del mundo, nos moriríamos de dolor; entonces, debemos elegir dónde podemos conmovernos.

También hay un límite de sensibilidad, de proximidad; hay horrores del pasado que están a mayor distancia; uno piensa lo que fue el esclavismo, la inquisición, la Conquista de América, que fueron tan brutales, pero no nos irradian tanto como la inmediatez frente a lo cercano que tienen los dolores de la actualidad porque ahí podemos operar y actuar. Aquí operan la vecindad espacio-temporal, la disposición para conmoverse.

FSJ: En Colombia se promueve, desde los informes de memoria oficiales y desde los medios una memoria victimizada. ¿Para qué sirve esa memoria victimizada, del sufriente, no del sobreviviente?

MV: El famoso cineasta  Steven Spielberg tiene miles de testimonios del holocausto. Hace la pregunta y el entrevistado responde. Crea un Museo del Holocausto que es la acumulación de testimonios de cientos de miles de víctimas, esa es una estrategia archivista para acumular información.

El testimonio crudo es obsceno y uno se fastidia, se aburre. Si uno trata de imaginar todas las flores del mundo no siente nada, pero si ve una flor puede conmoverse por la belleza de esa flor; si son las flores generales, es una categoría anodina.

Jorge Semprún dice hay que hacer el relato de lo que ocurrió pero también hacer algo más; darle a eso no solo una crónica despojada de afectos, sino que pase la simple crónica descriptiva y que signifique los sentimientos que circularon en ese momento en la víctima; es decir, testimoniar no es decir simplemente me pasó tal cosa.

FSJ: Finalmente, en el Foro: Conocer y Representar[ii] usted dijo que una memoria excesiva es escatológica: ¿Por qué y cómo se mide el exceso de memoria?

MV: Se mide por el grado en que impide navegar en una vida feliz y creativa. La memoria es escatológica cuando se ancla en el hecho de terror y da vueltas como la noria alrededor del hecho de terror. Vivir encerrado allí, impide vivir la vida y uno es un quejoso que se lame las heridas, un gato lastimado.

Esto es perturbador para la propia víctima y para todo su entorno porque es un lamerse y gemir que no es solo propio, sino que contagia y espanta a los seres cercanos.

Vivir en función del terror impide vivir. Yo recurro a Jorge Semprún: “Una parte de uno queda siempre en el Campo de Concentración”, pero se sigue… Se divide interiormente y en otra parte de uno, uno tiene que seguir viviendo, amando, trabajando, creyendo y, de vez en cuando, visita sus recuerdos de dolor. Pero se debe  impedir que esos recuerdos de dolor ahoguen y sofoquen la felicidad del presente y del futuro. La diferencia entre el duelo y la melancolía, decía Freud, es la duraciónEl duelo tiene un tiempo de cierre, la melancolía es la perpetuidad. El dolor tiene que ser una experiencia destinada a concluir. Lo escatológico es transformar la queja en interminable.

*Esta entrevista fue publicada originalmente en Literariedad.

“Los medios tienen el deber ético de crear escenarios para que la sociedad se relacione en términos de escucha”, Juan Pablo Aranguren

Entrevista, a Juan Pablo Aranguren, doctor en ciencias sociales, magister en antropología y psicólogo y profesor de la Universidad de los Andes.

FSJ: ¿Qué campos semánticos y metafóricos se pueden utilizar para reemplazar los campos bélicos utilizados en los medios de comunicación e incluso en informes de memoria para representar a las comunidades?

 

JPA: Yo creo, que el primer elemento a considerar es que nuestro lenguaje -casi inevitablemente- ha sido impactado por la guerra. En esa medida, nuestro lenguaje, las ciencias sociales, la comunicación y el conocimiento están profundamente impactados por la guerra.

Nuestro relacionamiento con el otro, está relacionado con los marcos de guerra, como explica Judith Butler, que nos obligan a reconocer ciertas vidas como dignas de duelo y otras muertes que no valen la pena ser lloradas.

Entonces creo que el elemento fundamental, e inicial, es repensar de qué manera nuestras estructuras epistemológicas han sido influenciadas por estas dinámicas bélicas y cómo podemos reconocernos en ese otro que decimos no ser.

Muchas veces decimos: ¡no soy víctima! ¡No soy combatiente! Pero cuando replanteamos nuestra historia personal, nuestra genealogía descubrimos que muchos de nosotros o alguien de nuestra familia lo ha sido.

Puedes encontrar familias impregnadas por la dinámica de la guerra de este país. Necesitamos nuevos marcos epistémicos para reconocernos en otros, en ese que decimos no ser. Todos tenemos algo de víctimas y de cómplices. Transformar esos marcos es un punto esencial.

FSJ: ¿ Esa representación constante del victimario y la victima dignifica a las personas?

JPA: Creo, que la categoría de víctima es un concepto interesante; si bien etimológicamente viene de una idea del puesto en sacrificio, en términos legales tiene un buen recorrido porque permite reconocer que alguien te hizo daño, que no es tu culpa.

En términos legales nos dice que alguien hizo un daño y en ese sentido es un concepto justo, alude a que uno es víctima de alguien y no de uno mismo. En términos psíquicos, significa que el daño es causado por otro y no soy responsable de mi sufrimiento.

El concepto de victimario cada vez me gusta menos;  especialmente, cuando es aplicado genéricamente a todos los grupos combatientes, de los grupos armados ilegales.

A mí me parece que el concepto de victimario debería permitir diferenciar un combatiente y excombatiente y nombrarlo no solamente como victimario, pues eso nos permitiría reconocer otras historias.

El concepto victimario suena mejor cuando pensamos en grandes perpetradores de violencia como los genocidios y no porque ellos no tengan responsabilidad si no porque los combatientes son más que victimarios, tienen historias de victimización,  han tenido en sus vidas actos de compasión hacia otros seres humanos.

Además es importante destacar la diversidad entre combatientes y sacarlos del “monstruo” producido por la guerra porque a los monstruos no se los puede juzgar porque necesitan exorcismos, pero no ser juzgados.

Pero cuando reconocemos la humanidad del combatiente, entra en el ámbito de lo juzgable y de quien tenía la posibilidad de hacer o no hacer algo. 

Si reconocemos que es un ser humano y no un producto monstruoso de la máquina de guerra vemos que es alguien que toma decisiones de compasión y de asesinatos, no solo de compasión y no solo de lo bélico.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en el imaginario colectivo la representación constante y repetida de porciones de verdad por parte de los medios de comunicación?

JPA:  Yo creo que eso genera algo que Martín Baró, un psicólogo social español que vivió en El Salvador, decía: hay un efecto en la guerra por el poder de los medios de comunicación para establecer las mentiras institucionalizadas.

Las mentiras institucionalizadas son los fragmentos de verdad que se presentan como verdaderos a partir del lugar de poder que ocupan los medios de comunicación.

Por ejemplo cuando Álvaro Uribe Vélez decía que los jóvenes víctimas de ejecuciones extrajudiciales no eran muchachitos que estaban recogiendo café, eso se instaló como una mentira institucionalizada. Ese lugar de enunciación, ese mismo poder no lo tenía la madre de Soacha porque los medios no estaban a su servicio.

De la misma manera que la guerra habilita marcos epistémicos para relacionarnos con  los otros, también habilita una manera de relacionarnos con las vidas y las muertes.

Los medios se movilizan más con el secuestro que con la desaparición forzada y eso es problemático. Los medios habilitan un relacionamiento con ciertos hechos de violencia y esto provoca más compasión con unos que con  otros.

Por ello, una señora de la clase media bogotana se conmueve con el relato de Ingrid Betancur, de Alan Jara pero no con las ejecuciones extrajudiciales. Ese concepto de mentira institucionalizada nos revela mucha, y se relaciona con esas porciones de relatos como verdad imperecedera.

Algo que generan los informes de memoria histórica, sin proponérselo, es que han puesto la luz sobre ciertos hechos y oscurecen otras narrativas.  Yo tengo un pronóstico triste: creo que acá puede pasar lo que ocurrió en Chile, una vez terminaron los informes de memoria, esas voces persistentes de las víctimas se convirtieron en voces molestas, impertinentes. (Los chilenos pensaban pero sí ya se les hizo un documental, ya se les publicó un libro).

Es como pasar la página sin terminar de leer el libro. Ese pasar la página es problemático, es como: ¡ya está!, ya hicimos la tarea aunque el informe lo que indique es que la situación está tremendamente complicada.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en las audiencias hacer del conflicto armado, armado, el desplazamiento, la desaparición forzada, el secuestro un espectáculo?

JPA:  No es conveniente para la salud mental de nadie. Por ejemplo, estos escenarios de pedir perdón de los paramilitares no son emocionalmente favorables porque se cumple un requisito de la Ley de Justicia y Paz pero no es benéficoEn las audiencias el lugar de enunciación del victimario fue privilegiado y no el de la víctima, entonces se invierten los procesos.

En Argentina, en cambio, las víctimas son las que hablan y el tiempo para los “victimarios” es más corto. La estructura misma de la Ley de Justicia y Paz privilegia al victimario.

FSJ: ¿Qué efecto tiene en la persona que ha sido víctima y/o testigo de violencia ser representada como sujeto pasivo al recibir ayuda del gobierno y como sujeto activo, cuando exige y demanda del Estado algo?

JPA: Las políticas del reconocimiento implican que si eres reconocido como pobre puedes aplicar por subsidios para casas, si eres pobre y pilo puedes aplicar para becas universitarias.

Las políticas de reconocimiento promueven un lugar de enunciación incómodo para el resto de la sociedad, pero las víctimas son más que su lugar de enunciación. Una víctima puede recibir dinero un día por concepto de reparación y al otro día, ser un sujeto activo que se moviliza al igual que cualquiera de nosotros.

Los seres humanos somos más que ese lugar donde nos puso la guerra. Una manera de quebrar esas narrativas, es enunciar las víctimas más allá del sufrimiento porque son personas que hacen más cosas, son universitarios, trabajadores, etc.

FSJ: ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de las imágenes fijas, auditivas, visuales y escritas, de desaparecidos, desplazados, torturados, repetidas por los medios de comunicación?

JPA:  En mis clases de psicología comprendí que el desencanto de los estudiantes con la violencia y el conflicto armado obedecía al cansancio y agotamiento frente a estos temas.

Comprendí que ese desencanto de mis estudiantes era el reflejo de su aversión a los impactos de la guerra. Ellos me dijeron que no es que no les importara sino que estaba relacionado con una condición de exacerbación mediática de los temas lo cual ha generado un distanciamiento.

El impacto psicológico es un síntoma social, un trauma social. Un  síntoma social sería una cierta aversión, negación y toma de distancia frente a estos temas porque no queremos acercarnos a ellos, queremos ver la Selección Colombia, a la gente ganando y no la guerra.

Otra consecuencia fue el impacto psicosocial del asesinato de candidatos políticos en los años 90. ¿Por qué las nuevas generaciones no somos capaces de llegar a algo más pleno? Porque asociamos la política con el dolor y el sufrimiento y es difícil que esta generación se lance a la política, asociada con la muerte.

FSJ: ¿La forma en que los medios representan la violencia obstaculiza o retrasa el proceso de superación de la condición victimizante por parte de las personas?

JPA: Creo no tienen el poder de retrasar o empujar, pero sí tienen un deber ético de crear escenarios para que la sociedad se relacione en términos de escucha. Esto es posible utilizando otros sonidos, otras voces y cambiando el espectro auditivo para que no resuene con lo mismo.

Los medios de comunicación son recurrentes en el desencanto y fijación de los mismos sonidos. Por eso necesitas escuchar otro tipo de enunciación de voces, que nos hablen de la violencia de otra manera que nos permitan salir del embotamiento en que hemos caído con esa reiteración de sonidos e imágenes, para eso está la literatura el cine, es buscar otros lugares de enunciación, ver otra cosa.

FSJ: ¿Qué impacto tiene en la salud mental de los colombianos el discurso de la impotencia construido por los medios de comunicación para representar a las víctimas?

JPA:  Primero, habilita un tipo de ideas sobre las  víctimas relacionadas con un ser humano desprovisto de agencia y de condiciones económicas favorables, de asociación de las víctimas con el pobre y el pobrecito.

Esto hace que, como sociedad, la narrativa de víctima que se ha instalado es la de alguien que solamente sufre, pero quienes los conocemos sabemos que son seres “con agencia” no son solo seres sufrientes y mares de lágrimas, sino capaces de movilizarse social y políticamente, y que también algunos pueden ser pusilánimes y mediocres.

FSJ: ¿Cómo informar sobre  hechos violentos sin recurrir al efectismo, al horror y el miedo en las noticias?

JPA: Reconociendo en las experiencias de violencia no solamente el daño ni el hecho violento sino al sujeto que vivió el daño porque caes fácilmente en narrar la tortura. Narrar desde la tortura y no hablar del sujeto torturado, que resistió, se enfrentó con dignidad, se entregó que son actos que nos permiten reconocer el sujeto no es solo la tortura sino que se convierte en ese hecho que narra porque le preguntamos solo por eso.

Lo mismo pasa con los combatientes y ex combatientes. Si les preguntas  a los niños excombatientes por un solo tema hablará solo de eso. Pero el sujeto es más que esas narrativas de efectividad del daño.

Hay una relación entre dos, entre el que enuncia y el que pregunta, que puede ser el periodista, el psicólogo, el investigador, el abogado. Debemos reconocer que hay dos sujetos: el que pregunta y escucha y el que habla y enuncia; además, promover una escucha ética, no de subalternización del otro.